Declaración De Fe De Los Cristadelfianos

O Las Doctrinas Que
Forman Nuestra Base de Hermandad

(Nota)
  1. Que el único Dios verdadero es el que se reveló a Abraham, Isaac, y Jacob por medio de visitas angélicas y por visión, y a Moisés en la zarza ardiente (que no se consumía) y en el Sinaí, y que se manifestó a sí mismo en el Señor Jesucristo como la suprema Deidad auto-existente, el ÚNICO PADRE, que mora en luz inaccesible, pero que está presente en todas partes por medio de su Espíritu, el cual es una unidad con su persona en el cielo. Utilizando su propia energía inderivada, ha creado el cielo y la tierra, y todo lo que está en ellos. (Deuteronomio 6:1-4; 1 Reyes 8:30-39, 43-49; 1 Crónicas 29:11-14; 2 Crónicas 16:9; Nehemías 9:6; Job 9:4; 26:13; 28:24; 34:21; 36:5; Job 38, 39, 40; Salmos 33:13, 14; 44:21; 62:11; 92:5; 94:9; 104:24; 123:1; 124:8; 139:7-11; 145:3; 146:6; 147:4, 5; 148:5; Proverbios 15:3; Isaías 26:4; 28:29; 40:13-27; 43:10-12; 44:6-8; 45:5; 46:9, 10; Jeremías 10:12, 13; 23:24; 27:5; 32:17-19; 51:15; Amós 9:2, 2; Mateo 6:9; Marcos 12:29-32; Hechos 14:15; 17:24-28; Romanos 16:27; 1 Corintios 8:4-6; Efesios 4:6; 1 Timoteo 1:17; 2:5; 6:15, 16).
  2. Que Jesús de Nazaret era el hijo de Dios, engendrado de la virgen María por el Espíritu Santo, sin intervención de hombre, y después ungido en su bautismo con el mismo espíritu, sin medida (Isaías 7:14; 11:2; 42:1; 49:1; Mateo 1:18-25; 3:16-17; Lucas 1:26-35; Juan 3:34; 7:16; 8:26-28; 14:10-24; Hechos 2:22, 24, 36; Gálatas 4:4; 1 Timoteo 3:16).
  3. Que la aparición de Jesús de Nazaret en la tierra era necesaria debido a la situación y estado a la cual había llegado la raza humana por las circunstancias relacionadas con el primer hombre (Génesis 3:19; Romanos 5:12-19; 1 Corintios 15:21, 22; 2 Corintios 5:19-21).
  4. Que el primer hombre fue Adán, al cual Dios creó del polvo de la tierra como un ser viviente, o cuerpo de vida natural, "muy bueno" en género y condición, y lo puso bajo una ley en la cual la continuidad de la vida dependía de la obediencia (Génesis 2:7, 17; 18:27; Job 4:19; 33:6; 1 Corintios 15:46-49).
  5. Que Adán infringió esta ley, y fue considerado indigno de recibir la inmortalidad, y sentenciado a volver al polvo de donde fue sacado – una sentencia que efectivamente lo contaminó y se convirtió en una ley física de su vida, y fue transmitida a toda su posteridad (Génesis 3:15-19, 22, 23; Job 14:4; Salmos 51:5; Juan 3:6; Romanos 5:12; 6:12; 7:18-24; 1 Corintios 15:22; 2 Corintios 1:9; 5:2-4; Gálatas 5:16, 17).
  6. Que Dios, en su bondad, concibió un plan de restauración que, sin dejar de lado su justa y necesaria ley acerca del pecado y la muerte, finalmente rescataría a los obedientes de la raza de la destrucción, y poblaría la tierra con seres inmortales y sin pecado (Juan 1:29; 3:16; Romanos 3:26; 2 Timoteo 1:1, 10; Tito 1:2; 1 Juan 2:25; Apocalipsis 21:4).
  7. Que él inauguró este plan haciendo promesas a Adán, Abraham, y David, las que posteriormente desarrolló con más detalles por medio de los profetas (Génesis 3:15; 22:18; Salmos 89:34-37; 33:5; Isaías 25:7-9; 51:1-8; Jeremías 23:5; Oseas 13:14).
  8. Que estas promesas hacían referencia a Jesucristo, quien había de ser levantado de la raza condenada de Adán dentro del linaje de Abraham y David, y quien, aunque poseía la naturaleza condenada de ellos, había de obtener derecho a la resurrección por la obediencia perfecta, y, al morir, había de abrogar la ley de condenación para sí mismo y para todos los que creyeran y le obedecieran (Salmos 2:6-9; Jeremías 23:5; Daniel 7:13, 14; Zacarías 14:9; Mateo 25:21; Marcos 16:16; Juan 5:21-27; 14:3; Hechos 13:34-39; Romanos 1:3; 3:22; 5:19-21; 6:9, 10; 8:3, 4; 1 Corintios 15:45; Gálatas 1:4; 4:4, 5; Efesios 1:9, 10; Hebreos 1:9; 2:14-17; 5:3-9; 7:27; 9:26; Apocalipsis 1:18; 2:7; 3:21; 11:15).
  9. Que esta misión necesitaba que Cristo fuese engendrado milagrosamente en una virgen descendiente de Adán, capacitándolo para llevar nuestra condenación, y, al mismo tiempo, llevarla sin pecado, y, por lo tanto, uno que pudo resucitar después de sufrir la muerte requerida por la justicia de Dios; destruyendo de este modo en su propia naturaleza mortal aquello que tiene el poder de la muerte, lo cual es el diablo; y finalmente destruirá al diablo, o sea, al pecado en la carne, en todas sus formas de manifestación (Isaías 7:14; Mateo1:18-25; Lucas 1:26-35; Romanos 1:3, 4; 8:3; 2 Corintios 5:21; Gálatas 4:3, 4; Hebreos 2:17; 4:15).
  10. Que habiendo sido engendrado así por Dios, quien moró en él y dispuso de él por medio de la presencia del Espíritu Santo en su interior, Jesús fue Emanuel, Dios con nosotros, Dios manifestado en la carne – no obstante fue, durante su vida natural, de naturaleza semejante a la del hombre mortal, siendo hecho de mujer, de la casa y linaje de David, y, por lo tanto, una víctima, en los días de su carne, de todos los efectos que surgieron por la transgresión de Adán, incluyendo la muerte que aconteció a todos los hombres, la que él compartió al tomar parte de la naturaleza física de ellos (Mateo 1:23; Gálatas 4:4;1 Timoteo 3:16; Hebreos 2:14, 17).
  11. Que el mensaje que él entregó de parte de Dios a sus congéneres, los judíos, fue un llamado al arrepentimiento de toda obra mala, la afirmación de su filiación divina y de su monarquía sobre los judíos; y la proclamación de las alegres nuevas de que Dios restauraría su reino por medio de él, y cumpliría todo lo escrito por los profetas (Mateo 4:17; 5:17, 20-48; 19:28; 21:42, 43; 23:38, 39; 25:14-46; 27:11-42; Marcos 1:15; Lucas 4:43; 13:27-30; 19:11-27; 22:28-30; 24:44; Juan 1:49; 9:35-37; 10:24, 25, 36; 11:27; 19:21).
  12. Que por entregar este mensaje, los judíos y los romanos le dieron muerte; sin embargo, estos fueron tan sólo instrumentos en las manos de Dios para hacer aquello que él había determinado de antemano que se hiciera, a saber, la condenación del pecado en la carne por medio del ofrecimiento del cuerpo de Jesús de una vez para siempre, como una propiciación para declarar la justicia de Dios como base para la remisión de pecados. Todos los que se acercan a Dios por medio de este crucificado, pero resucitado representante de la desobediente raza de Adán, son perdonados. Por lo tanto, por figura, su sangre nos limpia del pecado (Mateo 26:28; Lucas 19:47; 22:20; 23:26-48; 24:26, 46, 47; Juan 11:45-53; 14:6; Hechos 4:12; 10:38, 39; 13:26-29, 38; Romanos 3:25; 8:3; 15:8; Gálatas 1:4; 2:21; 3:21, 22; 4:4, 5; Hebreos 7:27; 9:14, 15, 26-28; 10:10; 1 Pedro 2:24; 3:18; 1 Juan 1:7).
  13. Que al tercer día, Dios lo levantó de entre los muertos, y lo exaltó hasta los cielos como mediador sacerdotal entre Dios y el hombre, en el proceso de juntar de entre ellos un pueblo que se salvaría por la creencia y obediencia a la verdad (Hechos 2:24-27; 10:40; 13:30-37; 1 Corintios 15:4).
  14. Que Jesucristo es un sacerdote para su propia casa únicamente, y no intercede por el mundo, o por ministros religiosos que se han abandonado a la desobediencia. Que él hace intercesión por sus hermanos descarriados, si confiesan y abandonan sus pecados (Proverbios 28:13; Lucas 24:51; Juan 17:9; Hechos 5:31; 15:14; Efesios 1:20; 1 Timoteo 2:5; Hebreos 4:14-15; 8:1; 10:26; 1 Juan 2:1, 2).
  15. Que él envió apóstoles a proclamar la salvación por su intermedio, como el único nombre dado bajo el cielo por el cual los hombres pueden ser salvos. (Mateo 28:19, 20; Lucas 24:46-48; Hechos 1:8; 4:12; 26:16-18).
  16. Que el camino para obtener esta salvación es creer en el evangelio que ellos predicaron, y tomar sobre sí el nombre y servicio de Cristo por medio de bautizarse por inmersión en agua, y perseverando en la observancia de todo lo que ha mandado, no reconociendo a ninguno como amigo suyo excepto al que haga lo que él ha mandado (Mateo 28:20; Marcos 16:16; Juan 15:14; Hechos 2:38-41; 8:12; 10:47; 13:48; 16:31; Romanos 1:16; 2:7; 6:3-5; Gálatas 3:27-29).
  17. Que el evangelio consiste en las cosas que tienen que ver con el "reino de Dios y el nombre de Jesucristo" (Hechos 8:12; 19:8, 10, 20; 28:30, 31).
  18. Que las cosas del reino de Dios son los hechos y verdades testificadas referente a este reino en los escritos de los profetas y apóstoles, los cuales se definen en los doce párrafos siguientes.
  19. Que Dios establecerá un reino en la tierra, el cual derrocará a todos los demás, y los transformará en "el reino de nuestro Señor y de su Cristo" (Daniel 2:44; 7:13, 14; Isaías 11:9, 10; 32:1, 16; Apocalipsis 11:15).
  20. Que para este propósito Dios enviará a Jesucristo personalmente a la tierra al término del tiempo de los gentiles (Salmos 102:16, 21; Daniel 7:13, 14; Hechos 1:9, 11; 3:20-21; 2 Timoteo 4:1).
  21. Que el reino que él establecerá será el reino de Israel restaurado, en el territorio que ocupó anteriormente, a saber, la tierra legada como una posesión perpetua a Abraham y a su simiente (el Cristo) por convenio (Génesis 22:14, 17; Levítico 26:42; Jeremías 23:3-8; Ezequiel 37:21, 22; Amós 9:11, 15; Miqueas 4:6-8; 7:20; Gálatas 3:16; Hebreos 11:8, 9).
  22. Que esta restauración del reino a Israel implicará el recogimiento de la escogida, aunque dispersa, nación de Dios, los judíos; su reintegración en la tierra de sus padres, cuando sea regenerada de "la desolación de muchas generaciones"; la reconstrucción de Jerusalén para que llegue a ser "el trono de Jehová" y la metrópoli de toda la tierra (Isaías 11:12; 24:23; 51:3; 60:15; 62:4; Jeremías 3:17; 31:10; Ezequiel 36:34-36; Miqueas 4:7, 8: Joel 3:17; Zacarías 8:8).
  23. Que el cuerpo gobernante del reino así establecido serán los hermanos de Cristo, de todas las generaciones, desarrollados por la resurrección y transformación, y constituyendo con Cristo como su cabeza, la colectiva "simiente de Abraham", en quien serán benditas todas las naciones, incluyendo a "Abraham, Isaac, Jacob, y todos los profetas"; y a todos los de similar fidelidad de su época (Daniel 12:2; Mateo 25:34; Lucas 13:28; 14:14; Juan 5:28, 29; 6:39, 40; 1 Tesalonicenses 4:15, 17; Apocalipsis 11:18).
  24. Que se establecerá una ley, la cual será enviada a las naciones para su "instrucción en justicia", lo que dará como resultado la abolición de la guerra hasta en los confines de la tierra; y "la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová como las aguas cubren el mar" (Isaías 2:4; 11:2-5; 42:4; Miqueas 4:2; Habacuc 2:14).
  25. Que a la venida de Cristo, antes del establecimiento del reino, los responsables (o sea, los fieles y los infieles), muertos y vivos de ambas clases, serán convocados a comparecer ante su tribunal "para ser juzgados según sus obras", y cada uno "reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo" (Romanos 2:5, 6, 16; 14:10-12; 1 Corintios 4:5; 2 Corintios 5:10; 2 Timoteo 4:1; Apocalipsis 11:18).
  26. Que los infieles serán consignados a vergüenza y a "la muerte segunda", y los fieles, investidos con inmortalidad, y exaltados a reinar con Jesús como coherederos del reino, co-poseedores de la tierra, y co-administradores de la autoridad de Dios entre los hombres en todo (Salmos 37:9, 22, 29-38; 49:7, 9; Proverbios 10:25-30; Daniel 7:27; 12:2; Malaquías 4:1; Mateo 5:5; 7:26; 8:12; 25:21; Lucas 22:29, 30; Juan 10:28; Romanos 2:7; 1 Corintios 15:51-55; 2 Corintios 5:1-4; Gálatas 5:21; 6:8; 1 Tesalonicenses 2:12; 2 Tesalonicenses 1:8; 2 Timoteo 2:12: Santiago 1:12; Hebreos 10:26-31; 2 Pedro 1:11; 2:9; Apocalipsis 3:21; 5:9, 10; 21:8).
  27. Que el reino de Dios, así constituido, continuará por mil años, durante el cual el pecado y la muerte continuarán entre los súbditos habitantes de la tierra, aunque en un grado mucho menor que en el presente (Isaías 65:20; 1 Corintios 15:24-28; Apocalipsis 20:7-9, 11:15).
  28. Que la misión del reino será subyugar a todos los enemigos, y finalmente a la muerte misma, dejando abierto el camino de vida para las naciones, las que entrarán por fe, durante los mil años, y (en realidad) a su término (Isaías 25:6-8; 1 Corintios 15:24-26; Apocalipsis 20:12-15; 21:4).
  29. Que al término de los mil años habrá una extinción final de los inicuos, y la inmortalización de aquellos que hayan establecido su derecho (bajo la gracia de Dios) a la vida eterna durante los mil años.
  30. Que entonces Jesús entregará el gobierno (en su aspecto de mediación) al Padre, quien se manifestará como el "todo en todos"; y el pecado y la muerte habrán sido eliminados, y los obedientes de la raza serán completamente restaurados a la amistad de la Deidad (1 Corintios 15:28).
  31. Que las Escrituras, que componen el libro que comúnmente se conoce como la Biblia, son la única fuente de conocimiento referente a Dios y a sus propósitos que existe en la actualidad, y que fueron dadas íntegramente por la infalible inspiración de Dios a los escritores, y que los posibles errores que han surgido desde entonces se han originado en la transcripción o en la traducción (Nehemías 9:30; Lucas 1:70; Juan 10:35; 1 Corintios 2:13; 14:37; 2 Timoteo 3:16; Hebreos 1:1; 2 Pedro 1:21).
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