La Llave Para Entender la Biblia

Capítulo 16
Lo Que En Verdad
Enseña La Biblia
LA NATURALEZA DEL HOMBRE -- NO HAY UNA INMORTALIDAD INHERENTE -- LA NECESIDAD DE SALVACION DE LA MUERTE. EL CONVENIO EN EDEN -- LA SIMIENTE DE LA SERPIENTE -- LA SIMIENTE DE LA MUJER -- EL DIABLO Y SATANAS -- EL INFIERNO -- LOS CONVENIOS CON ABRAHAM Y DAVID -- RELACION DE LOS CONVENIOS CON EL REINO DE DIOS. EL REINO DE LOS HOMBRES Y EL REINO DE DIOS -- EL TIEMPO DEL REINO SE ACERCA -- EL SIONISMO, UNA SEÑAL. ¿QUÉ REQUIERE DIOS DEL HOMBRE?

Así como la gloria primitiva de las antiguas ciudades del pasado ha quedado cubierta por la basura de siglos hasta el grado en que su forma original se ha distorsionado o quedado totalmente oculta, así también ocurre con el antiguo cristianismo. La belleza y sencillez original del evangelio de Jesús y sus discípulos pescadores han quedado enterradas debajo de complicados rituales y ceremonias, los cuales a menudo fueron transferidos de ritos paganos.

Las "épocas de oscurantismo" efectivamente enterraron por siglos todo el conocimiento bíblico; sacerdotes supersticiosos perpetuaron la adoración de imágenes y reliquias, de manera que el cristianismo quedó tan efectivamente enterrado como las ciudades de Asiria y Babilonia.

La obra de la reforma, seguida después por la Revolución Francesa, dio como resultado el establecimiento de la libertad democrática de pensamiento y de culto religioso, y facilitó la lectura y estudio de la Biblia entre la gente común. De modo que aunque esta libertad produjo una multiplicidad de sectas religiosas, que Roma tanto deploró, también dio como resultado un aumento del conocimiento bíblico.

Pero este destape de las riquezas de sabiduría y entendimiento sólo ha sido parcial, según hemos tratado de mostrar. Y tal como una excavación parcial que revela sólo una parte de la ciudad escondida, sus hallazgos han sido una mezcla de verdad y error.

El liberalismo de la Iglesia de Inglaterra está muy por delante de la oscuridad y servidumbre papales; pero no lo suficiente. Hay otras consideraciones que desaniman la completa libertad de búsqueda e investigación. Los hombres podrían encontrar que los palacios episcopales para obispos, "beneficios" y "llamamientos" para otros, eran todos una imposición inicua. Suficiente se ha excavado según el parecer del clero; suficiente para disculparlos si abandonan a Roma, pero se desanima a los laicos a que continúen investigando y excavando, no sea que el resultado haga que también estos los abandonen. De modo que ellos guardan celosamente esta reserva de la exposición bíblica, que ellos considerar peculiarmente suya, afirmando que el nivel de instrucción y la erudición son vitalmente necesarios para un correcto entendimiento de la exposición bíblica.

UN TESORO ESCONDIDO

Sin embargo, algunos que no se han dejado amilanar por su erudita oposición y desanimante desaprobación, han ido directamente a la única fuente de conocimiento de Dios y han cavado ahí en busca del tesoro escondido. Lo que han hallado está extrañamente en desacuerdo con los hallazgos de estos arqueólogos eclesiásticos. En compañía de otros hemos estado en esta enterrada ciudad de la Verdad bíblica, y hemos sido tan atrevidos como para tomar picota y pala para descubrir lo que la Iglesia ha dejado aún sin descubrir o ha cubierto de nuevo, no sea que otras puedan hallarlo. Nosotros vamos a poner delante de usted las grandes cosas que hemos hallado, para que usted también pueda examinarlas. Esto es muy importante porque usted habrá visto la necedad ya impuesta por los concilios y decretos de la Iglesia, sin el respaldo de evidencias bíblicas. Vamos a ir al sitio mismo para mostrarle las pruebas. El veredicto lo dejamos a usted.

El mundo pagano fue revolucionado y trastornado en los primeros días del cristianismo por "hombres sin letras y del vulgo". Fueron los eruditos quienes lo llevaron de vuelta a la servidumbre y oscuridad, a menudo para su propio provecho. Verdaderos cristianos que viven en esta era moderna, también iletrados en la enseñanza de escuelas y seminarios, pero expertos por la mucha lectura y estudio en la sabiduría que es de lo alto, se proponen poner en evidencia la necedad de los eruditos y de sus tradiciones, las que han dejado sin efecto la palabra de Dios.

Este tema--la verdadera enseñanza de la Biblia--es una sobre la cual podríamos escribir extensamente. Pero recordamos que escribimos para los lectores modernos, y los lectores modernos, por más que lo deploremos, no toleran libros extensos. En la esperanza de que este presente esfuerzo pueda animarle a una nueva y más completa lectura referente a las doctrinas bíblicas, tendremos presente su predisposición y seremos tan breves como lo permita la claridad.

EL TEMA DE LA BIBLIA

El tema de la Biblia es grandioso y majestuoso. Es una revelación al hombre de los atributos y propósitos de Dios. Esta es su singularidad, porque no se puede encontrar ninguna otra fuente de este conocimiento en toda la literatura del mundo. Ni siquiera las evidencias de un supremo diseñador que se hallan en el mundo de la naturaleza para testificar de los atributos de la gran "primera causa", revelan el propósito final de lo diseñado. Es sólo en la Biblia que el Creador y Sostenedor del universo proclama que él "ordenó" la tierra en todas sus múltiples riquezas y prodigios como una habitación para el hombre.

"Los cielos son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres" (Salmos 11:16).

"Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó" (Isaías 45:18).

"Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas" (Apocalipsis 4:11).

Pero incluso este mundo de belleza y prodigio no había de ser el estado final. En el debido tiempo y en el debido proceso del tiempo, la tierra ha de "ser llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar"; el desierto "florecerá como la rosa", el "leopardo con el cabrito se acostará", "no alzará espada nación contra nación", y finalmente "el postrer enemigo que será destruido es la muerte". Aunque la Iglesia ha decretado que en algún tiempo futuro la tierra proveerá combustible para una enorme fogata, Dios ha declarado todo lo contrario.

Ahora bien, este complejo mundo viviente no fue creado como un orden estático de cosas. El arreglo de Dios permitió al hombre una libertad de elección entre obedecerle y servirle y desobedecerle e ignorarlo. Cuando Adán, en el ejercicio de su libre albedrío, trajo el mal a lo bueno, y por medio de la desobediencia trajo la muerte, Dios le presentó un plan divino por el cual podría ascender a la divina naturaleza de la incorruptibilidad.

"Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron" (Romanos 5:12).

"Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados" (1 Corintios 15:21-22).

"Esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que se a semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas" (Filipenses 3:20-21).

Es el conocimiento de este plan divino y la esperanza de llegar a ser partícipes del mismo, lo que constituye la perla de gran precio por la cual el hombre venderá todo lo que tiene, y la comprará (Mateo 13:46).

NUESTRA BUSQUEDA DE DIOS

En nuestra búsqueda del consejo total de Dios no podemos--no debemos--pasar por alto ninguna porción como si fuera innecesaria o redundante, mítica o legendaria. Qué imprudente sería el arqueólogo si pasara por alto algún estrato y su evidencia, positiva o negativa. Por lo tanto, la palabra de Dios es una guía totalmente infalible: única en su origen; sola en su proclamación de "lo por venir desde el principio". Creemos en Génesis 1 así como creemos en Apocalipsis 22, y ponemos por testigo a toda la Escritura en nuestra búsqueda de un conocimiento acerca de Dios y de su propósito para con el hombre.

"¿Descubrirás tú los secretos de Dios?" Esta es la pregunta que Zofar hizo a Job, y en cierta medida la hemos contestado. En el reino de la naturaleza encontramos su poder: "Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra", pero no podemos encontrar a Dios. En el mundo de la filosofía humana encontramos especulación, pero no podemos encontrar a Dios. En la Biblia él se revela a sí mismo: "El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo", "La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples". Es de suma importancia que conozcamos este testimonio y ganemos entendimiento de él, porque es Jesús quien dice: "Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3). No se requiere ahondar mucho en los testimonios de Dios para encontrar muchas declaraciones referente a él, pero incluso así encontramos que los cristianos modernos, como los atenienses de la antigüedad, le adoraban sin conocerlo, y como los fariseos habían dejado sin efecto la palabra de Dios debido a sus tradiciones. Porque Dios ha declarado de sí mismo:

"Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (Deuteronomio 6:4).

Ni hay ninguna variación o añadidura a este testimonio de sí mismo en toda su revelación al hombre. Siglos después el profeta Isaías fue inspirado a escribir:

"Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí" (Isaías 45:5).

Y así creía y adoraba Israel. Y cuando el sucesivo dominio de Babilonia, Medo-Persia, y Grecia cedieron ante el de Roma, encontramos que Jesús proclamó a sus compatriotas: "Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es" (Marcos 12:29). En ninguna ocasión durante su ministerio él testifica de manera diferente. Además, su testimonio es claro y enfático en establecer la relación entre él y Dios. Esta relación fue enunciada por el ángel a María en las siguientes palabras: "Será llamado Hijo del Altísimo" (Lucas 1:32), y repetida por Cristo mismo cuando dijo: "Hijo de Dios soy" (Juan 10:36); y cuando Pedro testificó--en respuesta a la pregunta, "Y vosotros, ¿quién decís que yo soy"--"Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Jesús replicó: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos" (Mateo 16:17). Es apropiado y pertinente preguntar por qué esa iglesia que se supone está fundada sobre Pedro se proclama de manera diferente. Si esta misma pregunta se hiciera a un católico romano, ¿respondería él como lo hizo Pedro, o más bien proclamaría: 'Tú eres el Cristo, Dios el Hijo'? En realidad, él tendría que contestar así, de otro modo sería "sin duda eternamente condenado" por su iglesia.

EL PADRE Y EL HIJO

Jesús nació para que pudiera "dar testimonio de la verdad", y ese testimonio incluye una definición de su relación con Dios--una relación que se halla en nuestro entendimiento común del término "padre" y el término "hijo". El término "hijo" implica un principio--un período de inexistencia literal (aunque no necesariamente de intención). De manera que "el nacimiento de Jesucristo fue así [...]: El Espíritu Santo vendrá sobre ti [María], y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios" (Mateo 1:18--Lucas 1:35). Antes de su nacimiento, Jesús no existía excepto en la mente del Padre. Cuando leemos en Génesis 1:26 las palabras: "Hagamos al hombre a nuestra imagen", no estamos leyendo la declaración de dos dioses iguales, ni siquiera de tres, sino, como mostraremos más adelante, de una multitud de poderosos. Será más conveniente tratar más adelante con los pasajes del Nuevo Testamento que a veces citan aquellos que sostienen la doctrina de la preexistencia de Cristo, y continuar ahora con aquellas palabras de Jesús que establecieron su posición como el Hijo--el Hijo amado--el único amado Hijo de Dios, y refutar aquello que está implicado en el apelativo "Dios el Hijo". Jesús dijo:

"No puedo yo hacer nada por mí mismo" (Juan 5:30). "El Padre mayor es que yo" (Juan 14:28). "El Padre que me envió" (Juan 12:49). "Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios" (Juan 20:17).

Aquí no hay ninguna pretensión de igualdad de poder, tal como en las declaraciones anteriores no había ninguna pretensión de igualdad de existencia.

¿Sostenemos entonces como afirman algunos de que Cristo era tal como somos nosotros? Al contrario, nos gustaría señalar el relato acerca de cómo fue su nacimiento, en prueba de que hay una diferencia. Nosotros nacemos de la voluntad de la carne y de u padre terrenal; él nació de la voluntad de Dios y por obra del poder de Dios. Aunque pudo ser "tentado en todo según nuestra semejanza", fue hallado "sin pecado". Esto no puede decirse de ninguno de nosotros, porque Juan escribe: "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros" (1 Juan 1:8). En Cristo se halló a uno cuyo carácter era divino, porque "no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca", y era "santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores" (Hebreos 7:26).

Como Hijo amado de carácter perfecto, él pudo decir: ""Yo y el Padre uno somos" (Juan 10:30). Pero esta "unidad" se dijo en perspectiva de los discípulos. Jesús oró para que "todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros" (Juan 17:21). Nunca se habló de coigualdad, o coeternidad, según muestran los testimonios recién citados. Si se afirma que la unidad de Cristo y el Padre implica coigualdad y coeternidad, lo mismo debe concederse a los discípulos.

¿Y cómo entendían y predicaban los apóstoles acerca del "único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3). Ciertamente Pedro no podría respaldar la doctrina trinitaria porque dice: "Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios [...], al cual Dios levantó" (Hechos 2:22-24). Pablo predicó: "Pues aunque haya algunos que se llamen dioses [...], para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él" (1 Corintios 8:6).

Y, además:

"Un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos" (Efesios 4:5-6).

Y por lo tanto:

"Luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos" (1 Corintios 15:28).

LA TRINIDAD NO ES UNA DOCTRINA BIBLICA

Si existiera alguna referencia o enunciación de la doctrina de la Trinidad--que tiene tan extensa aceptación en la cristiandad hoy en día--debemos buscar en otra fuente, porque en la Biblia no aparece. Incluso los trinitarios admiten esto.

"Debe reconocerse que formalmente no hay semejante proposición como esta, que uno y el mismo Dios consiste en tres personas diferentes, y que pueda hallarse en los Sagrados Escritos, ya sea del Antiguo o del Nuevo Testamento; ni se pretende que haya alguna palabra del mismo significado o importancia que la palabra Trinidad que se use en la Escritura en relación con Dios" (Dr. South, "Considerations on the Trinity" [Consideraciones Acerca de la Trinidad], pág. 38).

Si ahondamos en las creencias religiosas de Egipto, ciertamente podemos hallar trinidades de dioses; los vedas de la India afirman que Agni, Indra, y Surya son tres dioses, los cuales, sin embargo, son un solo dios. El filósofo griego, Platón, "previó maravillosamente uno de los más sorprendentes descubrimientos de la revelación cristiana" (Gibbon, "Decline and Fall" [Decadencia y Caída], y "San Agustín confiesa que él estaba en ignorancia acerca de la Trinidad hasta que leyó algunos escritos de Platón que la providencia de "Dios puso en su camino" ("Collected Charges" [Conjunto de Cargos], pág. 130). En verdad fue providencial para los trinitarios del siglo IV que cuatro siglos antes de Cristo un filósofo griego haya propuesto una doctrina trinitaria, pero la Biblia no la enseña.

Considere también la "historia" de la Trinidad. Pasa el primer siglo y no se hay mención de ella. En el siglo II Teófilo incorpora la palabra Trinidad, año 169 de nuestra era; pero él no la aplicó a Dios, ni a Jesucristo, ni al Espíritu Santo, sino a los atributos de Dios. Ni Tertuliano (año 192 de nuestra era), ni Clemente (año 215 de nuestra era), ni Orígenes (año 230 de nuestra era), era trinitarios. Orígenes escribe: " Sólo el Padre es Dios, y mayor que el que fue enviado" Al llegar al siglo IV, las doctrinas trinitarias estaban en ascenso, y para oponerse a Arrio (presbítero de una iglesia de Alejandría, año 320 de nuestra era), quien atacaba estas doctrinas, Constantino convocó el Concilio de Nicea. Ahí, no sin mucha disputa y sólo por mayoría de un voto, se formuló el núcleo del famoso Credo de Nicea. Pero el Concilio de Nicea mencionaba al Espíritu Santo sólo en términos generales, sin declarar ninguna relación con Dios ni exigir ninguna debida adoración, de manera que el Concilio de Constantinopla (año 381 de nuestra era), y después, el Concilio de Toledo (año 589 de nuestra era) suplieron estas "deficiencias" y exigieron la creencia en el Espíritu Santo, "el cual es adorado y glorificado junto con el Padre y el Hijo". Le pedimos a usted que juzgue si esta doctrina, si hubiese sido una doctrina bíblica, ¿habría demorado casi seis siglos en desarrollarse?

Esta refutación de la Trinidad como doctrina bíblica no ha sido una digresión ociosa. Su aceptación anula el plan y propósito de Dios, un aspecto del cual se expresa en la declaración de Pablo: "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo" (Hebreos 2:14). Si Cristo fuera "verdadero Dios"--consubstancial con el Padre--¿cómo podría verdaderamente morir? No obstante, esto era esencial a fin de que pudiera destruir a la muerte--el triunfo máximo en el plan de Dios. ¿Cómo podría ser tentado en todo según nuestra semejanza? No obstante, esto también era necesario, porque sólo por una verdadera victoria sobre una tentación real podría él manifestar su perfecta obediencia al Padre, ser hallado sin pecado, y de este modo destruir en sí mismo aquello que tenía el poder de la muerte eterna. En vista de que él no pecó, "la muerte no podía retenerlo".

"EL MISTERIO DE LA PIEDAD"

Este propósito de Dios--de destruir la muerte en la tierra--también está enunciado en la revelación de Dios acerca de sí mismo. El apóstol Pablo la llama el misterio de la piedad--"grande es el misterio de la piedad". Podría parecer una nueva doctrina para usted--no se halla en los dogmas de ninguno de los nombres y denominaciones de la cristiandad. No obstante, se halla en las Escrituras, y se ha revelado que nosotros podemos verdaderamente conocer "a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3).

Cuando Dios se reveló a sí mismo a Israel, lo hizo por medio de un "nombre memorial", el cual tenía un significado. Era un nombre por el cual sería conocido (Exodo 3:13-14) y era un nombre que indicaba un propósito. Dios dijo: "YO SOY EL QUE SOY" [o "Seré El Que Seré", según la Revised Version, en inglés], afirmando de ese modo que él se manifestaría en quien él quisiera. Una manifestación de Dios no era desconocida para Moisés ni para Israel. Moisés había presenciado en el desierto la zarza que ardía en llamas y que no se consumía, y había aprendido que estuvo ante la presencia de un ángel del Señor--uno de esos ángeles ministrantes que ejecutan "su palabra, obedeciendo a la voz de su precepto" (Salmos 103:20; 104:4). Estos son poseedores de la naturaleza divina o incorruptible, porque Jesús testifica que "no pueden ya más morir". En ellos Dios se ha complacido en manifestarse. Son poderosos, o "Elohim", y como tales obedecieron el mandato de Dios de preparar la tierra para el hombre. A estos se refieren las palabras, "Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios" (Job 38:7), cuando se colocaron los cimientos de la tierra, quienes dijeron: "Hagamos al hombre a nuestra imagen", y así "a imagen de Dios [los Elohim] lo creó" (Génesis 1:26, 27).

Se hará de inmediato evidente que estos no eran las manifestaciones de Dios predichas en el nombre memorial. Estos últimos habían de ser seleccionados de entre la raza de Adán, y fundamentalmente de la nación de Israel. No se nos ha dejado sin guía en esta materia. Pablo declara que Jesús era "el principio, el primogénito de entre los muertos" (Colosenses 1:18), y Jesús testifica de sí mismo después de su muerte y resurrección: "Yo soy [...] el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 1:18). A él le ha sido dada la naturaleza divina, incorruptible, e inmortal. Dios se ha manifestado en él--el primero entre los de la raza de Adán. Pero el propósito indicado en el nombre memorial aún no se ha completado. Está escrito: "Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida" (1 Corintios 15:23). Otros también recibirán este don de la inmortalidad. Dios concederá "vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad" (Romanos 2:7). Y de este modo serán manifestaciones de la Deidad. Estos están simbolizados en el Apocalipsis por 144.000 vírgenes "que fueron redimidos de entre los de la tierra" (cap. 14:3), quienes "ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos" (Apocalipsis 7:16-17). De modo que Dios será manifestado en quienes él quiera manifestarse, y así se cumplirá el propósito indicado en el nombre memorial.

¿EN CUÁL TEORIA CREE USTED?

Ya hemos declarado que creemos Génesis 1 así como creemos Apocalipsis 22. De este modo, al creer el relato de la creación creemos que el hombre fue el resultado de un acto preciso de creación y no de un proceso evolutivo. Sabemos que esto puede parecer tanto anticuado como anticientífico. Se nos puede tildar burlonamente de "fundamentalistas". Estamos preparados para que se nos llame así, porque tanto Jesús como Pablo fueron fundamentalistas. Jesús dijo: "¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?" (Mateo 19:4). ¿Dirán ahora nuestros amigos trinitarios, que afirman que Jesús es verdadero Dios, que él estaba equivocado? Pablo dijo: "Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente [...]. El primer hombre es de la tierra, terrenal" (1 Corintios 15:45-47). ¿Erró Pablo al testificar de esta manera del relato de Génesis, en el cual se declara que "Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente"? Antes de afirmar que él erró, hagamos una pregunta a aquellos que creen en la teoría de la evolución. ¿Cuál teoría de la evolución creen ustedes? Porque usted debe saber que hay muchas teorías. Quizás usted habrá oído que las hipótesis [no 'pruebas'] de Darwin acerca de la "selección natural" y "selección sexual" no son en realidad explicaciones en absoluto (Prof. MacBride--"Evolution", pág. 19), y por lo tanto recurren a una de las teorías más recientes. Tal vez usted ha oído de la "Teoría de la Mutación", del Dr. Vries, y que "hay objeciones insuperables con respecto a esta teoría" (ibid., pág. 25), y entonces usted puede seguir a Weismann, porque "popularmente se supone que la obra de Weissman es concluyente" (ibid., pág. 50). Pero la teoría de Weissman fue sometida a prueba experimental, con el siguiente resultado: "Por lo tanto, la teoría de Weissman falla en todos los puntos donde se le ha sometido a prueba experimental" (ibid., pág. 59). Sería posible extender considerablemente esta lista de teorías, pero estas son suficiente para justificar nuestra pregunta, "¿cuál teoría cree usted?"

SIETE PUNTOS FUNDAMENTALES DE LA EVOLUCION

¿Cuáles son, entonces, las bases para creer en esta teoría de la evolución, de tan extensa aceptación en el presente? Aunque realmente no es nuestro deber darlos a conocer--eso sin duda es la tarea de aquellos que sostienen esa teoría--no obstante, lo haremos muy brevemente a fin de comentarlos. La teoría se basa en siete puntos fundamentales, junto con alguna evidencia experimental y los hallazgos de la antropología. Presentaremos cada uno de los puntos fundamentales y entonces añadiremos un comentario de un eminente científico.

1. Anatomía Comparativa.- La naturaleza abunda en ejemplos de una progresión de formas de vida de lo simple a lo complejo. Se sostiene que estas ilustran un proceso de evolución que puede aplicarse a la evolución del hombre. Pero el difunto Profesor William Bateson, de la Universidad de Cambridge, dice: "Toda teoría de la evolución debe ser tal que concuerde con los hechos de la física y la química, una necesidad básica a la cual nuestros predecesores pusieron poca atención"--y la mayoría de los científicos están de acuerdo en que el universo está en proceso de devolución y no de evolución. La teoría del ascenso de formas inferiores a superiores es contraria a este hecho y no "de acuerdo con los hechos de la física y la química".

2. Recapitulación Embriónica.- Esta teoría está basada en la hipótesis de que toda especie durante su período de gestación pasa por su historia evolutiva. Aquellos que promueven esta teoría afirman que los embriones de los mamíferos se asemejan a su vez a los peces y a los anfibios. Pero el Profesor Waldo Shumway, de la Universidad de Illinois, dice: "Nunca ha habido un tiempo en la historia de los mamíferos en que pudieran ser tomado por un pez o por un reptil" ("Introduction to Vertebrate Embryology--1942" [Introducción a la Embriología de los Vertebrados--1942", y el Profesor Adam Sedgwick, de Cambridge, escribe: "Por lo tanto, debe admitirse que un resultado del progreso en la investigación embriológica y paleontológica durante los últimos cincuenta años es negativo. La teoría de la recapitulación se originó como una deducción de la teoría de la evolución y todavía permanece como una deducción" ("Darwin and Modern Science--1909" [Darwin y la Ciencia Moderna--1909]. Entonces, en vez de probar la evolución, es una deducción de una teoría que no ha sido probada.

3. El Registro Geológico.- Las rocas de la tierra contienen fósiles de criaturas que vivieron en épocas anteriores. Si la evolución es verdadera, debería haber fósiles de muchas, si no de todas, las etapas del desarrollo de las diferentes especies. Por ejemplo, deberíamos poder seguir la huella del desarrollo de especies tan peculiares como el canguro. Darwin predijo confiadamente que las rocas producirían los fósiles semi-formados de hombres y ballenas. Aunque han producido 100.000 diferentes especies de fósiles, no han dado tales datos. El registro de las rocas discrepa de la pretensión de los evolucionistas. Los fósiles comienzan abruptamente en las rocas del período cambriano, y ahí comienzan en gran variedad. En las rocas no hay nada--y sin embargo en muchos lugares esas rocas no han sido alteradas ni movidas, porque llevan la impresión de marcas y ondas de rizos del agua, e igualmente podrían haber preservado la impresión de formas de animales, y han sido el hogar de los fósiles. De modo que el Dr. Austen Clark, del Museo Nacional de los Estados unidos, declara: "La completa ausencia de toda forma intermedia entre los principales grupos de animales [...] constatada por el estudio de la zoología ha sido hasta ahora pasada por alto, o al menos ignorada" ("The New Evolution Zoogenesis--1930") [La Nueva Zoogénesis de la Evolución].

4. Pruebas de Precipitación de Sangre.- Cerca de treinta años atrás [este tratado fue escrito originalmente en 1956] el Dr. George Nutall, de la Universidad de Cambridge, efectuó pruebas del suero de la sangre de diferentes especies. Por una estrecha similitud en algunas de estas, se asumió que se había encontrado confirmación de la teoría de la evolución. Pero los factores básicos de lo hereditario no yacen en el suero de la sangre, sino en las células del germen. ¿Y cuáles son los hechos de la relación sanguínea según se muestra en la transfusión de sangre? Puede inyectarse el suero de sangre de un conejo en el hombre sin que le produzca daño, en tanto que el de un buey sería muy peligroso. No obstante, los evolucionistas colocan al buey más cercano al hombre que el conejo.

5. Organos Rudimentarios.- En un tiempo se afirmó que cerca de 150 estructuras encontradas en el hombre y en formas de vida superior eran restos de órganos que una vez fueron requeridos por formas ancestrales. Pero el paso del tiempo ha mostrado que el mayor número son muy necesarios y algunos son esenciales para la vida, de manera que el número de las estructuras supuestamente innecesarias ya ha disminuido a cerca de media docena. Hablando de una de ellas, el apéndice, el Prof. W. E. LeGross Clark, de Oxford, escribe: "La importancia del apéndice vermiforme es aún oscura, pero en vista de su rico suministro de sangre es casi ciertamente correcto considerarlo como un órgano especializado, y no uno decadente" ("Early Fore-runners of Man--1934") [Primitivos Precursores del Hombre--1934]. Podría señalarse que los monos no tienen apéndice, y por las observaciones recién declaradas ciertamente parecería que ninguna estructura del cuerpo humano puede considerarse inservible, y no presentan ninguna prueba de un proceso evolutivo.

6. Evidencia Experimental.- En los campos de la botánica y de la zoología los científicos han realizado experimentos con el objeto de producir, si fuera posible, nuevas especies. Han dado vida a cientos de variaciones--el efecto de la alteración de características existentes--pero ninguna especie nueva. Muchas de las variaciones muestran menos vigor y resistencia, y muchos tienen organismos que funcionan menos satisfactoriamente que los originales, de manera que el difunto Presidente de la Universidad Leland Stanford escribe: "Ninguna de las 'nuevas especies creadas [las comillas son suyas] de plantas o del hombre, que yo sepa, duraría cinco años a la intemperie, ni existe la menor evidencia de que se haya originado alguna nueva especie del campo o del bosque o del océano a partir de mutaciones, variación discontinua, o hibridación" (D. S. Jordan--Sciencia--1922).

En realidad, parece que hay una extraordinaria estabilidad de las especies, cada cual teniendo una "esfera de variación", pero una esfera que es constante y no interactiva.

7. La Antropología.- El hecho de que los evolucionistas están constantemente a la espera de encontrar esqueletos fosilizados de "eslabones perdidos", ha causado que se ponga mucha atención en fragmentos de esqueletos que se han encontrado en diversas partes del mundo. Cada "hallazgo" ha sido proclamado como un eslabón perdido y los científicos rivalizan entre sí en la reconstrucción de la evasiva criatura. Los resultados fueron entretenidos--pero sumamente conjeturales, y, por lo tanto, poco científicos. La reconstrucción clásica fue la del molar que se halló en Nebraska, USA. Se pretendía que era el diente de un hombre mono (Hesperopithecus) y reconstruyeron semejante criatura, pero con el tiempo resultó que era el diente de un cerdo (o pecarí). ¡Cómo han contendido los científicos por la capacidad craneana de estos hombres monos reconstruidos! ¡Cómo han pasado por alto la evidencia de aquellos fósiles de cráneos humanos que se encontraron en Calaveras en Norte América, y en Castenedolo en Italia, que muestran que el hombre ha existido durante siglos, según cálculos de los geólogos, sin cambios físicos!

Y así el Dr. Alen Hrdlicka, Curador de la sección Antropológica del Museo nacional de los Estados Unidos, el único hombre anterior a 1943 que había visitado y examinado cada sitio de un hallazgo antropológico de importancia en el mundo, escribe: "De especulaciones ha habido ya suficiente, pero la mayoría de ellas hasta ahora no han conducido hacia la luz del sol sino más bien hacia un oscuro callejón sin salida" ("Skeletal remains of Early Man, 1930") [Restos de esqueletos del hombre primitivo, 1930); y el Profesor Hooton, de la Universidad de Harvard, escribe: "Algunos anatomistas modelan las reconstrucciones de cráneos fósiles por medio de construir las partes blandas de la cabeza y del rostro [...]. No pongan su confianza en reconstrucciones" ("Up from the Ape", 1931) [Surgiendo del mono].

¡Sí! "No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación" (Salmos 146:3). ¡Cómo puede uno confiar en las especulaciones de los hombres en cuanto al origen del hombre cuando se enuncia en tantas teorías contradictorias! Entonces, ¿dónde encontraremos la verdad del asunto? ¿No dijo Jesús: "Tu palabra es verdad" (Juan 17:17)?

EL ORDEN BIBLICO DE LA CREACION

La palabra de Dios presenta un orden de la creación, ¿es un orden que podrían dar la filosofía y la vanagloria del hombre? ¿Habría colocado el hombre (cerca de cuatro mil años atrás) la creación del hombre al final? ¿Habría hablado el hombre de esa época de la creación de la luz antes de la creación del sol, de la luna y de las estrellas? Considere la posible cantidad de modos en que pudo haberse efectuado el orden de la creación, y maravíllese ante el hecho de que cerca de 2.000 años atrás se describió un orden que concuerda con los descubrimientos de la ciencia moderna. El científico moderno hablará de la infiltración de la luz sobre este globo por entre la envoltura de espesas nubes; del aligeramiento y elevación de esta nube sobre una atmósfera; del vigoroso crecimiento de la vida vegetal en esta atmósfera calentada y llena de vapor; de la disipación de la capa de nubes de manera que pudiera observarse la fuente de luz; de la aparición de vida primeramente en el agua, después en el aire, y finalmente sobre la tierra. Y esta es la forma en que se inspiró a Moisés que escribiera; es el orden de la creación que él consigna.

La creación del hombre se da con más detalles. Está escrito:

"Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente" (Génesis 2:7).

Un cuerpo formado del polvo fue vivificado y llegó a ser una criatura viviente que respira--ni más ni menos en este punto que las bestias del campo, porque ellos, también, eran criaturas o almas vivientes (hebreo, nephesh, chaiyah--Compare con Génesis 2:7; 2:19; 7:21-22).

Estas dos palabras hebreas se usan cuando el relato habla de la creación "de todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie" (Génesis 1:21). Ni obtuvo el hombre una preeminencia sobre el resto de la creación tan sólo porque le fue soplado "en su nariz aliento de vida", porque el mismo relato contiene también esta declaración: "Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que estaba en la tierra, murió" (Génesis 7:21-22). Es Salomón quien proclama por inspiración:

"Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. Todo va a un mismo lugar; todo es hecho de polvo, y todo volverá al mismo polvo" (Eclesiastés 3:19-20).
LA DOCTRINA DEL ALMA

Hemos presentado esta enseñanza referente a la creación del hombre con algún detalle porque es una doctrina fundamental. Un entendimiento y creencia de esta doctrina hace posible un entendimiento del plan de salvación de Dios. Se habrá notado que en esta enseñanza no hay mención alguna de que el hombre posea un alma inmortal ni que tenga una inmortalidad inherente. Sólo se declara que el hombre llegó a ser una criatura viviente. Tampoco se declara ni se implica que el hombre posea una esencia que vive eternamente, un alma que nunca muere; ni se enuncia en ningún pasaje de las Escrituras.

Como ya hemos visto, la palabra 'alma' indica una criatura viviente, y en toda la Biblia se usa para expresar esto o los atributos de las criaturas vivientes. Por lo tanto, no es incongruente decir que un alma está sujeta a la muerte, como se afirma en Ezequiel 18:4: "El alma que pecare, esa morirá" (Ezequiel 18:4), y en Hechos 3:23: "toda alma [...] será desarraigada del pueblo". De los 754 casos en el Antiguo Testamento donde aparece la palabra, 652 veces se dice que está sujeta a la muerte o susceptible de morir, y de los 106 casos en el Nuevo testamento donde aparece la palabra griega equivalente, "psuche", 90 veces se dice que está sujeta a la muerte o que es susceptible de morir.

Debido a que la palabra alma en sí misma no conlleva ninguna implicación de inmortalidad, debe calificarse con palabras tales como "que vive para siempre", "que nunca muere", "inmortal", para apoyar tales ideas. Ni una sola vez aparece junto a estas palabras calificativas. Una referencia a una concordancia mostrará que la palabra inmortal ocurre en la Biblia sólo una vez, y es en referencia a Dios (1 Timoteo 1:17), y se afirma que sólo Dios posee la inmortalidad (1 Timoteo 6:16), sacada a luz por el evangelio (2 Timoteo 1:10), y se otorgará a los justos como dádiva y galardón (1 Corintios 15:53-54; Romanos 2:7). Si el hombre posee semejante alma inmortal, entonces Cristo no trajo a luz la inmortalidad, porque egipcios, babilonios, y griegos creían en ella siglo antes; ni podría afirmarse que sólo Dios la poseía; y posiblemente tampoco podría ser una dádiva.

Mientras se estudia la doctrina de un alma inmortal inherente, más se puede detectar las señales de su origen humano. Por una parte, se afirma que a un alma no le afectan las fragilidades y discapacidades del cuerpo físico, ni depende de la vida orgánica de ese cuerpo, una esencia en todo superior a una estructura física e independiente de ella; en tanto que por otra parte, se declara que puede experimentar refinadas torturas en el fuego del infierno, de sufrir una insaciable hambre o padecer una sed inextinguible. ¡Qué semejante a la mortalidad es esta supuesta inmortalidad! ¡Y qué cohorte de doctrinas ha traído consigo! A un bebé de pocas horas o días de vida se le debe rociar con agua y recitar una fórmula para salvar su supuesta alma inmortal del infierno. ¿Tiene el agua--"bendita" o de otra clase--alguna eficacia aparte de la de limpiar un cuerpo físico? ¿Tienen las palabras recitadas alguna magia o encanto--además de incomprensibles para la inmadura criatura a la cual se dirigen? ¿Tiene el sacerdote o ministro oficiante algún poder (inherente, delegado u otorgado) para anular las fuerzas del infierno cristiano? Pídale que respalde cualquier pretensión semejante, si es tan imprudente como para hacer alguna, por medio de exorcizar el menor de los sufrimientos humanos, y juzgue, por su incapacidad para hacer esto, cualquier pretensión de poseer poder sobre "las fuerza de la oscuridad", o cualquier efecto sobre esa esencia superior, la supuesta alma inmortal.

Las doctrinas del infierno y sus fuegos, del cielo y sus arpas doradas, del purgatorio y sus penosas multitudes, de masas cantadas, de la intercesión de los santos, todas se desprenden lógicamente (aunque contrarias a las Escrituras) de esta la más pagana de todas las doctrinas--porque pagana es. Aquí está la evidencia:

"Los egipcios dicen que Ceres (la diosa del maíz) y Baco (el dios del vino), tienen el control principal en las regiones infernales; y los egipcios fueron también los primeros en afirmar la doctrina de que el alma del hombre es inmortal" (Herodoto, Libro 2, Sección 123).

Esta evidencia se multiplica por miles en los museos del mundo. Los muros de las tumbas de Egipto, las pinturas en los sarcófagos, el Libro de los Muertos, todos apoyan esta doctrina.

Y en cuanto a que sea una doctrina cristiana, lea lo que Justino Martyr escribió allá por el año 150 de nuestra era:

"Porque si tú has conversado con algunos a los cuales efectivamente se les llama cristianos, y no sostienen estas opiniones, sino que incluso se atreven a blasfemar al Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, y dicen que no hay resurrección de los muertos, sino que las almas tan pronto abandonan el cuerpo son recibidas en el cielo, cuídate de no atender a estos. Pero yo, y todos aquellos cristianos que son realmente genuinos, saben efectivamente que habrá una resurrección del cuerpo" ("Dialogue with Trypho the Jew, Sect. 80) ["Diálogo con Trifo el judío].

Puede ser que debido a que son notorias y reconocidas estas enormidades, a veces se pone énfasis no en "el alma del hombre", sino en el "espíritu del hombre". Las palabras originales que se usan en el Antiguo Testamento (ruach) y en el Nuevo (pneuma), significan aliento, vida, energía, disposición. Estos son atributos necesarios de criaturas vivientes y en alguna medida todos los poseen.

"Les quitas el hálito, dejan de ser" (Salmos 104:29).

"Perecerá [gava=aliento] el hombre, ¿y dónde estará él?" (Job 14:10).

"¿Quién sabe que el espíritu [ruach] de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu [ruach] del animal desciende abajo a la tierra?" (Eclesiastés 3:21).

Afirmar que el hombre tiene una entidad espiritual imperecedera aseguraría también una entidad espiritual imperecedera para los animales. Además, si se poseyera semejante entidad, ¿qué ocurre con ella cuando se separa del cuerpo? En esta materia el cristiano evolucionista se ve penosamente presionado. La Biblia dice que el hombre y los animales poseen un espíritu de vida, y la cristiandad dice que esto significa una inmortalidad inherente. Como evolucionista, debe explicarla en el proceso evolutivo. Por lo tanto, como miembro de la cristiandad, debe atribuir inmortalidad en alguna medida a los animales; y como creyente en el cielo y el infierno (y uno no puede creer en un lugar de morada de los espíritus de los difuntos sin creen en el otro) debe encontrar un lugar similar, si no idéntico, para ellos.

Finalmente, la doctrina deja sin efecto y sin valor el plan y propósito de Dios. Dios nunca ha prometido el cielo a ninguno. Cristo proclama que ninguno ha subido hasta allí (Juan 3:13). Pedro proclama que David--"un varón conforme al corazón de Dios"--no había subido allí (Hechos 2:34).

"Y ha dado la tierra a los hijos de los hombres" (Salmos 115:16), y es la tierra lo que Cristo prometió a sus discípulos en las tan conocidas palabras: "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad" (Mateo 5:5). El plan de Dios es que la tierra "sea llena de su gloria", "le de complacencia". Su propósito es que algunos de entre el género humano reciban la dádiva de la inmortalidad y que vivan y reinen como "reyes y sacerdotes [...] sobre la tierra" (Apocalipsis 5:10).

Cuando Dios, por medio de la participación de los ángeles (Elohim o poderosos) creó al hombre (Génesis 1:26), y formó de él a la mujer, fueron declarados muy buenos. En relación con su creación física esto fue así, pero no podría hacerse una declaración similar con respecto a sus caracteres. No habían sido puestos a prueba, y cuando se les sometió a prueba, fallaron. Desobedecieron, transgredieron, pecaron--"pues el pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3:4). Se les había advertido que la falta de obediencia produciría la muerte, y desde el tiempo de su caída esto empezó a funcionar en sus miembros. Así está escrito:

"El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron" (Romanos 5:12).
SALVACION CONDICIONAL

Exactamente contrario a las especulaciones y filosofías humanas, las Escrituras presentan al hombre como una criatura falible y moribunda.

"¿Qué hombre vivirá y no verá muerte?" (Salmos 89:48). Y por la muerte, las Escrituras dan a entender la completa cesación de la existencia.

"En la muerte no hay memoria de ti; en el Seol, ¿quién te alabará?

"En el sepulcro, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría" (Eclesiastés 9:10).

Por causa de la caída, el hombre se halla en la posición de requerir salvación y la Biblia es la única fuente del conocimiento del plan de Dios para obtener esto. "Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos,, y acerca de la obra de mis manos" (Isaías 45:11). "Te lo dije ya hace tiempo; antes que sucediera te lo advertí" (Isaías 48:5).

¡Sí! Desde el principio mismo--al tiempo de la transgresión en Edén--se da una indicación de este plan. Las promesas de Dios a la mujer, de que ella daría a luz a hijos, traía consigo una indicación de que de estas debería surgir uno--la simiente de la mujer--que por la perfección de su carácter, ganaría la victoria sobre aquello que causaba el pecado---las tendencias de la carne.

En el relato del Génesis se bosqueja un conflicto entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente, con una consecuente herida en cada caso.

"Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Génesis 3:15).
Y para obtener un entendimiento del convenio en Edén es necesario que consideremos por un momento esta expresión "la simiente de la serpiente", y otras expresiones afines. Probablemente será más fácil si tomamos primero un pasaje del último libro de la Biblia. En el capitulo 20 del Apocalipsis, versículo 2, leemos: "Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años". Ahora bien, el Apocalipsis es un libro de señales (1:1), y estas expresiones se usan simbólicamente--como en verdad ocurre en muchas partes de las Escrituras. Sin embargo, citamos el versículo para mostrar al lector la asociación de las expresiones--"la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás", y lo hacemos a fin de que podamos entender plenamente la expresión "la simiente de la serpiente".
EL SIGNIFICADO DE "DIABLO" Y "SATANAS"

¿Qué es el "Diablo" y "Satanás" de la Biblia? ¿Tienen alguna relación con el Diablo y Satanás de la cristiandad--un monstruo maligno que por siglos ha tentado a los hombres y los ha alejado de las sendas de justicia, o como algunos aseguran, un ángel caído que parecería tener más éxito incluso que Dios en ganar las "almas" de los hombres?

Como respuesta, señalaríamos en el primer caso que estas son palabras bíblicas y que, por lo tanto, se deben interpretar y entender en conexión con la Biblia. No deberían tener relación con la mitología teutónica o cualquier otra. En el segundo caso señalaríamos que las palabras "diablo" y "Satanás" son palabras que se han dejado sin traducir--se han transferido a nuestra versión en castellano, y se han usado en muchos casos como si fueran nombres propios. Esta acción puede entenderse cuando recordamos que las versiones en castellano datan desde el tiempo de Casiodoro de Reina (1569) hasta el tiempo de la Versión Reina-Valera (1602), cuando se sostenía firme y ampliamente la idea de la existencia de espíritus malignos y del archi-enemigo; pero no ayuda a entender las expresiones bíblicas.

La palabra Satanás viene del hebreo por medio del griego Satanas, y significa un odiador, un acusador, un adversario. La palabra se traduce así en muchos pasajes de nuestra Biblia en castellano, y así debería entenderse en todos los otros casos. Tomemos un interesante caso de este uso tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En el antiguo Testamento encontramos que cuando Balaam decidió--en contra de las advertencias de Dios--ir donde Balac, el camino fue bloqueado por un ángel de Dios. Está escrito en Números 22:22, con estas palabras: "Y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo", y en este caso los traductores vertieron la palabra Satanas por "adversario". Sin duda les parecía inconcebible e incompatible con sus doctrinas que un ángel del Señor fuera satanás. No hay dificultad alguna en el asunto, si se acepta la doctrina bíblica. Todo aquello o persona que sea un adversario o un acusador es un satanás. Es por eso que Cristo llama así a Pedro.

En el Nuevo Testamento, en Mateo 16, tenemos el relato de un incidente cuando Pedro resistió el testimonio de Jesús referente a su muerte en Jerusalén y la reprimenda que le dio Cristo: "¡Quítate de delante de mí, Satanás; me eres tropiezo" (v. 23). Cuando el poder civil se convirtió en adversario para los discípulos y apóstoles, y los perseguía y estorbaba, se constituyó en un satanás. El apóstol Pablo se refiere a semejante adversario cuando escribió a los tesalonicenses (1 Tesalonicenses 2:18) para explicar que había sido estorbado cuando quiso ir donde ellos. Es por la misma razón que Jesús se refirió a la iglesia de Pérgamo como aquellos que moran "donde está el trono de Satanás" (Apocalipsis 213).

No sabemos si aquellos que creen en un todopoderoso archi-enemigo le asignan algún lugar de residencia específico, aparte del "infierno", no obstante deben encontrar un lugar para él, porque ciertamente no es el supervisor del "infierno" de la Biblia. Las llaves del infierno y de la muerte las tiene "el Hijo del Hombre [...], el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 1:13-18), esto es, Jesucristo (Apocalipsis 1:1).

No obstante, si existe, debe tener un lugar de residencia. Quizás aquellos que creen en este Satanás personal podrían dirigir su atención a Pérgamo en el Asia menor. Para nosotros el asunto no representa ninguna dificultad. Pérgamo había llegado a ser bajo los reyes atálicos la ciudad más espléndida de Asia--una ciudad de templos dedicados a un culto de amor. Aquí también existía un gran altar a Zeus. Los romanos heredaron este espléndido dominio, y hasta los tiempos apostólicos Pérgamo era el centro de la administración romana, y un gran centro religioso pagano. Pérgamo efectivamente era la sede del adversario de los seguidores de Jesús, y el Satanás en este caso no era otro que las organizaciones estatales religiosas y civiles que existían allí.

La expresión afín--el Diablo--es también una palabra dejada sin traducir. Es una forma castellanizada del término griego diabolos, que significa "un falso acusador". Aquí, de nuevo, todo aquel que trae o hace una falsa acusación es un diablo, y aquí, de nuevo, hay casos en que los traductores se apartaron de su costumbre habitual y tradujeron la palabra. Cuando Pablo da consejo a Timoteo referente a las calificaciones de aquellos que deberían guiar a las iglesias de aquel tiempo, dice: "Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo" (1 Timoteo 3:11). La palabra traducida como "calumniadoras" es diabolos, y para ser consecuentes los traductores deberían haber escrito: "Las mujeres asimismo sean honestas, no diablos...". Si el lector de las Escrituras tiene presente el hecho de que cualquiera que calumnia o acusa falsamente es un diablo, no hay inconveniente en retener la palabra sin traducirla, pero hacer que esta palabra signifique el "tentador del género humano, enemigo de Dios, un ser maligno sobrehumano" (Diccionario Oxford), no es una interpretación correcta ni concuerda con la doctrina bíblica.

LAS TENDENCIAS DE LA CARNE

¿Qué es verdaderamente nuestro gran enemigo, por el cual actuamos contrario a los mandatos de Dios, por el cual pecamos contra nuestro próximo? El apóstol Pablo declaró que en él "esto es, en mi carne, no mora el bien" (Romanos 7:18), de manera que "queriendo yo hacer el bien [...], el mal está en mí" (Romanos 7:21). Santiago muestra cómo funciona esta tendencia maligna. él dice: "Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte" (Santiago 1:14-15).

Por lo tanto, es lógico considerar estas tendencias de la mente natural, estos deseos carnales como el gran enemigo, el adversario, el falso acusador o calumniador de aquello que es bueno. Esto constituye el Satanás o Diablo de la Biblia, sea una manifestación personal, política, civiles, o religiosas. Por lo tanto, la Biblia las presenta como si tuvieran el poder de la muerte, porque ellas traen el pecado, y el pecado trae la muerte. Proclama que el diablo tiene el poder de la muerte, y que Jesús "fue hecho un poco menor que los ángeles [...] a causa del padecimiento de la muerte [...]. Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo" (Hebreos 2:9, 14).

¡Qué difícil debe ser para la cristiandad reconciliar la creencia en un "ser maligno sobrehumano" con la enseñanza de las Escrituras de que Cristo fue hecho semejante a nosotros, de manera que él pudo gustar la muerte, y por la muerte destruir a este diablo. La asociación de ideas es no sólo ilógica; es antibíblica.

Como Cristo era de nuestra naturaleza, fue posible que muriera. Pero cuando murió, no fue una sentencia aplicada a él debido al pecado. El caso nuestro es: "La muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron" (Romanos 5:12). Sin embargo, de Jesús está escrito que él "no pecó", y por lo tanto "gustó la muerte", porque Dios soltó "los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella" (Hechos 2:24).

¿Puede el diabolos o el satanas de la Biblia, las propensiones diabólicas de la carne, tener semejante poder? No, fue por medio de la muerte que Jesús destruyó en sí mismo "al que tenía el imperio de la muerte" y de este modo llegó a ser "la resurrección y la vida", "autor de eterna salvación para todos los que le obedecen" (Hebreos 5:9).

INMORTALIDAD POR MEDIO DE CRISTO

¿No muestra esto una vez más lo antibíblica e ilógicas que son las doctrinas de la cristiandad acerca de la inmortalidad del alma, de ir al cielo, del purgatorio, del infierno, del Diablo y de Satanás? ¿No muestra lo lógico que son las doctrinas bíblicas--que el hombre cayó por la desobediencia; que aparte del plan de redención no hay escape de la muerte eterna; que en el debido tiempo Dios envió a su hijo "nacido de mujer; que por medio de su obediencia la enemistad que había en él fue vencida y se abrió un camino para que una multitud que crea en él y le obedezca pueda escapar de esta mortalidad por medio de una resurrección de entre los muertos; que él regresará a esta tierra para despertar a aquellos que duermen en el polvo y reunirlos con aquellos que vivan y hayan quedado (1 Tesalonicenses 4:17) ante su tribunal para recompensar allí a cada uno según hayan sido sus obras; que entonces "la serpiente antigua, que se llama el diablo y Satanás" será atada o restringida por razón del justo reinado de Cristo y de aquellos que lo aceptaron; y que finalmente será destruido el último enemigo, la muerte (1 Corintios 15:26; Apocalipsis 20:13-14; 21:4).

Como la muerte será destruida, el "infierno" de la Biblia no existirá más, por cuanto el infierno de la Biblia es tan sólo un lugar tapado, un hoyo, el sepulcro, el lugar de los muertos. No lleva consigo ninguna idea de tortura atroz. Es cierto que Cristo habla de algunos que son lanzados "al infierno, al fuego que no puede ser apagado" (Marcos 9:43). Aquí la palabra "infierno" es una traducción del término Gehenna, el cual era el valle de Hinom, el lugar en las afueras de Jerusalén, donde los cadáveres de los criminales eran echados juntos con los desperdicios de la ciudad, y donde las llamas ardían continuamente para consumir la basura. ¿Quiso decir Cristo que aquellos que ofendían sería arrojados allí? Claramente, él estaba usándolo como una figura de dicción, dando a entender con eso una total destrucción; los agentes destructores, gusanos y fuego, continuaban su obra mientras quedara algo que destruir. Esta es la obra del sepulcro, y todo el género humano está y estará sujeto a ello, si no obtiene la salvación que se ofrece en las Escrituras. Esta es la recompensa de los inicuos: "... la muerte los pastoreará [...], se consumirá su buen parecer, y el Seol será su morada" (Salmos 49:14). Esta es la recompensa de aquellos que Cristo halló indignos en su tribunal. A ellos no se les da la dádiva de vida eterna, de manera que en el debido tiempo van por segunda vez al sepulcro (llamado la segunda muerte--Apocalipsis 20:6) y son castigados con la destrucción eterna, excluidos de la presencia del Señor (2 Tesalonicenses 1:9).

EL CONVENIO CON ABRAHAM

Por lo que hemos escrito, quedará claro que el plan y propósito de Dios referente al hombre y a este mundo no se completó con la muerte de Cristo, ni tampoco se completó la obra de Cristo. La cristiandad yerra al asumir que esto se completó, y en esta suposición ignoran o pasan por alto otras dos grandes promesas que Dios hizo en su obra por el género humano. ¿Qué lugar en las doctrinas de la cristiandad representa "su santo pacto; del juramento que hizo a Abraham"? Es cierto que muchos recitan estas palabras (que se hallan en Lucas 1:72-73), pero, ¿cuántos podrían explicar su significado? El convenio con Abraham se hizo cuando a la edad de setenta y cinco dejó Harán ante la invitación de Dios de que saliera a una tierra que él le mostraría. Este es el convenio:

"Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra" (Génesis 12:2-3).

"Y Jehová dijo a Abram [...]: "Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre" (Génesis 13:14-15).

Es un convenio que nunca se ha cumplido:
"Y no le dio [a Abraham] herencia en ella, ni aun para asentar un pie; pero le prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia después de él, cuando él aún no tenía hijo" (Hechos 7:5).
Ni puede cumplirse aparte de la obra venidera de Cristo. Es una obra que él realizará cuando regrese a esta tierra conforme a su promesa: "Y si me fuere [...], vendré otra vez" (Juan 14:3), y a la promesa de los ángeles que fueron testigos de su ascensión:
"Este mismo Jesús [...] así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hechos 1:11).
Entonces los muertos que "duermen en el polvo" "oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán" (Juan 5:25). Entonces Abraham, Isaac y Jacob--"coherederos de la misma promesa" (Hebreos 11:9)--serán levantados y premiados con ese cambio de naturaleza, el don de la inmortalidad, y una herencia eterna en el reino de Dios.

Aunque la promesa--"veréis a Abraham, Isaac, y Jacob en el reino de Dios"--aún no se ha cumplido, no la deja sin efecto. Por el contrario, hace que el futuro sea brillante con esperanza. El futuro aún contiene la revelación venidera del propósito divino cuando Cristo--"el hijo de Abraham"--regresará "para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto; del juramento que hizo a Abraham nuestro padre" (Lucas 1:72-73).

Ahora bien, en el mismo pasaje de la Escritura, se vincula el nacimiento de Cristo con otro convenio. Es uno anotado en el antiguo Testamento y, al igual que el que fue hecho con Abraham, aún no se ha cumplido. En relación con esto, Zacarías, el padre de Juan el Bautista, profetizó:

"... el Señor Dios de Israel [...] ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo" (Lucas 1:68-69).
El nacimiento de Cristo es saludado como un cumplimiento de una promesa que se hizo a David. Esta es la promesa:
"Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje [...]. Yo afirmaré para siempre el trono de su reino [...]. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente" (2 Samuel 7:12-16).
Está claro que esta promesa triple: el establecimiento del reino de David, su continuación para siempre, su propia participación, y esta, como hemos visto, es la prerrogativa del Hijo de Dios. Por lo tanto, no debería ocasionar sorpresa alguna que esta esté vinculada con el nacimiento de Cristo. ¿No explica claramente el significado de las siguientes palabras?:
"Este [Jesús] será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin" (Lucas 1:32-33).
CRISTO HA DE REGRESAR

Sin embargo, causa sorpresa el hecho que la cristiandad considere que estas promesas ya no son de valor práctico; que ya están cumplidas o que no se cumplirán. Pero, ¿se han cumplido? Cristo nunca ha reinado sobre el trono de David, ni la casa de Jacob ha existido como una organización corporativa desde el año 722 antes de Cristo. Estas se han de cumplir cuando Cristo, "la raíz y el linaje de David", regrese a esta tierra para tomar su gran poder y reinar (Apocalipsis 11:17), cuando el Señor levantará a "David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado [...], y habitarán en su tierra" (Jeremías 23:5-8); cuando aquel que nació en "Belén Efrata [...] será Señor en Israel" (Miqueas 5:2), y cuando Jerusalén dará voces y se regocijará en gran medida porque "he aquí tu rey vendrá a ti" (Zacarías 9:9).

Los tres grandes convenios--el convenio en Edén, el convenio con Abraham, y el convenio con David--enfocan de este modo la atención en el gran propósito de Dios para con la tierra. Hablan de un gran reino mundial que ha de ser establecido por Cristo cuando regrese a esta tierra, en donde serán bendecidos Abraham y David y muchos otros que tuvieron fe en estas promesas.

Pero la bendición no se confina sólo a aquellos que son de la simiente natural de Abraham. No es una bendición tribal, ni siquiera una bendición nacional; es una bendición para todas las naciones. Ha de ser universal. ¿Cómo puede ser esto y qué evidencia hay de ello?

Cuando Dios, por medio de las profecías a Daniel, bosquejó la secuencia histórica de los cuatro grandes imperios del pasado, que han incluido en sus dominios la tierra de su elección--Palestina--él pormenoriza con respecto al último. Por medio de la visión de la gran imagen compuesta de diversos metales (Daniel 2:31-32), él mostró que el Imperio Babilonio--"Tú, oh rey, [Nabucodonosor, versículo 28], eres rey de reyes [...]. Tú eres aquella cabeza de oro"--sería seguido por un reino inferior (el Medo-Persa), después por el Imperio Griego, y finalmente por el Imperio Romano. Este cuarto imperio, aunque "fuerte como hierro" (v. 40)--y el Imperio Romano superaba en extensión y en duración a cualquiera de los imperios anteriores--con el tiempo sufriría un cambio. Sería dividido (v. 41) y en su estado dividido una parte sería fuerte y la otra sería débil, ni habría cohesión entre las partes. Esto describe exactamente la condición de esa parte de la tierra anteriormente gobernada desde Roma. Cuando Roma cayó, Europa llegó a ser un continente dividido con sus muchas naciones defendiendo sus derechos, unos contra otros. La historia de Europa desde aquel tiempo es una crónica de los fuertes dominando a los débiles; de los débiles formando alianzas para hacer frente a los fuertes. Es una condición que ha persistido hasta el día de hoy--una notable prueba del testimonio de los profetas; de la infalibilidad de la palabra de Dios.

VIENEN GRANDES CAMBIOS

Esta condición dividida e irreconciliable no ha de continuar indefinidamente. Pero el cambio no vendrá por el ingenio del hombre. Vendrá de Dios. Esta visión fue dada a Nabucodonosor e interpretada por Daniel a fin de que el hombre supiera "lo que ha de acontecer en los postreros días", para que el hombre entendiera que Dios "tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien él quiere" (Daniel 4:25), que él "quita reyes, y pone reyes" (Daniel 2:21). Se dio para mostrar que:

"En los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre" (Daniel 2:44).
Ya no se levantarán ni caerán dinastías, ya no habrá imperio tras imperio, porque este reino es universal. Y como es el reino de Dios, será un reino en el cual prevalece la justicia, en el cual se halla paz eterna. El profeta Isaías escribió:
"Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre" (Isaías 9:7).
Aquí debemos notar no sólo la naturaleza pacífica del reino y su prolongada duración, sino también su vinculación con el trono de David. Por lo tanto, añadamos a este testimonio el del siguiente versículo:
"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz" (v. 6).
Todos los que están familiarizados con el libreto de "El Mesías", sabrá que en sus líneas estas palabras se aplican a Cristo. Estamos de acuerdo, y también quisiéramos añadir como corroboración de esto las palabras que se hallan en el capítulo 11 del mismo profeta:
"Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová [...]; juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío [...]. Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará [...], y un niño los pastoreará [...]. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar" (Isaías 11:1-9).
Este que viene del tronco de Isaí, sobre quien reposa el Espíritu del Señor, que hiere la tierra con la vara de su boca, no puede ser otro que Jesús. Él es la piedra, rechazada por los edificadores, que romperá en pedazos los reinos de los hombres y sobre su ruina edificará el reino de Dios (Daniel 2:34-35, 44-45).
CRISTO PREDICÓ UN REINO LITERAL

Pero, ¿fue esta enseñanza referente a un reino literal en esta tierra el tema de la enseñanza de Cristo? Cuando "recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino", ¿era este su tema, o más bien predicó que "el reino de Dios está dentro de vosotros?" [Lucas 17:21--Nueva Versión Internacional, margen] La evidencia de que en todo momento predicó lo primero, y nunca predicó lo segundo, es concluyente. Note, por ejemplo, el efecto de su enseñanza en sus discípulos y en la gente. Está escrito (Lucas 19:11): "Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente". Esta fue, pues, la respuesta a su enseñanza; ellos relacionaban Jerusalén con el reino de Dios y esperaban que se establecería inmediatamente. La parábola no negaba esta enseñanza, sino más bien la confirmaban, porque presentaba al hombre noble yéndose "para recibir un reino", y después de un largo tiempo, regresaba. Pero él enseñó claramente que este regreso no sería inmediato.

Una enseñanza similar se dio cuando los discípulos hicieron una pregunta acerca de este mismo asunto, después de la resurrección de Cristo. "Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" (Hechos 1:6). En su respuesta Cristo no niega el hecho acerca del reino ni su relación con Israel. Lo que se les niega es el tiempo exacto de su establecimiento. Cristo mismo había dado señales por medio de las cuales ellos podrían saber cuando el reino de Dios estaría cerca, pero se les había dicho que "de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre" (Marcos 13:32). Era futuro para esa época, como lo es para esta, por lo tanto no podría haber estado "dentro de ellos".

Menos aún podría estar el reino de Dios dentro de aquellos a los cuales iban dirigidas estas palabras. El relato del evangelio según Lucas (17:20) muestra que él estaba replicando a los fariseos a los cuales había descrito como hipócritas y sepulcros blanqueados, y los cuales no tendrían lugar en el reino. "Cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos" (Lucas 13:28). ¿Cómo podemos, pues, entender estas palabras? La traducción original de la frase lo deja en claro, esto es, "el reino de Dios está entre vosotros". ¿Acaso no fue así? ¿No estaba entre ellos el futuro Rey--aquel que, cuando se le acusó de pretender dicho honor, no lo negó ante Pilato, sino que dijo: "Yo para esto he nacido; y para esto he venido al mundo" (Juan 18:37).

En vista de que, como se había pactado con él, y considerando que él había sido obediente al Padre en todo y estaba dispuesto a obedecerle, incluso hasta el punto de entregar su vida, el reino no podía darse a ninguno otro. En este sentido él era el reino. Y en el debido tiempo debe presentarse para ser el Rey de este reino de Dios, reinando desde su capital (Jerusalén--Mateo 5:35), con príncipes y gobernantes (los redimidos de entre los hombres--Apocalipsis 5:9), sobre un pueblo (las naciones, Salmos 2:8; Apocalipsis 2:26), y un territorio (el mundo entero, Salmos 72:8), y llevará a todo el mundo ante Dios (Isaías 2:2-4; Ezequiel 40-48).

¿CUÁNDO VENDRÁ?

"Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Mateo 6:8-10). ¿Cuándo vendrá el reino? El hombre no puede saber "el día y la hora", pero puede poner atención a las señales que proclaman su acercamiento. El apóstol Pablo dice que estos tiempos y ocasiones deberían saberse:

"Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche [...]. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón" (1 Tesalonicenses 5:1-4).

De las muchas señales relativas a estos tiempos y ocasiones que se han dado, consideremos una que mencionó Cristo. Se dio en respuesta a una pregunta que le hicieron los discípulos sobre este asunto. Jesús les contestó:

"Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas [y él está refiriéndose a las señales que recién les había dado], sabed que está cerca el reino de Dios" (Lucas 21:29-31).

En esta parábola referente a todos los árboles, ¿por qué Jesús menciona separadamente a la higuera? ¿No es porque en las Escrituras hay una nación a la que se le asemeja a una higuera, y, por lo tanto, a la cual se le podría llamar la nación como higuera? En la profecía de Joel leemos:

"Pueblo fuerte e innumerable subió a mi tierra [la tierra de Israel--capítulo 2, versículo 1) [...]. Asoló mi vid, y descortezó mi higuera; del todo la desnudó y derribó" (Joel 1:6, 7).

¿Cuál era el vino de Dios? Salmos 80 deja el asunto libre de dudas, por cuanto ahí a Israel se le asemeja a una vid traída de Egipto y plantada en una tierra nueva. Así que Israel es la vid y la higuera de la profecía de Joel.

Además del uso simbólico de árboles por naciones, la Biblia contiene muchos ejemplos del estado o condición de esas naciones representados por el estado o condición de los árboles. El capítulo 17 de Ezequiel se puede citar en conexión con esto. Los reinos de Judá, de Egipto, y de Babilonia son examinados, y el profeta concluye:

"Y sabrán todos los árboles del campo que yo Jehová abatí el árbol sublime, levanté el árbol bajo, hice secar el árbol verde, e hice reverdecer el árbol seco. Yo Jehová lo he dicho, y lo haré" (Ezequiel 17:24).

De este modo, se verá cómo el profeta usa la condición de los árboles para representar los diversos destinos de estas naciones. De la misma manera, cuando Cristo nos pide que consideremos la brotadura de los árboles en la parábola que él está presentando; primero, el factor tiempo de las señales que él ha dado: tal como la brotadura de los árboles anuncia el verano, así el cumplimiento de las señales anuncia el reino venidero; y segundo, el estado o condición de las cosas que se simbolizan. La brotadura de la higuera indica un avivamiento de la vida nacional en la nación como higuera, tal como la brotadura de los otros árboles indica el crecimiento de la conciencia nacional--un desarrollo de los tiempos modernos.

RESTAURACIÓN DE ISRAEL

Por muchos siglos Israel ha sido un árbol seco. Su nacionalidad ha estado sumergida debajo de otras naciones, su gente esparcida y su tierra una desolación en manos de extranjeros. No obstante, los cincuenta años recién pasados [Nota: El autor escribió su libro en 1956] han sido testigos de un notable resurgimiento de las aspiraciones nacionales de los judíos. El movimiento conocido como sionismo se ha apoderado del pueblo judío en todos los países, y ellos claman que se les permita regresar "a su tierra". Aquellos que han ido--y ya se han instalado allí más de 600.000 [hasta 1956]--han hecho "florecer el desierto como una rosa", provocando la envidia y alarma de los árabes. Nosotros interpretamos esto como un cumplimiento de las palabras de Cristo; pero para evitar que se estime que nos explayamos demasiado sobre una sola declaración, le pedimos que usted mismo lea lo que los profetas han dicho con respecto a Israel en los últimos días.

Queremos dirigir especialmente su atención al capítulo 37 de Ezequiel, en el que el profeta habla acerca de un valle lleno de huesos que representan a "la casa de Israel" (v. 11). Le pedimos que note el proceso de recogerlos de entre las naciones y su establecimiento en la tierra:

"Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey [...]. Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob [...]; y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre" (vs. 21, 22, 25).

¿No es la brotadura de la nación como higuera una señal de la cercanía de estas cosas--la venida del Hijo del hombre--el establecimiento del reino de Dios? Es Cristo quien da la señal. ¿Le haremos caso para poder estar entre aquellos a los cuales no vendrá ese día como ladrón, o lo ignoraremos, lo rechazaremos, los despreciaremos de modo tal que nos tomará por sorpresa?

Este libro ha sido escrito para que usted esté capacitado para contestar esa pregunta. Pone delante de usted las razones por la cuales usted debería volver a tomar la Biblia, leerla y estudiarla. Las teorías científicas y las fábulas eclesiásticas combinadas con la indiferencia moderna pueden haber ocasionado que usted no lo considere de importancia alguna. Pero en este libro las teorías no probadas y las fábulas humanas han sido puestas a prueba, colocadas lado a lado con las Escrituras, con el resultado, confiamos, de que usted quedará convencido de que la Biblia forma una roca impenetrable sobre la cual podemos construir nuestras esperanzas. La historia de las naciones ha demostrado la verdad de la profecía bíblica, un testimonio innegable del hecho que es la palabra de Dios. Con estas seguridades hemos examinado el mensaje que presenta la Biblia--el plan de salvación de Dios para el hombre y su propósito para con la tierra.

UNA ÚLTIMA PREGUNTA

Entonces llegamos final e inevitablemente a la pregunta: '¿Qué significa este mensaje para mí? ¿Puedo yo participar de esta gran salvación y de esta gloria que cubrirá a la tierra?' La respuesta es sencillamente 'sí', porque Dios "no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento" (2 Pedro 3:9). No obstante, el acto de arrepentimiento implica algún esfuerzo, alguna reacción de parte del arrepentido. A quién acudirá, de qué se arrepentirá, y qué se requerirá de él? "Cualquiera que se le acerque [a Dios] tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan" (Hebreos 11:6--Nueva Versión Internacional).

El que lo busca puede encontrar evidencia de Dios en la obra de sus manos, por cuanto "los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos" (Salmos 19:1), pero no puede encontrar allí una revelación de Dios o su propósito. Debe buscar en la palabra de Dios, porque esta es una lámpara para los pies y una luz para el camino, considerando que "la exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples" (Salmos 119: 130).

Le dará todo el conocimiento necesario para una firme creencia de que Dios existe, y para un entendimiento de la revelación de Dios acerca de sí mismo.

Mostrará que, sin el plan de redención de Dios, el buscador pasará al silencio interminable del sepulcro; pero también se le dará a conocer la esperanza y promesa de un escape de este destino.

LA ELECCIÓN

Mostrará que se ha suministrado un medio por el cual su vida anterior puede quedar cubierta por el bautismo en Cristo; que por su completa inmersión en agua, por una muerte simbólica, él públicamente confiesa su culpabilidad y muere figurativamente, y que conforme al mismo símbolo resucita a una vida nueva (Romanos 6:4), porque "abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo", el cual será "misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo" (Hebreos 2:17). El buscador se halla ahora en el camino estrecho y angosto que conduce a la vida; hace caso de la palabra de Dios; guarda sus mandamientos; porque él cree que Dios es "galardonador de los que le buscan". Él cree que al hacerlo así, será contado entre aquellos que recibirán la vida eterna; que él estará entre los redimidos que cantarán: "Tú [...] nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra"; que él estará entre aquellos de quienes se dice: "Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de agua de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos" (Apocalipsis 7:16-17).

"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mateo 11:28-29).

Siguiente: Qué Es El Evangelio? ¿Debe Uno Creer En Él Para Ser Salvo? ¿Qué Dice La Biblia?


<< La Llave Para Entender la Biblia