¿Quiénes Recibirán "al Señor en el Aire"?

Quinta Parte

La pregunta que forma el encabezamiento de nuestra conferencia de esta mañana se basa en las palabras "arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire", que se encuentran en el capítulo leído (1 Tesalonicenses 4) Permítanme leerles desde los versículos 13 al 18 a fin de que tengamos el tema con claridad ante nosotros:

"Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabras del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron en él. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por lo tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras".

Cualquiera que sea el significado de este pasaje, ofrece consuelo porque a aquellos a quienes estaba dirigido se les dijo esto en las palabras dadas al final. Para obtener consuelo en el verdadero sentido, es necesario que las palabras se entiendan cabalmente porque, ¿cómo puede uno consolarse con palabras que no entiende? El apóstol dice: "Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis". Él deseaba que se dieran cuenta cabal de la importancia de lo que estaba a punto de decir, de manera que de sus palabras pudiera derivarse el más profundo consuelo.

Las palabras del apóstol tienen que ver con "los que duermen", por los cuales parece que algunos estaban angustiados. Es evidente que la teoría popular de que al morir se va al cielo no está considerada aquí en ningún sentido, ya sea por el escritor o por aquellos a quienes él escribe. Todos ellos creían que aquellos por los cuales se sentían angustiados estaban dormidos en el sueño de la muerte; ninguno sostenía la idea, ni por un momento, de que aquellos estaban vivos y pasándolo mejor en regiones de éxtasis más allá de las estrellas. Los miembros de una iglesia convencional moderna considerarían el sueño como propio del cuerpo solamente, un asunto trivial para ellos en vista de su creencia de que sus amigos fallecidos están pasándolo mejor en su estado desincorporado que cuando tenían cuerpo, y un predicador convencional moderno sería considerado como un consolador muy deficiente si en circunstancias similares no se explayara elocuentemente acerca del embelesado éxtasis que sus amigos fallecidos están disfrutando en el cielo o más allá. El consuelo en el lecho de muerte y en los funerales en la actualidad, según se prepara y administra en las religiones de la cristiandad es uno muy diferente del de los apóstoles. Los doctore de teología tienen una teoría muy diferente en cuanto a la naturaleza del caso y, en consecuencia, han cambiado sus píldoras de consuelo para adecuarse a su modificado diagnosis del caso. A menudo ocurre en el ámbito de la física que la enfermedad es una condición anormal de la mente, y, en consecuencia, los doctores la tratan así, dejando que el paciente sea engañado. En el mundo religioso es peor que en el mundo de la medicina; porque en este último hay un esfuerzo por restaurar a la persona afectada mentalmente a un estado normal, mientras que en el primer caso el engaño se fomenta y se consuela de una manera que aumenta la insanidad religiosa del afligido.

¿Qué podría pensarse de un predicador popular que apela a su congregación a favor de sus amigos fallecidos de una manera que implique que ellos estaban realmente dormidos en la muerte; realmente muertos, y no vivos? Su congregación se preguntaría qué le había ocurrido al predicador, y se harían preguntas entre sí: '¿Cree Ud. que nuestro pastor quiso decir que nuestros difuntos están verdaderamente muertos? Trató de consolarnos de que ellos tendrán una resurrección, pero ¿quiso hacernos creer que yacen dormidos en la muerte hasta la resurrección? Eso es lo que creen las personas conocidas como cristadelfianos. Y ¿se propone nuestro pastor imponernos semejante doctrina? Debemos conversar de esto, y si él cree verdaderamente que nuestros amigos están muertos, y no que hayan 'partido antes', y si no tiene consuelo que darnos, excepto una resurrección en el futuro lejano, es mejor que le pidamos su renuncia'. Así es como manejarían estos asuntos en este caso, y 'como la gente, así el pastor'. A la gente se le ha enseñado y educado a conformarse con lo establecido y se contratan predicadores para que lo proclamen así. De ahí que las palabras del apóstol en los versículos leídos se transformarían en la boca de un predicador popular en algo como esto: 'Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que se han 'marchado antes', para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque aquellos por quienes os entristecéis no están muertos ni dormidos. Ellos han hecho valer sus derechos a una mansión en el cielo, y han dejado de lado todo temor, y han secado sus ojos llorosos. Ahora están disfrutando en el éxtasis del cielo, y cuando Ud. muera se unirá al feliz grupo en lo alto, donde habrá llegado triunfalmente, mientras que a aquellos que no tienen esperanza, 'los diablos arrastran su alma en infinita desesperación'. Por lo tanto, ¿"alentaos los unos a los otros con estas palabras"? Aquí tenemos "otro evangelio", que no es otro, sino una perversión del evangelio de Cristo, y quien lo predicare, así sea un ángel de cielo, se nos manda que lo declaremos "anatema". (Gálatas 1:6, 8)

Ahora bien, veamos que verdadero consuelo se obtiene por las palabras del apóstol en el caso que estamos considerando. Versículo 13--Sus amigos están dormidos en la muerte. No quisiera que ignoren y sientan angustia como otros que no tienen esperanza. Versículo 14--Jesús murió y resucitó, y llegó a ser "la resurrección y la vida". Dios "resucitó a Jesús de Nazaret del sepulcro", y en esto Ud. tiene la garantía de que debido a que aquellos por quienes Ud. siente angustia duermen en Jesús, Dios los levantará también. Versículo 15--No suponga que aquellos que están vivos y permanecen así hasta la venida del Señor precederán a aquellos que no están vivos, que están muertos--

dormidos en el polvo de la tierra--cuando venga el Señor. Ellos no permanecerán muertos como aquellos que murieron sin esperanza. Versículo 16--Porque el Señor mismo, no por medio de mensajeros, ni de una manera irreal y "espiritual", sino que el Señor mismo descenderá del cielo, la trompeta sonará, y los muertos en Cristo resucitarán primero; serán arrebatados antes de aquellos que estén vivos cuando venga el Señor. Versículo 17--Entonces aquellos que han sido resucitados previamente, en nubes, o compañías, para recibir al Señor en el aire; y así sucesivamente, en el estado al cual Ud. ascenderá cuando reciba al Señor en el aire, o firmamento del nuevo cielo de él, "en el cual mora la justicia", así, en ese estado, estaremos para siempre con el Señor. Aquí está su salvación y la de aquellos por quienes siente angustia. Ya no tiene que sentir angustia, como bien pueden hacerlo aquellos que no tienen esperanza, sino (versículo 18) "alentaos los unos a los otros con estas palabras".

Por este pasaje algunos han concluido erróneamente que no habrá resurrección de los injustos, porque todos aquellos de quienes se habla en el discurso del apóstol han de "estar siempre con el Señor". Este error se produce por un punto de vista corto de miras, de no darse cuenta del orden de las cosas. Hay un tiempo para todo, un tiempo para amonestar y un tiempo para consolar. El borde del lecho de muerte y la boca abierta del sepulcro no son los lugares para hablar a la gente acongojada de juicio y castigo. Cuando uno da consuelo a los angustiados, esa no es la ocasión para dar una mirada de ira ni para proferir palabras de venganza. Es la ocasión para decir palabras de consuelo y para dar expresión a una simpatía sincera, hasta donde lo permitan la verdad y los hechos, por supuesto. El hombre que no tiene nada en sus palabras y mirada excepto venganza e ira, no tiene cabida en la casa donde hay dolor. Cuando está dirigiéndose a sus amigos con palabras de esperanza, él no se detiene a estropear su belleza con interjecciones de palabras de juicio y castigo. El apóstol Pablo "no rehuyó anunciar todo el consejo de Dios", pero nadie sabía mejor que él cómo hablar conforme al 'eterno orden de las cosas', esto es, las palabras correctas en el lugar correcto. Esta era una ocasión para palabras de esperanza y consuelo, y porque en esa ocasión cerró las cortinas y no dejó ver la posibilidad de algunos a los cuales estaba escribiendo y de que algunos de sus atribulados amigos no llegarían al glorioso triunfo que él sostenía en alto, no debemos concluir que estaba negando lo que había enseñado en otras ocasiones correctamente, esto es, que "ha de haber una resurrección de los muertos, así de justos como de injustos". (Hechos 24:15)

Ahora bien, la pregunta es cómo obtendremos consuelo de las palabras "recibir al Señor en el aire", "arrebatados", y "nubes". Nuestro Señor nos da consuelo con las palabras "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad" (Mateo 5:5) El salmista declara que "porque los benditos de él heredarán la tierra" (Salmos 37:22) "Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella". (Salmos 37:29) También el sabio declara que "el justo será recompensado en la tierra". (Proverbios 11:31) Todos los redimidos se unirán en el cántico de salvación, en el cual cantan: "Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra". (Apocalipsis 5:10) Así, pues, Cristo mismo ha de regresar a la tierra de la misma manera en que ascendió (Hechos 1:11) Y "se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al Oriente; [...] y Jehová será rey sobre toda la tierra". (Zacarías 14:4-9) ¿Cómo, pues, hemos de entender que vamos a "recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor"? Y en vista de las promesas de que hemos de ser bendecidos en la tierra y que el Señor ha de reinar en la tierra, ¿cómo podemos obtener consuelo de estas palabras?

Muchas veces y de muchas maneras hablo Dios en otro tiempo por medio de los profetas, Cristo, y los apóstoles. Para recibir instrucción y consuelo de sus palabras debemos aprender a discriminar entre las "muchas maneras" por medio de las cuales habla. No debe confundirse el lenguaje literal con el figurado y espiritual. Con el cuidado habitual que se ejerce en la lectura de buenos libros seculares no nos será difícil determinar cuando estamos leyendo lenguaje figurado o simbólico. El contexto, junto con un conocimiento de los primeros principios de la palabra de Dios, nos guiará al único canal que conducirá a una adecuada conclusión.

Cada libro tiene derecho a exigir que el lector se guíe por el significado de los términos técnicos que ahí se utilizan, y sin duda la Biblia tiene el mismo derecho. Es sólo razonable que comparemos pasaje con pasaje para llegar al sentido en que se utilizan ahí ciertas palabras y fraseología. Por supuesto, lo literal es la base de todo lenguaje figurado. Hay una tierra literal, pero también la palabra tierra se utiliza para referirse a la gente que la habita: "Oíd, oh tierra". Hay cielos literales, pero también la palabra cielos se utiliza para referirse a la posición exaltada o poder político. Hay nubes literales, pero también la palabra nube se utiliza para referirse a un gentío, algún problema amenazante, y así sucesivamente. Si leemos en los periódicos que hay una nube en los cielos políticos, no alzamos la vista al cielo esperando verla allí. Si leemos que 'hay una batalla en el aire', no creemos que el escritor está refiriéndose a la atmósfera literal. En el mundo natural hay sol, luna, estrellas, nube, aire, etc. Cuando utilizamos una expresión figurada tomada del mundo natural, debemos ser consecuentes. De ahí que, si utilizamos la palabra cielos para representar a un reino, para ser consecuentes también debemos tener sol, luna, estrellas, nubes, aire o firmamento en el cielo del cual estamos hablando. El sol, la luna y las once estrellas del sueño de Jacob estaban en el cielo o gobierno del pequeño reino familiar de Jacob; y Jacob no tuvo ninguna dificultad para entender el significado de las palabras y aplicarlas a sí mismo; el padre como el sol, la madre como la luna, y los once hermanos de José como las estrellas, con todos sus siervos y pertenencias así como la tierra que gobernaban.

Ahora bien, el apóstol Pedro habla del venidero reino de Dios como "cielos nuevos y tierra nueva", donde mora la justicia". (2 Pedro 3:13) En este cielo nuevo Cristo será el sol. "Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación". (Malaquías 4:2) Los santos en conjunto como la novia serán la luna. Hablando de la resurrección, dice el apóstol: "Una es la gloria de [...] la luna". (1 Corintios 15:41) Los santos, individualmente, serán las estrellas. Hay "la gloria de las estrellas" y "los que enseñan la justicia a la multitud, [resplandecerán] como las estrellas a perpetua eternidad". (Daniel 12:3) Este cielo necesariamente debe tener expansión, firmamento o aire; porque la coherencia requiere que lo figurado que se ha tomado del mundo natural deba admitir todos los elementos en el mundo o cosmos del cual estamos hablando. Por supuesto, si se nos pide que señalemos al ojo natural el cielo del cual estamos hablando, no podemos indicar algo natural que pueda verse como un cielo. Sólo podemos indicar al reino de Dios, que en la actualidad sólo puede verse en el pensamiento, o, como solemos decir, con el ojo de la mente. Mientras que el ojo natural ve lo literal, el ojo del pensamiento o de la razón puede ver lo mismo y más allá. , y ver los cielos nuevos donde morará la justicia, los cuales, en un sentido más elevado que lo natural, "cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos". Es como si estuviéramos leyendo caracteres claramente visibles en la superficie de este papel, y luego lo sostenemos contra la luz para que ésta brille a través de él; entonces las filigranas se harán visibles debajo de la superficie, por decirlo así. Los aspectos más sublimes de la verdad divina sólo son visibles para la mente espiritual que deja que la luz brille y exige el máximo a los ojos del hombre nuevo para mirar intensamente a sus profundidades y a sus alturas y a la distancia a la inmensa expansión de sus ilimitadas anchuras.

Ahora bien, sería difícil para uno que ha sido enseñado en las escrituras, recibir consuelo ante la perspectiva de subir al aire literal. Por lo tanto, no nos arriesguemos a mirar tan sólo lo literal y tratemos de entender que el apóstol, en el pasaje en referencia, está aplicando las palabras nubes y aire a algo que tiene que ver con la resurrección de los muertos y su transformación juntamente con los que estén vivos a la venida del Señor, cuando llegarán a ser elementos del "cielo nuevo" o gobierno del glorioso reino de Dios que ellos están buscando en la actualidad. si algo de esto puede hallarse en las palabras al sostener el papel, por decirlo así, contra la luz y leer las divinas filigranas, entonces probaremos la dulzura de las palabras finales de la declaración: "Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras".

El mismo apóstol dice: "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes", o, como aparece en algunas versiones, "lugares celestiales" o "regiones celestiales". Aquí la referencia es a la maldad civil o religiosa en los cielos romanos y judíos, los poderes que eran antagónicos a la Verdad y que martirizaron a muchos que la proclamaban. Ahora bien, el cielo romano tendría los elementos del cielo natural, y, por lo tanto, la palabra aire sería aplicable a él. En la atmósfera política de ese cielo estaban el sol, la luna y las estrellas, que gobernaban al cosmos o mundo romano. De ahí que el apóstol diga que cuando los santos de Efeso estaban moralmente inertes, muertos en sus transgresiones y pecados, andaban según la corriente de este mundo. conforme al príncipe del poder del aire , "el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia". (Efesios 2:2) El príncipe del poder, o expansión, del aire romano era el emperador, el espíritu principal del imperio, tanto civil como religioso. Siguiendo los dictados de ese príncipe, según eran administrados por los magistrados y clero de su sistema pagano e impío, los santos habían andado en tiempos pasados con los hijos de desobediencia, impulsados por el mismo 'espíritu del poder del aire'. Para uno "recibir" a este príncipe "en el aire" sería la exaltación para ser una estrella en uno de los cielos donde mora la injusticia; y para otro "estar con él" sería ocupar una posición de poder malvado y tiránico. Ante la perspectiva de semejante exaltación un mundano podría recibir consuelo; pero no así un santo. Pero, "recibir al Señor", el Príncipe de paz, en el cielo donde mora la justicia sería la más gloriosa exaltación, y "estar siempre con el Señor" sería tener inmortalidad y poder que no terminaría nunca. ¿Dónde está el hombre que no pueda consolarse a sí mismo y a otros con palabras tan llenas de significado como estas? Puede encontrarse con facilidad. Es el hombre que sólo puede juzgar según la carne, y que no tiene ojos para discernir los ocultos tesoros de la Verdad que yacen debajo de la superficie del lenguaje literal. Pero, ¿dónde, repetimos, está el hombre instruido en la Verdad que no pueda beber en lo profundo del dulce consuelo de estas verdades?

Es cierto que cuando las huestes sarracenas se levantaron del pozo o abismo árabe, el humo de su guerra ascendió literalmente en las nubes y oscureció el aire, pero el objetivo que tenía el Espíritu al declarar esto a Juan (Apocalipsis 9:2) no puede limitarse a este hecho comparativamente trivial. El objetivo fue mostrar, en lenguaje simbólico, el efecto que tendría la guerra de los sarracenos en la apostasía romana. Por lo tanto, cuando se dice que "se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo", se alude indudablemente al sol y al aire romano tanto político como eclesiástico. Así, pues, cuando "el séptimo ángel derramó su copa por el aire", "y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: 'Hecho está', los consecuentes truenos y relámpagos limpiarán el aire político de los cielos que existen en la actualidad, en los cuales mora la injusticia, para dar lugar a "cielos nuevos [...] donde mora la justicia".

Por estos testimonios vemos que la palabra aire se utiliza para referirse a la expansión de los cielos políticos, y ahora podemos entender mejor el significado del apóstol en el versículo en referencia, y ver como los santos en Tesalónica podían obtener consuelo de sus palabras. Ser "arrebatados para recibir al Señor en el aire" significa ser exaltados como reyes y sacerdotes para reinar con Cristo en la tierra. Es digno de notar que el apóstol no dice que allí "estaremos siempre con el Señor", como si estuviera refiriéndose a un lugar; sino que así , en la condición implicada al ser "arrebatados [...] para recibir al Señor en el aire", " así estaremos siempre con el Señor". Muchos recibirán al Señor para que se les condene, se les eche, y para que se les ordene que se vayan; pero estos no lo reciben en el aire del cielo nuevo; porque cuando se abra la puerta en ese cielo, sólo a los dignos se les invitará a subir allá (Apocalipsis 4:1), y sólo a ellos se les permitirá o se les acondicionará para que resplandezcan "en el reino de su Padre" (Mateo 13:43) como "las estrellas a perpetua eternidad". (Daniel 12:3)

Estos han de recibir al Señor en un sentido más elevado que el de aquellos que lo reciban y se les ordene que se vayan. Cuando se dijo a Moisés: "Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré. Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo" (Éxodo 25:21, 22), el significado de la palabra "hablaré" es muy diferente del significado de las palabras "le topó un león en el camino, y lo mató". (1 Reyes 13:24) Hay un significado más profundo. Significa una unidad , una comunión. De modo que recibir al Señor en el aire es llegar a ser uno con él en naturaleza, para ser "semejantes a él, porque le veremos tal como él es". (1 Juan 3:2) Por lo tanto, aquellos que recibirán al Señor en el aire son los fieles hijos de Dios de quienes dice el apóstol Juan: "Mirad cual amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro". (1 Juan 3:1, 2 y 3)

Así como hay nubes en el cielo natural, así también hay en el político; y así habrá en el cielo nuevo de justicia. El apóstol Pablo llama nube a una cantidad de gente: "Por tanto, vosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia". (Hebreos 12:1) La palabra nube se utiliza figuradamente de diversas maneras, los pensamientos expresados se derivan de los cielos naturales, donde hay nubes atronadoras, nubes sin lluvia y nubes con lluvia. En tiempo de sequía, las nubes que no contienen lluvia inspiran esperanza, pero luego atemorizan con amarga desilusión. Cuando se seca la tierra, la vegetación se chamusca y se quema, y el hombre y las bestias se secan por falta de agua, con cuántas ansias los hombres esperarán y buscarán una nube, y si pueden vislumbrar una, aun cuando sea "como la palma de la mano de un hombre", cuánta esperanza y gozo trae. Ahora bien, hablamos de 'nubes de dolor', 'nubes de oscuridad', nubes de guerra', etc.; y el libro de Judas (versículo 12) habla de hombre engañadores como "nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos. Millones que gimen en nuestra época están mirando a los cielos políticos y observan las nubes, a la espera de una lluvia que lleve alivio a un mundo sediento; pero, ¡ay! las nubes no tienen agua para apagar su ardiente sed, ni hay lluvia para dar vida a los secos y estériles campos que están listos para la hoz de la cosecha de la ira que viene veloz. Pero después de que aparezcan estas nubes en los cielos nuevos, de los cuales bajará "lluvia sobre la hierba cortada; [y] el rocío que destila sobre la tierra". (Salmos 72:6)

La piedad del Israel natural ha sido "como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece " (Oseas 6:4); pero cuando la piedad del Israel espiritual aparezca como la nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, "no se desvanecerá". No será una nube sin agua; sino que será una "nube de rocío en el calor de la tierra" (Isaías 18:4), que derramará bendiciones del cielo para hacer que "el desierto florecerá como la rosa y los árboles del campo darán palmadas de aplauso". Estas son las nubes de santos que han de "recibir al Señor en el aire", compuestos de aquella cantidad de gente que habrá sido redimida de toda nación y lengua, y "en la alegría del rostro del rey han encontrado vida", y ahora para el mundo "su benevolencia es como nube de lluvia tardía". (Proverbios 16:15) El Señor hará de estas "nubes su carroza", montará "sobre una ligera nube", y en esta nube aparecerá su gloria (Éxodo 16:10), la gloria que llenará la tierra como las aguas cubren el océano.

Este pasaje en la epístola a los tesalonicenses tiene especial referencia a la mañana de la resurrección, y es en conexión con esto que se utilizan estas figuras retóricas, empleadas para adornar y embellecer un tema glorioso; uno, con cuyas palabras podemos verdaderamente "alentarnos los unos a los otros". El profeta Isaías trata de este tema con palabras grandiosas: "Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos". (Isaías 26:19) El rocío de la mañana viene del vientre de la noche, y bajo los rayos del sol naciente es llevado al aire para formarse en nubes y derramar lluvia sobre la tierra. Así también los verdaderos santos han de ser el rocío del amanecer de la gloria milenaria, sobre quienes brillará el Hijo de justicia y serán elevados hacia los cielos nuevos como nubes para dar la última lluvia de bendición, y como regaderas para regar la tierra.

Cuando de este modo esta nube esté en el aire o cielo nuevo, y ahí aparezca la gloria del Señor para el gozo de "todas las familias de la tierra", a quienes prometió bendecir el convenio abrahámico, es entonces cuando ocurrirá el glorioso cumplimiento de las palabras: "Mi arco he puesto en las nubes" (Génesis 9:13), y el convenio perpetuo encontrará su ejemplificación plena, gloriosa y sublime; es entonces cuando aparecerá y será un a realidad en el sentido de que "ojo no vio, ni oído oyó". Es entonces cuando estas cosas que ahora son materias de esperanza y promesa "se materializarán" y serán una alegre e inspiradora realidad . ¡Oh, la belleza y trascendencia de nuestra esperanza! Cuánta alegría trae incluso ahora en este día nubloso y oscuro; pero ¡"qué habrá allí" para experimentar el embelesado gozo que ofrecerá!

Hay condiciones necesarias para la aparición del arco iris con toda su prismática belleza. Debe estar el sol luminoso, la nube y la lluvia que cae. El Hijo de Justicia está listo para la aparición del arco iris del convenio perpetuo, pero el rocío del venidero amanecer está todavía encerrado en el vientre de la oscuridad de la muerte y del sepulcro. La mañana está a punto de asomarse, el rocío está por aparecer, el sol está por salir; y entonces, cuando "seamos arrebatados [...] en las nubes para recibir al Señor en el aire", el sol luminoso, la nube del rocío de la mañana y la lluvia de bendiciones que caen del cielo mostrarán que Dios ha cumplido plenamente su promesa--"Mi arco he puesto en las nubes"--y para el gozo de toda la tierra, el convenio perpetuo brillará como el sol, derramará bendiciones como la lluvia y la aparición del arco en el cielo nuevo concitará el asombro y admiración de "todas las familias de la tierra", bendecidas en la simiente de Abraham. Si somos dignos, hermanos, si Uds., amigos, se preparan para este grande y elevado llamamiento, todos podremos decir que "así estaremos siempre con el Señor" y en realidad nos alentaremos "los unos a los otros con estas palabras".

Que este sea nuestro consuelo ahora en forma parcial y en aquel día en su plena fruición. Amén.


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