La Cristiandad Descarriada - PREFACIO

A la Edición de 1884

El lector instruido tendrá paciencia ante la aparente arrogancia del título. Es una proposición, no una acusación. El asunto propuesto para consideración merece una investigación crítica. Se invita la atención a la evidencia y al argumento. Están estrictamente dentro de la esférica lógica. Pueden examinarse y desecharse, si se encuentran deficientes. Lo que el título afirma es que la cristiandad, la ostensible depositaria de la verdad revelada, está alejada de la verdad.

En realidad, el título va más allá de esto. Por implicación, afirma ciertas cosas como verdad, pero que la cristiandad no las acepta. Ofrece la prueba de las doctrinas que están conforme a la verdad, como la mejor demostración de que la cristiandad se ha descarriado de esas doctrinas. La demostración es por medio de las Sagradas Escrituras. A estas supuestamente se ciñe la cristiandad, y es a la luz de estas (estimadas como las estima la cristiandad, o sea, como escritos divinos) que se considera el asunto en todo el libro. No puede ser algo inaceptable para los sinceros creyentes en la Biblia que se debata si sus conceptos del deber y del destino son conformes a la Biblia. Esto es lo que se ha hecho en los capítulos siguientes.

Esta no es la primera vez que aparecen estos capítulos. Vieron la luz por primera vez bajo el nombre de Doce Conferencias, hace muchos años (febrero de 1862). En aquel tiempo se publicaron en partes quincenales (una conferencia por quincena) en respuesta a la demanda de aquellos que las habían oído. Las conferencias mismas fueron entregadas por primera vez en Huddersfield en cumplimiento de un deber individual por parte del conferenciante. Desde entonces han circulado muchos miles de reproducciones. Poco imaginó el autor, al tiempo que las escribió, que estuviera reservado algún destino para ellas. Él las escribió sólo para una conferencia, y supuso que su obra quedaba terminada cuando una pequeña audiencia en Huddersfield las había oído. En realidad, han revolucionado las convicciones religiosas de grandes números de personas, de cuyo hecho ha aparecido mucha evidencia escrita en las páginas de la revista mensual The Christadelphian [El Cristadelfiano] durante los pasados sesenta años y más.

Por medio de una investigación se descubrirá que la Biblia no es más responsable de las creencias y dogmas de la cristiandad que del mormonismo. Propone un sistema de doctrina que es compatible con todas las evidencias del sentido, según se halla sistematizado en las ciencias materiales de las épocas, y las cuales al mismo tiempo son recomendables para los instintos morales de cada mente plenamente desarrollada, suministrando aquellos enlaces, en ausencia de los cuales, el entendimiento humano se confunde en sus intentos por desentrañar los misterios de la existencia.

El capítulo 16 trata sobre las conexiones proféticas de los actuales acontecimientos políticos. El resultado es mostrar que los tiempos fijados para el auge de los gentiles se han cumplido totalmente, o a punto de cumplirse en la época actual del mundo. Se muestra que el estado de cosas confirma esta conclusión de la cronología. Las expectaciones proféticas se han realizado de una manera que no deja dudas en cuanto a la exactitud de las deducciones. Desde el estallido de la revolución europea, en 1848, hasta la ocupación británica de Egipto, en 1882, y el comienzo de la colonización judía de Palestina (aunque en una pequeña escala), ha habido una ininterrumpida serie de señales esperadas de la venida del Señor. El único punto de fracaso ha sido en cuanto al lugar en el programa donde ocurrirá la aparición del Señor, y esto es un fracaso no de la palabra profética, sino del cálculo humano de probabilidades. Parecía probable que el término del coercitivo poder papal sería el tiempo en que aparecería el Señor. El término del coercitivo poder papal vino en el tiempo esperado, pero no vino el Señor, y por causa de esto, los necios claman: "fracaso". Verdadero fracaso no ha habido; al contrario, las expectaciones proféticas que estaban verdaderamente garantizadas, se han cumplido en todos sus detalles de una manera maravillosa.

Casos paralelos en los antiguos tiempos bíblicos indican la naturaleza de la actual situación. En el caso del Éxodo, Israel salió de Egipto treinta años después del término del período (de 400 años) especificado como la duración de la peregrinación de Israel en la tierra de los extranjeros. En el caso de la restauración de Babilonia, no se cumplió hasta una generación después del período (70 años) fijado como la duración de su cautiverio. Pero en ambos casos, los acontecimientos tendientes al desarrollo de los resultados predichos señalizaron el termino exacto del periodo. En el caso del Éxodo, Moisés, que tenía cincuenta años de edad al término de los 400 años, había aparecido en escena, y "pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya". (Hechos 7:25) En el caso de la restauración de Babilonia, la dinastía de Nabucodonosor fue derrocada por Darío, que pertenecía a un pueblo favorable a Israel.

En el caso presente, todo lo que necesitamos buscar con respecto a esto está sucediendo delante de nuestros ojos. Los acontecimientos proféticamente característicos de la terminación de los "tiempos de los gentiles" son los hechos de la historia contemporánea. El auge papal está en un extremo del mundo de la política, secular y eclesiástica. Las naciones están "con ira", y las guerras y rumores de guerra están a la orden del día. El movimiento sionista entre los judíos proclama la inminencia de la resurrección nacional predicha por los profetas, y, por lo tanto, anuncia también la resurrección de los muertos.

De la fecha exacta de la aparición del Señor, no tenemos información. Estamos en la era de ese maravilloso acontecimiento, y puede suceder en cualquier día; pero "del día y la hora nadie sabe". Estamos en la posición que los discípulos tenían en relación con el día del juicio de Dios sobre Jerusalén; nosotros esperamos en un estado de indefinida expectación, sabiendo que el acontecimiento esperado está cerca, a las puertas; pero sin saber cuánto tiempo falta.

La verdad desarrollada de una forma completa está creando rápidamente un pueblo para el nombre del Señor a su regreso. Semejante obra es un preludio necesario para el advenimiento. El testimonio apostólico nos da a entender que Jesús encontrará un pueblo vivo a su venida. De ahí que su desarrollo es una necesidad de los últimos días. Es apropiado que Cristo tenga un pueblo contemporáneo con los desarrollos de los últimos días.

Cuando Juan el Bautista estaba vivo, por medio de su predicación, reunió de entre Israel un grupo de gente selecta, a quienes en el tiempo debido Cristo se manifestó por medio del descenso del Espíritu Santo, y por medio del cual, en sus últimas actividades, proclamó al mundo el camino de vida, venció al paganismo, y entronizó su nombre de manera tradicional en los lugares altos de la tierra. Su venida en el Espíritu se acerca; un pueblo está en preparación, aumentando en números, fe, celo, y servicio, a quienes él se revelará juntamente con los miles que él levantará de entre los muertos por su poder. Que el lector y el escritor por igual tengan la suprema felicidad de estar incluidos en su glorioso número.

(El autor de "La Cristiandad Descarriada" murió en 1898.)


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