TIEMPOS Y SEÑALES; O, LA EVIDENCIA DE QUE EL FIN ESTA CERCA

Hay muchas señales en el exterior que son indicativas de la proximidad de la intervención de Dios en los asuntos de los hombres, lo cual resultará en que los reinos de este mundo se cambiarán a "los reinos [...] de nuestro Señor y de su Cristo". (Apocalipsis 11:15) Para discernirlos, debe conocerse y entenderse la historia y la profecía en gran medida. Estas son las dos grandes luces que revelarán la conexión de los acontecimientos actuales. Sin ellas, una persona ni reconocerá ni estará interesada en "las señales de los tiempos".

Nuestra primera averiguación debe ser en referencia a "los tiempos y las sazones". Esta es la llave para todo el asunto, porque si no tenemos una pista para nuestra ubicación en la era de los gentiles, ni tenemos conocimiento de la extensión a la cual llegará esa era, es obvio que no tenemos razón para creer que estamos en la vecindad del fin, y nada nos justificaría que tratemos de hallar en los acontecimientos contemporáneos las señales que acompañan y anuncian ese fin. En un punto no puede haber diferencia de opinión, y ese es, que ya sea que se entienda o no, hay en las Escrituras diferentes especificaciones de tiempo en relación con los acontecimientos del futuro. La mejor prueba de esto se halla en las siguientes citas:

"Te levantarás y tendrás misericordia de Sión, porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo ha llegado". (Salmos 102:13)

"Aunque la visión tardará aún por un tiempo [establecido], mas se apresurará hacia el fin, y no mentirá". (Habacuc 2:3)

"En el tiempo señalado, será el fin". (Daniel 8:19 - Versión del Rey Santiago)

"Y hablará [el cuerno pequeño] hablará palabras contra el altísimo, y a los santos del altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo". (Daniel 7:25)

"¿Hasta cuándo durará la visión? [...] Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado". (Daniel 8:13, 14)

"Y desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días". (Daniel 12:11)

"Ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses". (Apocalipsis 11:2)

"Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo". (Apocalipsis 12:14)

Estos pasajes prueban dos cosas: primero, que "un tiempo determinado" existe en la mente de la Deidad para la consumación de su propósito; una conclusión que debe ser recomendada a cada mente que se dé cuenta del hecho que Dios conoce todas las cosas desde el principio al fin; y, segundo, que él ha dado una revelación acerca de los "tiempos y sazones". Esta revelación puede a primera vista ser obscura, pero no puede negarse el hecho de que ha sido dada en vista de las citas recién enumeradas. Siendo esto así, surge la presunción de que pueden entenderse, ya que, siendo un asunto de revelación, no podrían haberse dado por ninguna otra razón.

Sin embargo, tenemos que observar las calificaciones con las que está relacionada divinamente esta conclusión. Nos referimos a las palabras dirigidas a Daniel: "Ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán". (Daniel 12:10) Esto implicaría no sólo que es necesaria la rectitud, sino también que el asunto no sea comunicado de manera tal que sea comprendido a primera vista, sino que requiere la calificación de la "sabiduría" para extraer el significado oculto.

También queremos citar palabras de similar importancia que ocurren en el Apocalipsis: "Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia"; mostrando que el asunto, tal como se presenta, era un enigma que para desentrañarlo requería las llaves del conocimiento. En vista de esto, no hay razón para que nos sorprendamos por las equivocaciones que se han cometido de vez en cuando en la interpretación de los tiempos y las sazones. Innumerables teorías, chocantemente absurdas, han surgido en todas las épocas del mundo, fundándose en lo que está escrito en cuanto a los tiempos y las sazones. Se han fijado fechas, y se han predicho acontecimientos que el tiempo ha refutado. Este hecho ha desconcertado a las mentes débiles, y ha motivado el desprecio y el escepticismo en relación con el tema en su totalidad. Incluso muchos de los devotos se han disgustado, y rehúsan dar credulidad a nada que se relacione con el tema; pero debe admitirse que esto sin duda es evidencia de falta de perspicacia más bien que de sabiduría.

Hay una gran diferencia entre una interpretación incompetente y la insensatez esencial en la naturaleza del asunto que se quiere interpretar. Ninguna mente devota, que reciba la palabra de Dios con toda sinceridad, como la manifestación de su mente para la instrucción de sus siervos, estará contento de aceptar las tonterías del pasado como una refutación de la claridad de lo que Dios ha dado a conocer; pero bajo la convicción de que debajo de los enigmas mal entendidos de su palabra, yacen importantes hechos que él quisiera que nosotros entendiéramos, ellos se esforzarán ansiosamente por penetrar la oscuridad que ha desconcertado a otros, y llegar a la mente de Dios en un asunto tan importante en su conexión con nuestra relación mental hacia los propósitos de Dios.

Algunos imaginan que el Nuevo Testamento obstruye el camino contra toda investigación del tema de los tiempos y las sazones; pero un examen demostrará que esto es un error. Es cierto que Jesús dijo a sus discípulos: "No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad" (Hechos 1:7); pero esto tenía una conexión especial con el tiempo y las personas en referencia a quienes estaban dirigidas esas palabras, y de ninguna manera discrepa con la presente investigación.

Estas palabras fueron dichas a los discípulos en la víspera de su ascensión en un tiempo cuando ellos necesitaban tales palabras. La mente de ellos estaba llena de preocupación por la manifestación del reino. Ellos habían preguntado: "Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?". No sabían que el tiempo para el reino estaba aún muy lejano. Aparentemente, ignoraban que tenía que transcurrir un gran intervalo, o sea, "los tiempos de los gentiles". No sabían que debía hacerse la ardua obra de predicar el evangelio; y la aun más ardua obra de desarrollar un pueblo para Dios por medio de la fe predicada, lo que implicaría mucho sufrimiento por su nombre, y una muy larga y agotadora espera durante una larga noche de siglos, para su venida.

La idea de que el reino fuera en aquel tiempo a establecerse era un obstáculo en el camino de la obra en la cual ellos estaban a punto de entrar, y, por lo tanto, Jesús les despeja la duda diciéndoles que no correspondía a ellos, en sus circunstancias, ponerse a pensar en los tiempos y las sazones, sino en regresar a Jerusalén y esperar allí la efusión del Espíritu que había de calificarlos para dar testimonio de él como sus testigos en toda Judea y Samaria y en los confines de la tierra. Esto era razonable y apropiado en tales circunstancias; pero interpretar lo que se dijo apropiadamente para el tiempo y las circunstancias como una desaprobación y prohibición de toda subsiguiente investigación sobre el tema, evidenciaría un juicio falto de perspicacia, e introduciría un elemento de discordia en la palabra, lo cual, de esta manera, serviría para desalentar en un lugar el estudio de aquello que se reveló en otro.

Aquellos que desdeñan el estudio de los tiempos proféticos dependen también de 1 Tesalonicenses 5:1. Pablo escribió a los tesalonicenses:

"Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas". (1 Tesalonicenses 5:1-5)

Pero, lejos de responder al pretendido propósito, estas palabras de Pablo muestran que el tema de "los tiempos y las sazones" no era un tema proscrito. Pablo da a entender que él les habría escrito sobre el tema, pero dice: "no tenéis necesidad" de que lo haga, y la razón es que "vosotros sabéis" que cuando llegue el día, vendrá como un ladrón--inesperado e indeseado--sobre el mundo, pero no sobre ustedes, porque "vosotros sois hijos de luz e hijos del día. El sentido en el que ellos eran hijos de la luz puede entenderse de dos maneras. Puede significar: 'Uds., tesalonicenses, están listos para el día del Señor; por lo tanto, no importa cuando él venga; es innecesario hablar de los tiempos y las sazones cuando Uds. están preparados para el acontecimiento'.

Evidentemente, este es el punto de vista que tomaron los tesalonicenses; porque la segunda carta de Pablo a ellos los encontró a la espera de la inmediata manifestación de Cristo. Pero que esta era una interpretación equivocada de sus palabras, parece por lo que él dijo en su segunda carta a la misma iglesia. Él dice (c. 2:1): "Os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía". Por esto, es evidente que la segunda manera de interpretar las palabras de Pablo, en la primera epístola, es la correcta, o sea, 'No es necesario que yo les escriba acerca de los tiempos y las sazones, porque Uds. son los hijos de la luz, y deberían saberlas'. ¿Por qué debería Pablo asumir que ellos sabían todo acerca de eso? Él nos da su razón en la segunda epístola: "¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto?" (v. 5) Si lo ignoraban, era porque habían olvidado lo que Pablo les dijo; porque Pablo les había dicho que Cristo no podía manifestarse hasta ocurrieran ciertos acontecimientos predichos por los profetas.

Al mismo tiempo. no puede negarse que sus ideas de los tiempos y las sazones serían, necesariamente, más imperfectas y confusas que las nuestras; primero debido a la gran distancia de tiempo que los dividía del fin; y, segundo, debido a que en aquel tiempo estaba pendiente la visitación del juicio divino sobre Jerusalén y la nación judía, predicha por Jesús, lo cual tenía el efecto de concentrar el interés de ellos hasta cierto punto en su propia generación, y en muchos casos, de crear la expectación de que como Dios estaba a punto de aparecer en escena en el juicio, él no lo dejaría sin efectuar la liberación de ellos, más especialmente cuando Jesús vinculó lo último con lo primero, en relación con la sucesión de acontecimientos, aunque, como el tiempo lo ha demostrado, no en relación con la secuencia cronológica.

Una declaración de Daniel (12:4) parece indicar que es en nuestros días más específicamente que se han de entender las visiones proféticas, tanto en relación con sus acontecimientos como con los tiempos: "Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, la ciencia se aumentará". Hay una razón de por qué las palabras pueden entenderse al tiempo del fin. En "las palabras" están delineados proféticamente acontecimientos históricos que se extienden por siglos, y al tiempo del fin tenemos los hechos de la historia cumplida como los infalibles intérpretes de estas palabras. Por medio de la ayuda de estos hechos, podemos comprender el plan profético, tanto en relación con sus acontecimientos como con los tiempos, y así calcular nuestra posición como para determinar donde estamos en relación con la maravillosa consumación del fin mismo.

Con respecto a la pregunta, "¿cuánto tiempo"?, se observará que en los pasajes citados los tiempos definidos se miden en su mayor parte por "días". Por lo tanto, la primera pregunta que hay que considerar es, ¿qué hemos de entender por la palabra usada de esa manera? ¿Hemos de leerla como representativa de tantos días de 24 horas de duración? Una clase ha surgido y se ha multiplicado considerablemente, que dice "sí", con toda confianza. Pero nosotros les preguntamos si eso es así, ¿cómo es que Daniel lo entendió: "Y yo oí, mas no entendí" (Daniel 12:8), cuando se le informa de la duración de la visión en días? ¿Y cómo es que sólo los entendidos han de entender? Si se refiere a días literales, no se requiere sabiduría. Leerlo como días literales es un sencillo método de interpretación, aceptado con alivio por las mentes incapaces, debido al desuso, de ir más debajo de la superficie de las cosas, y de subir a alturas del conocimiento por medio de los escalones indicativos que hay en el nivel; pero la falacia del principio se hace evidente ante el más simple intento por interpretar las declaraciones ya señaladas en conformidad con dicho principio.

Por ejemplo, Daniel vio una visión (c. 8) en el que se incluyen los siguientes acontecimientos: el comienzo y auge del Imperio Persa, su derrocamiento por Alejandro Magno, la partición del Imperio Griego, a la muerte del monarca, en cuatro partes, y el surgimiento del poder romano en la sección sur del dividido imperio, dando como resultado la muerte de Jesús, la disrupción de la comunidad judía, y el derrocamiento final del enemigo destructor. Habiendo pasado la visión ante Daniel, él oye que alguien pregunta: "¿hasta cuándo durará la visión?, en respuesta a lo cual, se hizo la declaración: "Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado [o vengado]".

Ahora bien, si interpretamos esto con el significado de que los acontecimientos representados en la visión sólo deberían ocupar 2.300 días naturales, convertimos la visión en algo absurdo. Hacemos que comprima en poco menos de seis años, acontecimientos que, sólo el primero de los cuales, o sea, el auge y desarrollo del Imperio Persa, ocupó cerca de 250 años. Los teóricos del día literal intentan salir de la dificultad aplicando el período mencionado en la visión a los estragos de Antíoco Epífanes, quien suprimió el sacrificio diario durante casi siete años, al fin de los cuales fue restaurado por los Macabeos; pero esta sugerencia es enteramente desechada por la declaración del ángel (v. 17), de que "la visión es para el tiempo del fin". Incluso, si no tuviéramos este claro indicio, la sugerencia sería refutada por la improbabilidad de que tan insignificante acontecimiento haya sido el tema de una profecía para los entendidos de todos los tiempos; pero definitivamente queda excluida por el alcance de los acontecimientos, representados en la visión a la cual se aplica la declaración acerca del tiempo, y por la declaración adicional del ángel de que la visión sería "para muchos días". (v. 26)

En el capítulo 10 tenemos un mensaje profético comunicado por un ángel a Daniel, "en el año tercero de Ciro rey de Persia". Este mensaje comienza con la fecha dada, y, uniendo toda la subsiguiente historia, baja hasta la destrucción del "rey del norte" en los montes de Israel, en la manifestación de Jesús cuando se efectúe la resurrección. Como en el otro caso, Daniel oye que alguien pregunta: "¿Cuándo será el fin de estas maravillas?". La respuesta es: "Por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo". Daniel dice: "Yo oí, mas no entendí". Un tiempo era un período judío compuesto de 360 días. Por lo tanto, "tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo", eran equivalentes a "un tiempo, dos tiempos, y medio tiempo", o "tres tiempos y medio", o 1260 días. Por lo tanto, no es de extrañarse que Daniel no haya entendido, porque los acontecimientos que él había presenciado en visión eran en tal escala que requerían siglos para su desarrollo. La medición de tales acontecimientos en días bien podría haber desconcertado su entendimiento.

Este modo de medición se repite en respuesta a la suplicante pregunta de Daniel: "Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas?". (Daniel 12:8) "Desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días. Bienaventurado el que espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días [45 días más]. Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días". Es evidente que en estas expresiones no se está haciendo referencia a días literales. Han pasado siglos desde que comenzaron a suceder los acontecimientos a los cuales estos se aplican; y el período definido, tomado literalmente, se ha multiplicado cientos de veces, y no obstante aún no se ha producido la llegada del fin que se predijo.

Entonces la pregunta es: ¿qué se da a entender por estos días proféticos? Afirmamos, fundándonos en la siguiente evidencia, que cada día representa un año.

Moisés envió espías a reconocer la tierra de Canaán, en el segundo año después de que los hijos de Israel salieron de Egipto. Los espías estuvieron ausentes durante cuarenta días, y regresaron al fin de ese tiempo, con un desalentador informe en cuanto a las probabilidades de una invasión exitosa del país, y aconsejaron que se rechazara a Moisés y que toda la congregación regresara a Egipto. El pueblo, siempre propenso a no confiar en Dios, prestaron atención al consejo de los espías, y estaban a punto de ponerlo en práctica, cuando intervino Dios, y reivindicando a Moisés, dictó sentencia contra toda la congregación, en las siguientes palabras:

"En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra [...] Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestra rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto. Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día". (Números 14: 29, 30, 33, 34)

Esta es una transacción histórica, en la que un día literal fue hecho la base de un año literal. Ahora podemos citar un caso de profecía.

A Ezequiel se le ordenó que hiciera una representación en miniatura de Jerusalén, e imitara un asedio contra la ciudad, con el propósito de señalar al pueblo de Jerusalén que Dios tenía la intención de castigarlos por su iniquidad. Entonces se le instruyó que indicara los tiempos en relación con los acontecimientos representados:

"Y tú te acostarás sobre tu lado izquierdo, y pondrás sobre él la maldad de la casa de Israel. El número de los días que duermas sobre él, llevarás sobre ti la maldad de ellos. Yo te he dado los años de su maldad por el número de los días, trescientos noventa días; y así llevarás tú la maldad de la casa de Israel. Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado derecho segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días; día por año, día por año te lo he dado". (Ezequiel 4: 4-6)

Aquí hay una transacción simbólica, en la cual "los tiempos y las sazones" habían de representarse; y se indica expresamente que la simbolización del tiempo debería ser en la escala de un día por año.

Que esta es la escala sobre la cual se han establecido los períodos proféticos de Daniel, es evidente por un bien conocido caso en el que su predicción del tiempo ha sido verificada históricamente. La frase "setenta semanas" se emplea para definir el período que había de transcurrir desde la publicación del último edicto persa para la restauración y reconstrucción de Jerusalén, hasta el logro de los siguientes objetivos en la muerte del Mesías: 1º, terminar con la transgresión; 2º, poner fin al pecado; 3º, hacer reconciliación por la iniquidad; 4º, establecer la justicia eterna; 5º, sellar la visión y la profecía; y 6º, ungir al Santísimo. Setenta semanas son 490 días; de ahí que la frase "setenta semanas" no sea más que otra manera de expresar 490 días. En vista de esto, qué significativo es el hecho que desde el edicto en referencia (de Artajerjes, 456 años antes de J. C.) hasta la crucifixión de Cristo transcurrió un período de exactamente 490 años. Una disputa entre los cronólogos, en cuanto a si el período alcanzó exactamente al año 490, no disminuye el peso de la evidencia proporcionada en el cumplimiento de esta profecía en cuanto a la verdad del principio de día por año, que se ha aplicado a la solución de los períodos proféticos; el hecho que haya una disputa, sólo ilustra la oscuridad de la historia antigua en la que se hace referencia a fechas precisas.

Adoptando el principio de un día por año, procederemos a señalar las evidencias que muestran que ya hemos llegado casi al límite máximo de los tiempos de los gentiles, y que estamos al borde del futuro predicho por los profetas. Hay cuatro o cinco diferentes métodos de demostrar esta conclusión; cuatro o cinco modos independientes de calcular, lo que lleva a un resultado idéntico; cuatro o cinco líneas cronológicas separadas que convergen en una sola época en la historia del mundo, uniéndose para decirnos las grandiosas y terribles nuevas que el momento está casi sobre nosotros cuando el Altísimo, que habita en eternidad, habiendo retenido su paz por un largo tiempo, está, en la persona de Jesús, a punto de levantarse como un poderoso guerrero y entrar en controversia con las naciones de la tierra, destruyendo su poder impío, echando por tierra su fortaleza, enseñándoles justicia por medio de fieros juicios, y subyugándolos al cetro del reino de David, bajo cuyo yugo ellos disfrutarán de la felicidad que todas las generaciones de Adán, durante agotadores 6000 años, han anhelado y deseado, pero que no pueden tener y nunca tendrán hasta que "aquel varón a quien [Dios] designó" se manifieste en la tierra "como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa". (Isaías 32:2)

El primero no es en sí mismo un modo concluyente de calcular; pero su coincidencia con aquellos que son seguros, muestra que en él hay verdad. Nos referimos a la tradición, que es de muy antiguo origen, de que como Dios efectuó la reorganización del mundo físico en seis días naturales, y consagró el séptimo como un día de descanso y bendición, así también él ocupará seis días, de mil años cada uno, para poner en orden el cielo y la tierra políticos de los asuntos humanos, y apartará el séptimo milenio, o período de mil años, como una era sabática, en la cual prevalecerá la justicia y la paz, como las aguas cubren el mar.

Esta teoría no está expresamente establecida en la palabra, pero no carece del todo de respaldo. Por ejemplo, la duración del reino sucede que es la extensión exacta de la supuesta era sabática; y este período--el reino de Dios preparado para aquellos que lo aman--referido expresamente por Pablo como un descanso sabático, y, por lo tanto, en algún sentido un séptimo período (Hebreos 4:9) La expresión de Pedro, "Para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día" (2 Pedro 3:8), algunos escritores la citan a favor de la tradición en referencia, pero no puede ponerse mucho hincapié en ella. La teoría descansa en otras bases; y la más firme de estas es su concordancia cronológica con los períodos proféticos menores.

Asumiendo que sea un método correcto de calcular, ¿a qué distancia estamos, basados en este principio, del fin de la era humana? La respuesta a esta pregunta depende de la edad del mundo (no geológica, sino desde la creación adánica) El proceso por el cual se llega a este punto, es necesariamente largo y complejo. Debemos referirnos a los resultados alcanzados por aquellos que han efectuado este proceso, y que han demostrado cada eslabón en la cadena cronológica. Nos basamos especialmente en las deducciones del Dr. Thomas, quien ha dedicado muchísima atención al tema, y quien ha colocado los resultados de su investigación en tal forma ante el lector general--véase Chronikon Hebraikon--que el proceso que a él le costó mucho tiempo y labor puede verificarse o impugnarse en cuestión de minutos.

El resultado general es mostrar que el mundo tenía 4.090 años de antigüedad al momento del nacimiento de Cristo, e vez de 4.004, como se supone comúnmente. Añada a los 4.090 los actuales 1905 años, y tenemos 5.995 años como la verdadera antigüedad del mundo hasta la fecha. Si esto es así, sólo faltan como cinco años para completar los 6.000 años de la grandiosa semana del mundo, y, por lo tanto, estamos en esa cantidad de años que faltan para el tiempo en que las bendiciones de Abraham prevalecerán en todo el mundo por medio de Cristo.* Pero no estamos, por consiguiente, en esa cantidad de años que faltan para el advenimiento. La venida de Cristo es un acontecimiento; el establecimiento del reino, es otro. El primer acontecimiento debe necesariamente preceder al segundo por un considerable período de tiempo. No puede destruirse la constitución de la sociedad humana por sentencia y reorganizarla en un día. Esta es una obra que tomará tiempo. Es natural suponer que debe haber años de actividad divina en la tierra antes de la inauguración final del milenio sabático, y esto, por supuesto, da cabida para que Cristo venga antes del fin de los 6000 años.

El siguiente período es el conocido como "Los Siete Tiempos de Daniel", el cual surge en conexión con una historia breve y familiar consignada en Daniel 4. Nabucodonosor, rey de Babilonia, vio en un sueño un árbol majestuoso que daba refugio a los animales del campo y a las aves del cielo; y mientras él observaba, descendió un ángel y dio órdenes para que el árbol fuera derribado, pero que se dejara el tocón en la tierra y se le envolviera con bandas de hierro y bronce, y que deberían pasar siete tiempos sobre él. Daniel interpretó esto con el significado de que Nabucodonosor sería quitado de su reino, y que viviría en compañía de los animales por un período literal de siete tiempos, o casi siete años, y ocurrió así, tal como se predijo, y al fin del período, Nabucodonosor recuperó su razón, y bendijo al Altísimo.

En una lectura superficial del caso, parecería como si no hubiera nada más que un aspecto literal en esta narración, y como si la importancia de la visión terminaba con la restauración de Nabucodonosor, al fin de los siete tiempos literales; pero una percepción más profunda revelará una espléndida alegoría política basada en la narración literal. En el simbolismo político, un árbol representa a un reino (véase Ezequiel 31: y Mateo 13:32) Por lo tanto, el árbol del sueño de Nabucodonosor representa al reino de Nabucodonosor, aunque principalmente lo representa a él. Sobre este principio, podemos entender que el tocón del árbol se haya vendado con hierro y bronce, porque cuando el dominio babilónico se terminó completamente, los reinos que lo sucedieron no fueron más que una prolongación política del poder de Babilonia con los elementos de bronce y hierro, o griego y romano.

Además, al representar a Nabucodonosor personalmente, el árbol necesariamente representaba al reino de Babilonia, porque Nabucodonosor mismo era el representante del reino. Esto es evidente por el contenido del segundo capítulo. En él, Daniel se dirige a Nabucodonosor (v. 38) como el representante dinástico del dominio de oro. "tú eres aquella cabeza de oro. Y después de ti se levantará otro reino", como si Nabucodonosor fuera un reino. Así estuvo él, representativamente, en el segundo capítulo; y así también podemos presumir que estuvo en el cuarto capítulo, y participó en la transacción que ahí se narra, como el dramático representante de las fortunas de su reino.

En todo caso, la narración conlleva una extraordinaria correspondencia alegórica con la secuela histórica. Los siete tiempos computados alegóricamente comenzarían con la ascensión de Nabucodonosor al trono de Babilonia. Esto fue en el año 610 a. c. Ahora bien, añadiendo siete tiempos de años 360 x 7 = 2520 años a esa fecha, llegamos al término de los 6000 años de la edad del mundo. De esta manera:

Siete tiempos--comienza el reinado de Nabucodonosor, 600 años a. c. 2520

Para encontrar la conclusión de este período, a. c., réstele los años que transcurrieron antes de Cristo ... ... ... ... ... ... 610

Dando como el término de los siete tiempos a. c. ... ... ... 1910

El mundo con 6000 años de edad a. c. 1910

Este resultado es notable, y confirma la suposición que surge en una estrecha consideración de Daniel 4, o sea, que los siete tiempos que literalmente midieron el destierro de Nabucodonosor del imperio, también tienen por objeto medir simbólicamente la era del alejamiento del mundo de Dios, desde el tiempo de la visión. Al fin de los siete tiempos literales, Nabucodonosor dice: "Mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre". Qué impresionantemente esto representa el cambio que vendrá sobre los reinos del mundo al término de los siete tiempos simbólicos, cuando:

"A ti vendrán naciones desde los extremos de la tierra, y dirán: Ciertamente mentira poseyeron nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho". (Jeremías 16:19)

"Todas las naciones que hiciste vendrán y adorarán delante de ti, Señor, y glorificarán tu nombre". (Salmos 86:9)

"Ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón". (Jeremías 3:17)

"Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y no enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas". (Isaías 2:3)

"Cuando los pueblos y los reinos se congreguen en uno para servir a Jehová". (Salmos 102:22)

"Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones". (Malaquías 1:11)

"Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el nacimiento del sol su gloria". (Isaías 59:19)

El siguiente período es uno mencionado en conexión con una visión consignada en Daniel 8. La visión se comunicó en símbolos, y sus características fueron estas: Un carnero con dos cuernos desiguales se vio atacando en dirección al poniente, al norte y al sur, cuando "se engrandecía", su carrera fue interrumpida por la llegada de un macho cabrío que venía del poniente, con un gran cuerno entre los ojos. Un choque entre los dos animales simbólicos dio como resultado la total derrota y aplastamiento del carnero, y el engrandecimiento del macho cabrío. sin embargo, el notable cuerno del macho cabrío se rompió inmediatamente después, y en su lugar, surgieron cuatro cuernos, y de uno de los cuales surgió un quinto cuerno, el cual prosperó y destruyó todas las cosas judías.

La interpretación se proveyó junto con la visión misma, de manera que los símbolos llegaron a ser altamente interesantes. Se declara (v. 20) que el carnero de los dos cuernos era la co-dinastía de Media y Persia; y el macho cabrío el reino de Grecia, bajo el liderazgo de su "primer rey [imperial]", o Alejandro Magno. Siendo esto así, la batalla entre los animales representa la guerra entre las dos potencias, lo que dio como resultado la subyugación del Imperio Persa, y el establecimiento del gobierno griego sobre el mundo civilizado habitable. La ruptura del cuerno notable es la muerte de Alejandro, poco después de que completara sus triunfos militares; y el crecimiento de cuatro cuernos, la división del imperio de Alejandro entre sus cuatro generales: Tolomeo, Seleuco, Casandro, y Lisímaco.

De uno de estos había de aparecer una potencia que "destruiría a los fuertes y al pueblo de los santos", esto es, los judíos. Esto la identifica con la potencia romana, la que, en relación con el Estado Judío, hizo su primera aparición en el territorio que se asignó a Seleuco, y después desarraigó completamente al poder judío en una serie de campañas que culminaron en la destrucción de Jerusalén, y en el casi total exterminio de la raza de los judíos. La visión termina con este triunfo, y deja el futuro en la oscuridad, con la excepción de una indicación general de que el poder que de esta manera destruiría a los fuertes y al pueblo de los santos, sería "quebrantado, aunque no por mano humana".

En la visión misma, no había nada que indicara a Daniel la extensión del tiempo durante el cual prevalecería esta potencia del cuerno pequeño del macho cabrío (descrito como de fiero aspecto) sobre el reino de Jehová. en una palabra, la extensión de "los tiempos de los gentiles" no estaba indicada en los símbolos. Sin embargo, esta deficiencia fue remediada antes de que la visión se cerrara finalmente:

"Entonces oí a un santo que hablaba; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados? Y él dijo: hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado". (vs. 13, 14)

Ahora bien, sucede que el manuscrito Vaticano de la Septuaginta lee "2.400 días", lo que se dice concuerda con ciertos manuscritos en posesión de los judíos de Bokhara. Y ha de notarse que una "tarde y mañana" son 24 horas, no 23, lo cual parece favorecer los "2.400". Por lo tanto, tenemos que elegir entre los dos. Hace quinientos años habría sido difícil hacer una elección, excepto en la medida en que otras fechas (contérminas), con las cuales esta debe haber sido hecha que concordara, podría habernos ayudado en la selección. Sin embargo, ahora podemos decidir, por la sencilla razón de que la primera lectura es negativa por el error histórico en la fecha. "2.300" días pasaron hace más de 100 años, y no ocurrió ninguna venganza por el santuario. Pero debe decirse, ¿cómo sabemos que los "2.300" terminaron hace más de cien años? La respuesta es muy sencilla. Ubique el comienzo de cualquier término de años, y su terminación seguirá sola.

Ahora bien, el comienzo del período en referencia es idéntico al comienzo de la visión misma. La pregunta es: "¿Hasta cuándo durará la visión, etc.", esto es, ¿por cuánto tiempo se extenderá la visión observada? Siendo esto así, sólo tenemos que averiguar la fecha del primer acontecimiento que se vio en la visión, y a partir de esa fecha calcular la extensión del período definido como la duración de los acontecimientos representados. Al consultar la visión, el lector percibirá que el primer acontecimiento es la aparición del Imperio Medo- Persa, en ese aspecto en particular de la visión representado por la mayor altitud de un cuerno del carnero sobre el otro. Se declara expresamente que los dos cuernos son representativos de los dos elementos del reino del carnero, los medos y los persas. Siendo esto así, se desprende que el aumento en tamaño del segundo cuerno sobre el primero (puesto que se dice "el más alto creció después") representa el dominio más prolongado del elemento persa, el cual fue el último en acceder al trono. Darío el Medo reinó dos años, y, muriendo sin dejar descendencia, fue sucedido por su sobrino Ciro el Persa, cuya familia retuvo el poder hasta que el imperio fue derrocado por Grecia 200 años después.

Cuando Daniel vio al carnero, parecería al principio, que ambos cuernos estaban en su cabeza, por lo cual podría sostenerse que la fecha de l comienzo de la visión sería indefinidamente en algún lugar al principio de la monarquía persa; pero la declaración suplementaria de que "el más alto creció después", sugeriría que Daniel fue testigo del cuerno primero brotando del cuerno segundo o sobresaliente. Si esta es una deducción correcta, "los tiempos de la visión" comenzarían con la ascensión de Cito al trono; siendo él el inicio del cuerno más alto que nació después. Esto sería el año 540 a. c. como el principio de los días. Ciertamente, los días no empezaron antes. Deben haber empezado después. Si la declaración "el más alto creció después" es una explicación, y no una descripción de lo que Daniel realmente vio, la fecha del comienzo habría que buscarla en el tiempo cuando Ciro ya había reinado un tiempo suficiente para constituir el cuerno persa, de hecho, el más alto de los dos.

Adoptando el año 540 a. c. como la fecha del comienzo, el error de la lectura de los 2.300 años se nota de inmediato; puesto que daría el año 1760 de nuestra era como el término de la visión, y el tiempo en que el santuario será vengado. Adoptando el año 2400 obtenemos el año 1860 como la fecha de término. Algunos pueden pensar que esto debe ser igualmente un error como el otro, ya que aún no se han producido los hechos que están contemplados en la "venganza" predicha. en respuesta a esto sólo puede observarse que, suponiendo que este sea el caso, no muestra que los "2400 días" estén equivocados, sino sólo que se les dio comienzo muy adelantado al fijar el comienzo en el primer año del solo reinado de Ciro, lo cual favorecería la sugerencia ya rechazada, que el comienzo debería fecharse más adelante en los anales persas, cuando el segundo cuerno, como un hecho histórico, se haya hecho mayor que el cuerno medo, con lo cual comenzó el Imperio.

Pero no es seguro que nada marca la época que comienza en 1860, que afecte la tierra y los intereses del "pueblo de santos". Al contrario, es un hecho de la mayor notoriedad que este es un período de gran actividad en conexión con Palestina y los judíos.

En 1860 se estableció en Francia "La Alianza Universal de Israelitas", una sociedad que ya cuenta con miles de suscriptores. En 1871 se estableció en Inglaterra "La Asociación Anglo-Judía" en conexión con la sociedad más antigua. Y en Viena se estableció otra rama. De esta manera empezó ese fortalecimiento internacional de los lazos de hermandad en Israel, que es un fenómeno tan notable de nuestros tiempos.

Estas cosas surgieron de las primeras necesidades de los judíos. En Damasco, en 1840, hubo considerables robos y persecución de los judíos de parte de los oficiales turcos, culminando en masacre. En conexión con esto, Sir Moisés Montefiore fue al Oriente, y recibió el agradecimiento personal de la Reina Victoria y el título de caballero por lo que hizo.

Hay otras evidencias de reactivación en relación con los asuntos judíos, que ocuparía mucho espacio para darlas a conocer. Si es 1860 o una fecha posterior el verdadero término del período de 2400 años, no hay duda acerca del término de época del período que cae en el tiempo de la actual generación. Este es el hecho en líneas generales al cual deseamos especial atención. El período de tiempo debe terminar en este sector del período marginal ya mencionado, por la sencilla razón que en ese período ocurre el proceso por el cual se lleva a cabo el resultado mencionado en la visión de 2400 años, o sea, la purificación o venganza del santuario.

El período siguiente puede demostrarse con mayor certeza y exactitud, y coincide con el resultado al cual la visión de 2400 nos lleva, proporcionando de ese modo evidencia colateral de la exactitud de la teoría de la semana milenaria, y del método de "siete tiempos" de computar la duración del reino de los hombres, y, al mismo tiempo, estableciendo, con una fuerza que es casi irresistible, la conclusión general que en 1905 estamos muy cerca de ese prodigio de prodigios históricos, el advenimiento de Jesús con poder y gran gloria para destruir a aquellos que destruyen la tierra, y para establecer la "gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres".

Nos referimos a la visión de Daniel acerca de las cuatro bestias. La explicación acerca de las cuatro bestias, así como los cuatro metales de la imagen, es que representan las cuatro grandes dinastías imperiales que han gobernado al género humano sucesivamente como un dominio universal (Daniel 7:17, 23) Se dirige especialmente la atención a la cuarta bestia, ya que es en conexión con ella que las consideraciones cronológicas de la visión surgen más específicamente. Se admite universalmente que esta representa al Imperio Romano, el cual, en relación con el de Babilonia, era "el cuarto reino". (v. 23)

En la cabeza de la cuarta bestia había diez cuernos. Este número aumentó por la aparición de un onceavo, el cual, sin embargo, por sus actos agresivos, disminuyó rápidamente la cantidad total a ocho. El onceavo cuerno se diferenciaba de los otros porque tenía ojos y boca, "parecía más grande", y tenía una propensión hostil que desplazó a tres de los primeros cuernos para hacer espacio para sí mismo. Empleó su boca para hablar "palabras contra el Altísimo", y usó su poder contra el Todopoderoso, para finalmente ocasionar la perdición de todo el cuerpo corporativo del cual formaba parte. Sin embargo, este no fue un resultado instantáneo; el cuerno prevaleció por un período de tiempo antes de que llegara la retribución. El testimonio es:

"Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo". (Daniel 8:25)

La conclusión de este período está marcada por un acontecimiento como sigue:

"Yo entonces miraba a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego [...]. Este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino [...]. Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin". (Daniel 7:11, 21, 22, 26)

Ahora bien, la importancia de este simbolismo es bastante evidente. Como el cuerpo de la bestia era el Imperio Romano, se desprende que el Imperio Romano (pese a sus vicisitudes históricas) había de continuar en la misma forma hasta la llegada del "Anciano de días" quien lo destruirá, un acontecimiento que es aún futuro; pero como un reino íntegro no había de continuar; los diez cuernos en la cabeza de la bestia muestran esto. La interpretación es: "Los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes". Los reyes representan dominios, y de ahí que la aparición de diez reyes en la cabeza de la bestia muestren que, finalmente, el Imperio Romano de íntegra magnitud, en vez de continuar siendo controlado por una sola voluntad imperial, como el cuerpo de una bestia es controlado por su cabeza, había de ser partido en diez realezas o reinos separados, obedeciendo a tantas voluntades políticas separadas, y sosteniendo una existencia política independiente, aunque formando parte integrante del sistema romano de naciones.

Claramente, este hecho no es menos evidente en la visión de Nabucodonosor acerca de la imagen. Las piernas de hierro representan la autonomía del imperio en sus días prósperos; los pies, una mezcla de hierro y barro cocido, y divididos en diez dedos, que simbolizan la etapa posterior de la historia romana--una etapa que abarca la era "moderna" hasta el tiempo actual, y un poco más aún--una etapa en la que el poder y el territorio del Imperio Romano están distribuido entre estados rivales y monarcas que han brotado de sus brasas políticas.

La cronología del símbolo de la cuarta bestia puede determinarse por la carrera del cuerno pequeño. El sistema de la cuarta bestia había de continuar, al menos, por un tiempo, tiempos, y medio tiempo, desde el tiempo en que el cuerno pequeño hizo su aparición, al término del cual, había de ser destruida por sentencia divina, y el dominio transferido a los santos. De ahí que si podemos identificar al cuerno pequeño en la historia, y fijar la fecha de su aparición, podremos llegar a una conclusión correcta en cuanto a la llegada del tiempo del juicio destructor sobre la cuarta bestia, que se efectuará a la venida del Anciano de días, en la persona de Jesús para poner término a las arrogantes blasfemias que han prevalecido por tiempo, tiempos, y medio tiempo. Para hacer esto, debemos dar un poco de atención a la aparición de los diez cuernos de la cuarta bestia, ya que los diez cuernos preceden al advenimiento del poder del cuerno pequeño. Esto nos lleva hasta lo que se llama "la caída del Imperio Romano", cuando "el cuarto reino" pasó de su condición imperial a su fase dividida y de monarquía múltiple.

Aquí contemplamos un período prolongado de sangrienta revolución. Los ejércitos romanos, después de siglos de proezas imbatibles, habían dejado de ser temibles debido a la afeminación de una raza acostumbrada a la victoria y al lujo, y debido a desgobierno de los emperadores, que gobernaban para obtener ventaja personal más bien que por el bienestar público. La consecuencia fue que las rapaces hordas de Europa del Norte y del Asia, atraída hacia el tambaleante imperio, como aves de presa hacia una carroña, bajaron como nubes sobre las fértiles y cultivadas tierras del sur, y aunque por algún tiempo se les impidió el avance, finalmente atravesaron cada barrera, y derrotando a los ejércitos romanos, capturando las fortalezas romanas, y finalmente saqueando a la orgullosa ciudad imperial misma, pusieron fin al dominio más poderoso que jamás haya gobernado al mundo civilizado habitable. Sin embargo, esto (que cuya realización tomó más de un siglo), aunque destruyó lo que se consideraba como el Imperio Romano, no fue más que la introducción del barro cocido para mezclarse con el hierro, no el desplazamiento del hierro por el barro cocido.

Las naciones del norte carecían demasiado del don, ya sea social o político, que se requería para imponer un nuevo orden de sociedad en reemplazo del que encontraron entre los pueblos civilizados de Roma. Ellos pertenecían a una raza vigorosa, pero incivilizada, y se prendaron considerablemente del orden de cosas romanas. Es cierto que hubo un intento de parte de los vándalos por abolir todo lo romano y asimilar el imperio conquistado a las instituciones de sus conquistadores bárbaros; pero este movimiento pronto fue dejado de lado ante una reacción, que demandó y apresuró la restauración de la civilización romana.

El barro cocido se mezcló con el hierro, y finalmente fue moldeado por el elemento más fuerte. Este es el tiempo en que debemos buscar los diez cuernos; puesto que los diez cuernos en la visión de la bestia representan el mismo aspecto del cuarto reino, como los pies de diez dedos de la visión de la imagen, hechos de barro cocido y hierro. Es razonable suponer que tan pronto como la bestia romana dejó de ser controlada por su propia cabeza, pasó al estado de gobierno de los diez cuernos; esto es, tan pronto como la Roma imperial cayó, tan pronto como el gobierno central del imperio fue destruido, el imperio pasó al desmembrado estado representado por los diez cuernos. Si esta es una suposición razonable, debemos hallar en su desmembramiento varias divisiones políticas que corresponden al número de los cuernos.

Al considerar este asunto, nos enfrentamos con el hecho que las naciones bárbaras, al derrocar al Imperio Romano, no se unieron bajo un solo gobierno, ni establecieron un nuevo imperio. Se esparcieron entre las provincias de la Europa Romana, y se establecieron en países acordes a sus gustos, cada nación estableció su propio gobierno independientemente de todos los demás. De esta manera surgió una cantidad de reinos separados en el territorio que anteriormente era gobernado por el cetro romano íntegro; esto es, de la cabeza de la bestia surgieron varios cuernos distintos. La pregunta es, ¿cuántos? Daniel dice 10, y la historia dice 10.

Sir Isaac Newton da la siguiente numeración de los estados que surgieron bajo las naciones bárbaras después del derrocamiento de Roma: 1. Los vándalos y los alanos (bajo un solo gobierno, que ocuparon España y África); 2. Los suevos (ocuparon otra parte de España); 3. Los visigodos; 4. Los alanos (Francia); 5. Los burgundios; 6. Los francos (separados de los alanos); 7. Los bretones; 8. Los hunos; 9. Los lombardos; 10. Ravena. Esta numeración se limita en líneas generales al territorio romano. No toma en cuenta a divisiones menores, tales como los ducados (dignificados por el nombre de reinos) en los cuales se dividió Bretaña, o las pequeñas facciones que habían de encontrarse en diversos lugares en conexión con otros Estados. Sólo considera a las notorias y grandes divisiones de poder político, propiamente considerados "reinos", que surgieron después de la caída de Roma, en territorio romano. No toma razón del dominio asiático, ni de ningún fenómeno político más allá de los límites del territorio de la cuarta bestia; y en esto, el lector juicioso dirá que Sir Isaac Newton sólo se ciñó a las necesidades impuestas a todos los intérpretes de la visión misma.

El Dr. Brewster, en su "Vida de Sir Isaac Newton" (pp. 227, 228), parafraseando los puntos de vista de Sir Isaac sobre el tema, observa: "Algunos de estos reinos finalmente cayeron, y surgieron nuevos; pero, independientemente de cuántos hayan sido después, aún retienen el nombre de los diez reyes de su cantidad inicial".

Maquiavelo, en su historia de Florencia, enumera diez reinos, en los cuales se desmembró el imperio romano por incursiones de las naciones del norte. Esta lista* es como sigue: 1. Los ostrogodos (en Moesia); 2. Los visigodos (en Panonia); 3. Los suevos y los alanos (en Gasconia y España); 4. Los vándalos (en África); 5. Los francos (en Francia); 6. Los burgundios (en Burgundia); 7. Los herlui y los turingi (en Italia); 8. Los sajones y los anglos (en Bretaña); 9. Los hunos (en Hungría); 10. Los lombardos (al principio en el Danubio, y después en Italia) Esta numeración parece diferir un poco de la adoptada por Sir Isaac Newton, pero una estrecha comparación revelará un parecido entre las dos, casi idéntico.


La única diferencia significativa de la lista de Sir Isaac Newton es la exclusión de los ostrogodos en Moesia (correspondiente a la frontera sur del imperio de Austria); pero esta diferencia es más una diferencia relacionada con el método de cálculo que con la enumeración misma de los diez reinos. La de Maquiavelo puede ser la lista correcta, y la de Newton puede reconciliarse con ella por medio de calcular las naciones de los alanos como un solo reino en vez de dos, como los cuenta Sir Isaac, lo cual daría cabida para que los ostrogodos estuviesen incluidos en los diez. Por otra parte, es posible, aunque menos probable, que los ostrogodos hayan sido parte integral del contiguo estado visigodo de Panonia, en la costa este del Adriático, correspondiente al litoral mediterráneo de Austria.

En todo caso, la identificación de los diez cuernos es completa. El proceso no pierde su validez por dificultades menores, que surgen de las oscuridades de antiguos anales, lo cual nunca puede invalidar el hecho de que el territorio del Imperio Romano, después del derrocamiento del poder imperial romano, quedó dividido en varias secciones políticas, que más o menos corresponden al número diez. La diversidad de raza y tribu que existía en Europa en aquel tiempo, de ninguna manera interfiere con el hecho de una división decimal del poder político. Hubieron, sin duda, muchas más nacionalidades que diez; pero esto no refuta su división política en diez partes, así como tampoco la existencia de los ingleses, escoceses e irlandeses en Gran Bretaña refuta la unidad política de los tres reinos.

La visión predice el surgimiento de diez reinos en el territorio del Imperio Romano. Por lo tanto, sostendríamos a priori que debe haber sido esa cantidad de Estados los que hicieron su aparición cuando la unidad del imperio fue disuelta, a pesar de que la oscuridad de la historia pueda indicar lo contrario. Pero, afortunadamente, no contradecimos a la historia al creer que la visión se cumplió. La historia nos muestra una cierta cantidad de reinos, casi tan aproximada a la cantidad profética, que dos escritores históricos, independientes entre sí, nos dan el número exacto; y debe tenerse presente que uno de estos dos--Maquiavelo--no estaba escribiendo para ilustrar la profecía, de lo cual no hay ninguna razón para creer que él sabía algo, sino sencillamente en ejercicio de su función como un cronista imparcial de los hechos históricos.

Los diez cuernos aparecieron entre los siglos quinto y sexto, pero después su número se redujo y se multiplicó por causa de las revoluciones de la guerra. Sin embargo, es evidente que reaparecerán en el tiempo en que el sistema de la cuarta bestia, como un todo, sea destruida por sentencia divina. Esto es evidente por las visiones posteriores que vio Juan en la Isla de Patmos, en las cuales la cuarta bestia de Daniel se divide en varias bestias con el propósito de ilustrar las características subordinadas e internas del sistema que representan.

Según estas, encontramos que los diez cuernos figuran notoriamente al fin, así como al principio, de la era del cuerno pequeño (tiempo, tiempos, y medio tiempo) (Apocalipsis 17:12, 14) "Los diez cuernos que has visto [en la cabeza de la bestia de color escarlata, v. 3], son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. Estos [...] pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá".

Aquí no hay mención de un onceavo cuerno que arranca de raíz a tres de los diez, porque se refiere a un período de la historia totalmente diferente del que representan los diez cuernos de la cabeza de la cuarta bestia de Daniel. Nos muestra la constitución y actitud de la bestia al tiempo cuando el Cordero, como el anciano de días, viene a dar su cuerpo a la ardiente llama de la guerra destructora, de lo cual parece que la fase original de los diez cuernos de la cuarta bestia de Daniel ha de resurgir, en la era de su destrucción, y no sólo ha de resurgir, sino que ha de establecerse sobre la base de una unidad corporativa. Es decir, que los diez reinos en los cuales ha de dividirse el sistema de la cuarta bestia al fin, han de unirse en una política unánime bajo una sola cabeza. Ellos han de dar su poder y fuerza al poder blasfemante del cuerno pequeño (simbolizado separadamente como una bestia de color escarlata), con el propósito de proseguir la guerra contra Jesús cuando él se haya manifestado en la tierra como el León de la tribu de Judá.

De esta manera, la bestia actuará una vez más como una unidad viva, pero esta vez una unidad de diez cuernos; una confederación de los reyes del territorio romano, formado con el propósito de una mutua autodefensa contra el poder que aparecerá amenazadoramente en el Oriente, y de cuya verdadera naturaleza no tendrán el menor conocimiento, hasta que sean arrollados en el aterrador torbellino de su destructora ira (Jeremías 30:23, 24)

Estos hechos nos permiten no sólo reconciliar la cuarta bestia de Daniel con las visiones de Juan, sino hacer uso de todas ellas para formar un cuadro completo del propósito de Dios, como se dio a conocer en el pasado, y no obstante está aún por cumplirse en "el fin predeterminado".

Ellos nos enseñan que la fase de los diez cuernos del sistema romano de naciones tiene relación con dos épocas en su existencia; primero, cuando su unidad imperial desapareció en la "caída del Imperio Romano", y segundo, cuando esa unidad sea restaurada con el propósito de un esfuerzo unido contra "lo que está determinado", lo cual se ha de derramar "sobre el desolador".

Ahora tenemos que averiguar si la historia permite algún paralelo con el surgimiento de un onceavo poder político en el sistema romano, subsiguiente a la aparición de los diez, y que haya extirpado a tres de sus predecesores, mostrando una actitud dictatorial arrogante hacia los otros poderes, simbolizado por el onceavo cuerno, que tiene un aspecto resuelto y una boca que habla grandes palabras de blasfemia.

La más simple mirada retrospectiva proporciona la respuesta. La mirada cae sobre un poder que cumple con todos los requerimientos de la profecía; y la mirada no tiene que buscarlo. No es un objeto secundario en la retrospectiva histórica. Aparece en el pasado con un período apabullante; llena el cuadro completo con su imponente figura; la cual, aunque ya no es una potencia reconocida en el sistema político de Europa, por razón el término de su asignado "tiempo, tiempos, y medio tiempo", es aún notorio como elemento religioso. ¿Necesitamos mencionar el poder al cual se aplican estas observaciones? Su nombre brotará instintivamente de los labios del lector: el Papado.

El Papado apareció en el territorio de la cuarta bestia romana, después de la división del imperio por los bárbaros del norte; esto es, (simbólicamente), después de que habían aparecido los diez cuernos. No fue sino hasta el principio del siglo séptimo que el obispo de Roma--que hasta ese tiempo no era más que diocesano, un eclesiástico entre otros eclesiásticos--fue constituido, por medio de un edicto imperial, obispo o papa universal; el supremo pontífice de la religión estatal. El decreto que finalmente lo elevó a esta posición fue expedido por el emperador Focas, desde Constantinopla (la boca del dragón que dio su poder a la bestia papal, y su trono, y gran autoridad: Apocalipsis 13:2)

Uno da la fecha del decreto como en el año 606 de nuestra era, y otro en el año 608 de nuestra era, lo cual da una duda de dos años en cuanto al principio, y por lo tanto, al término del período. Pero la fecha es suficientemente precisa y exacta para todo propósito práctico. La aparición del onceavo cuerno se ha de calcular, sin duda, desde la fecha del edicto que lo constituyó en una potencia en Europa. Es cierto que al principio no fue más que un poder eclesiástico, pero la historia muestra que muy pronto llegó a ser una potencia política, ejerciendo autoridad secular en el territorio que se proveyó para él al desplazar a tres de los diez cuernos originales, y, además de eso, afirmaban y ejercían jurisdicción imperial sobre las "cabezas coronadas" contemporáneas.

La extirpación de los tres cuernos no precedió al advenimiento del onceavo cuerno, sino que se produjo como consecuencia del mismo. Un intervalo transcurriría entre una cosa y la otra. El onceavo cuerno se establecería antes de que cayeran los tres, ¿por cuánto tiempo?, no se dice. Necesariamente, en el símbolo sería un tiempo muy corto; pero los acontecimientos y tiempos representados por el símbolo estaban en escala histórica; y, por lo tanto, un intervalo momentáneo en la cabeza de la bestia representaría un intervalo de años en el curso de la historia. No está declarado que los tres cuernos fueron extirpados antes del comienzo del tiempo, tiempos, y medio tiempo; se declara que el onceavo cuerno prevaleció durante ese tiempo; pero esto no excluye la auto-evidente conclusión de que la extirpación de los tres cuernos ocurriría dentro del período del predominio del onceavo cuerno. La extirpación de los tres cuernos fue, en efecto, parte de su "predominio" y, por lo tanto, sucedería necesariamente dentro del período de su ascensión. De ahí que nosotros no encontráramos que tres reinos fueran dados al papa en el momento en que él apareció, pero encontramos que él los recibió como un siglo después.

En una obra publicada en 1782, titulada "La historia de la Europa Moderna, con un relato de la decadencia y caída del Imperio Romano, y un enfoque del progreso de la sociedad, desde el surgimiento de los reinos modernos hasta la Paz de Paris, en 1763", aparecen las siguientes declaraciones, en la pagina 47:

"Antes de que Pepino regresara a Francia, él renovó su donación a San Pedro, cediendo a Esteban y a sus sucesores el exarcado Amelia, ahora conocido como Romagna; y Pentápolis, ahora conocido como Marca d'Ancona, con todas sus ciudades, para que ellos la posean para siempre; los reyes de Francia, como patricios, retenían sólo una superioridad ideal, que pronto fue olvidada. de esta manera el cetro fue añadido a las llaves, la soberanía al sacerdocio, y los papas se enriquecieron con los despojos de los reyes lombardos y de los empertadores romanos. En los tres Estados que aquí se han mencionado, el lector reconocerá tres de los diez reinos que aparecieron en la declinación del imperio, o sea, 1.-- Ravena (el exarcado); 2.-- Heruli y Turinge (Amelia, ahora conocido como Romagna); y 3.-- Lombardy (Pentápolis)".

La versión del Dr. Keith acerca del tema es como sigue:

"El Exarcado de Ravena, el reino de los lombardos, y el Estado de Roma, estaban sujetos al dominio secular dela iglesia de Roma, principalmente forman, hasta este momento, 'los Estados de la Iglesia', sobre los cuales el Papa, como soberano temporal, ejerce soberanía, y lleva la 'triple corona', como en obvia señal que tres de los primeros reinos habían sido cortados de raíz delante de él".-- Las Señales de los Tiempos, p. 22.

El onceavo cuerno tenía ojos; por lo tanto, podía ver a los otros cuernos; mientras que los otros cuernos, que no tenían ojos, no podían verlo. ¿Qué peculiaridad política guarda semejanza con este símbolo? Obviamente, su sacerdocio. La institución existe en el territorio de todos los otros cuernos, y por medio de ello, Roma se mantiene informada de los asuntos de cada potencia en Europa; mientras que estas potencias no pueden penetrar en los secretos de Roma, debido a la fidelidad que el sacerdocio ha mantenido siempre hacia su jefe eclesiástico. La historia ofrece ilustraciones siempre recurrentes del poder político que la Roma papal ha podido ejercer en todas las regiones de Europa, por medio de este sistema de espionaje que ha podido mantener por medio de sus sacerdotes. Es notable que el Poder Papal se conozca en el lenguaje diplomático como "la santa sede".*

El onceavo rey había de ser "diferente de los primeros [diez]". Daniel 7:24) No se requería ingenio para entender la diferencia entre el Papa y las cabezas coronadas de Europa. El Papa no pertenece al orden de los reyes. Su aparición en Europa fue un nuevo fenómeno político. Semejante personaje nunca antes había aparecido como un déspota imperial sacerdotal, reclamando para sí no sólo la efectiva soberanía de los tres territorios transferidos a su dominio secular, sino una jurisdicción conferida divinamente sobre cada soberano de Europa. Este carácter no fue asumido por los Pontífices romanos de la noche a la mañana, sino que había crecido hasta el completo desarrollo antes de que el Papado tuviese más de dos siglos de antigüedad.

En los días del Papa Gregorio VII, había llegado a su madurez. De este Papa se consigna que "embarcó a la Iglesia en una abierta guerra contra los soberanos de todas las naciones". Él se había formado el propósito de "embarcar a todos los potentados de la tierra en el compromiso de fidelidad y lealtad hacia el Vicario de Cristo como rey de reyes, y señor de señores, y establecer en Roma una asamblea anual de obispos, por quienes habría de decidir las controversias que surgieran entre los reinos y los Estados soberanos; así como las pretensiones de los príncipes habían de ser examinados, y el destino de las naciones e imperios habían de ser determinados". Tan lejos llegó en su plan de supremacía que Enrique IV, Emperador de Alemania, a quién él había convocado a su presencia como un delincuente, suplicó la absolución en las puertas de Canosa, una fortaleza en los Apeninos, donde Gregorio residía en aquel tiempo, "y habiéndolo despojado de su ropa, y, vestido sólo con una harpillera, fue obligado a permanecer en un patio exterior tres días, en el mes de enero, descalzo y ayunando, antes de que se le permitiera besar los pies de Su Santidad. El altivo pontífice condescendió en darle la absolución, después de que hubo jurado obediencia a Su Santidad en todo".

Gregorio, eufórico por su triunfo, y considerándose ahora, no del todo sin razón, como el señor y amo de todas las cabezas coronadas de la cristiandad, dijo en varias de sus cartas que escribió en aquel tiempo, que era su deber "abatir el orgullo de los reyes". En conformidad con esta idea, escribió a Salomón, un contumaz rey de Hungría: "Vos deberíais saber que el reino de Hungría pertenece a la Iglesia Romana; y estar consciente de que incurriréis en la indignación de la Santa Sede si no reconocéis que poseéis sus dominios por el Papa, y no por el Emperador". Subsiguientemente depuso a Enrique IV, con estas palabras: "En el nombre del Dios Todopoderoso, y por autoridad [del concilio], prohíbo a Enrique, hijo de nuestro emperador Enrique, que gobierne el Reino Teutónico, e Italia; libero a todos los cristianos de su juramento de lealtad hacia él, y estrictamente prohíbo a toda persona que le sirva o lo atienda como rey".

Nombró a un sucesor de Enrique, un tal Rodolfo, y le envió una corona de oro, con una nota en la que, después de privar a Enrique de fuerza en el combate, y condenarlo a que nunca resultara victorioso, dirige el siguiente párrafo a Pedro y Pablo, en el cual la naturaleza de sus pretensiones como sucesor de ellos se hace evidente: "Que todos estén conscientes de que así como vosotros podéis atar y desatar todo en el cielo, también podéis en al tierra quitar o dar a cada cual, según lo que merezca, imperios, reinos, principados. Que los reyes y príncipes de cada época sientan al instante vuestro poder, para que no se atrevan a despreciar las órdenes de vuestra iglesia".

Gregorio VII dejó estas ideas como una herencia para sus sucesores, y estas han continuado como el espíritu vivificante de la Sede Romana hasta el presente, ilustrando la declaración de la visión de que el onceavo cuerno, con ojos, sería "diferente del primero [diez]", y parecería "más grande que sus compañeros".

El cuerno tenía una boca. Esto indica que en algún sentido presumiría hablar a otros, y su habla no sería con el propósito de mutua deliberación, porque los otros no tenían boca, y, por lo tanto, no podría haber conversación; de modo que su lenguaje sólo podía tomar la forma de precepto legislativo; el onceavo cuerno presumiría hacer leyes para los demás. La aplicabilidad de esto al Papado queda abundantemente corroborado en el último párrafo.

Las palabras que habló eran grandes "palabras contra el Altísimo", pero no palabras en el sentido verbal; el término "palabras" tiene aquí un sentido más amplio que el significado del diccionario. Significa la política del poder hablada, representada y expresada por sus declaraciones en todo el período de su existencia. Estas son "las palabras" por medio de las cuales se evoca la indignación que destruye a las bestias. Ahora bien, a fin de que estas palabras fueran "contra el Todopoderoso", no es necesario que sean dirigidas verbalmente "contra él Altísimo", no es necesario que sean dirigidas verbalmente contra él. No es necesario que estas tomen la forma de denunciaciones contra el Todopoderoso.

En el sentido bíblico, todo lo que se dice contra la verdad, se dice contra el Todopoderoso, aunque se exprese en palabras disfrazadas de lealtad. De ahí que cuando el Papado habla grandes "palabras contra el Altísimo", no sea necesario que arremeta formalmente sus denuncias contra la Deidad. Si su credo eclesiástico y su política eclesiástica han implicado prácticamente el repudio de la verdad de Dios y de su pueblo, las "palabras" del Papado han sido de todas maneras, e incluso más, "contra el Altísimo" por estar enmarcadas en expresiones de mojigato fingimiento.

Sólo tenemos que indagar si la política de Roma ha sido o no de arrogante presunción y destructiva oposición a todo lo que tenga que ver con el nombre y honra de Dios; y no tenemos que ir muy lejos por la respuesta. Nadie que tenga algún conocimiento de historia, y algún entendimiento de la verdad, puede ignorar que la Roma Papal, desde el principio de sus días, ha hablado grandes "palabras contra el Altísimo", y "se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos". Desde el día en que su obispo fue coronado como dictador eclesiástico, su carrera ha sido un ininterrumpido capítulo de atrocidades perpetradas contra Dios y el hombre. Durante el largo período de su dominio, ha merecido aptamente la designación que el Espíritu confirió sobre ella en visión a Juan, en la isla de Patmos. El Papado ha sido la suma de toda abominación--el depositario de todo espíritu inmundo--la "madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra". (Apocalipsis 17:5)

Aptamente se le llama "misterio", y más apropiadamente aún, "el misterio de la iniquidad". (2 Tesalonicenses 2:7) Ha sido la iniquidad camuflada--la iniquidad velada, la iniquidad vestida con una túnica de fingimiento religioso, la iniquidad ataviada con la espléndida parafernalia de la pompa real y de la autoridad civil, la iniquidad de la peor clase, cubierta con vestimentas santas--un sepulcro blanqueado de iniquidad camuflada, que muestra un hermoso exterior, y una invitación a todas las naciones a rendir culto en su santuario abominable de "putrefacción y llenos de huesos de muertos"; y todas las naciones han ido y se han arrodillado, y adornado este sepulcro de los santos con costosos objetos, identificándose a sí mismos como la simiente de los condenables rechazadores de Jesús, que honraron las tumbas de los profetas, y de ese modo Jesús los tuvo por comprobados cómplices de aquellos que los mataron, y que los pusieron en sus sepulcros.

La impostura del cuerno pequeño--este poder soberbio, obstinado, de aspecto fiero, pretencioso, audaz, blasfemo, asesino de los santos, que ha prevalecido contra todo lo divino por doce siglos, en conformidad con las palabras de Daniel--esta Iglesia de Roma, depravada, hipócrita, corrupta, inicua, tiránica, y homicida, con la cual ahora se está poniendo de moda en las reuniones religiosas intercambiar cumplidos, y hablar de ella respetuosamente, y cuya cegada y extravagante "caridad" daría cabida para la formación de una institución, manejada liberalmente, para "hacer el bien" a su propia manera, y "hacer avanzar la causa de Cristo bajo las banderas de la religión católica"; esta execrable maestra de la hechicería, cuyas astutas artes de simulada amabilidad y ornamentos de erudición y fascinaciones de venerable pedigrí, están, en Inglaterra, entrampando a miles de miles en la esclavitud, de la cual se había jactado este país de haber escapado hace trescientos años; este sistema de pura iniquidad se nos presenta también en Apocalipsis 17:3, 4, como una mujer llamativa, artificial, libertina, embriagada con la sangre de los santos, y con una copa de licor abominable en su mano, con el cual embriaga a los reyes.

Lo apto de esta representación figurada se verá de un vistazo. La Iglesia de Roma pretende ser la esposa fiel del esposo ausente; mientras que actúa como una prostituta de la clase más disoluta y perdida. Coquetea con los reyes de la tierra, y les suministra libres libaciones de sus confusas doctrinas, de las cuales "todas las naciones han bebido". Comete fornicación con ellos, puestos que sus amores y objetivos se limitan a las posesiones mundanas que puede lograr en sus tratos eclesiásticos con ellos. Se deleita en lujurias y lucro, y toda su ropa está empapada en la rezumante sangre de los justos inmolados, a quienes ha dado muerte por causa del testimonio de ellos.

En cuanto a este blasfemante y prevaleciente poder del cuerno pequeño, se habla también de él como un "rey [que] hará su voluntad" (Daniel 11:36), que se exalta y se magnifica a sí mismo por sobre todo otro poder (Heb., ail), y habla cosas maravillosas contra el Dios de los dioses; lo cual es una descripción exacta de la presunción del Papa, como se ha ilustrado históricamente. Se dice que del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor de las mujeres. También esto describe al cuerno pequeño. Los emperadores de Roma--los "padres" o predecesores del Papa--eran paganos, y adoraban a las deidades de la mitología pagana. El Papa las descartó, y estableció un dios que los emperadores "no conocían", a saber, el Dios trino y uno de su superstición, y la Virgen María, a quien ellos "honraban con oro y plata, y piedras preciosas", erigiendo templos alhajados y adornados para su adoración. él no había de "hacer caso del amor de las mujeres". Debía ser célibe; "prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos". (1 Timoteo 4:3) Qué señaladamente se ha cumplido esto, la historia lo testifica. Toda la jerarquía de Roma, desde el Papa en "la silla de San Pedro" hasta el fraile mendicante, están todos bajo un voto de permanecer en soltería, y de esta manera tienen en menos el "amor de las mujeres", y cumplen la profecía. "Se engrandecerá sobre todo dios", y "prosperará hasta que sea consumada la ira". Por lo tanto, su existencia y supremacía continuará hasta el regreso de Cristo; puesto que la ira no se consumará hasta que él venga a pisar "el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso" (Apocalipsis 19:15), y a vaciar el vino puro de su ira en el cáliz de su furor. (Apocalipsis14:10)

Pablo reproduce estas profecías en 2 Tesalonicenses 2:3-10. La iglesia de Tesalónica se había visto agitada con ideas acerca de la inminencia de la aparición de Cristo. Pablo escribe para aquietar sus temores sobre el tema, y les recuerda de lo que él les había dicho mientras estuvo con ellos (v. 5), a saber, que antes que viniera ese día de Cristo, habría una desviación generalizada de la verdad, y una subsiguiente y consecuente desarrollo del "hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios".

Estas palabras de Pablo equivalen a una paráfrasis de las palabras de Daniel. Sin embargo, hay una característica en ellas que falta en la representación que hace Daniel del asunto. Pablo conecta el desarrollo de del "hombre de pecado" con la "apostasía" que había de venir, y sugiere por el encadenamiento de sus palabras, que lo uno era el resultado de lo otro; que la manifestación del "hombre de pecado" había de ser el resultado de la apostasía de la verdad. Este es un importante complemento a la información que entregó Daniel, sin la cual, la identificación del poder representado no sería tan completa como lo es. No hay nada en Daniel que indique que la aparición del cuerno pequeño de la cuarta bestia había de estar conectada con las actividades de Dios entre los hombres por medio de la verdad. Puesto que todo lo que hay en Daniel es al contrario, el cuerno pequeño podría haber representado a un poder pagano, como Babilonia, o como los diez cuernos originales, que no tienen ninguna conexión germinal con nada que se relacione con Dios; pero, por las palabras de Pablo, podemos ver que este cuerno pequeño había de ser la progenie política de una apostasía que había producirse entre aquellos que profesan la verdad de Cristo.

Esto nos lleva directo al Papado, puesto que es notorio que el Papado que ha gobernado los destinos políticos y eclesiásticos de Europa por doce siglos, es ni más ni menos que la incorporación política de los principios que se desarrollaron como resultado de una desviación de la verdad de parte de los primeros cristianos profesos. Por lo tanto, en el Papado observamos al hombre de pecado que predijo Pablo, y al sistema "a quien el Señor matará con el espíritu de su boca [de Cristo], y destruirá con el resplandor de su venida". En tanto los hermanos, en conjunto, eran fieles a la verdad, era imposible que este Hombre de Pecado se manifestara, y, por lo tanto, era imposible que se produjera la venida de Cristo, porque la venida de Cristo había de efectuarse para la destrucción del Hombre de Pecado.

Había otro obstáculo en el camino en el tiempo en que escribió Pablo: "Vosotros sabéis", dice él, "lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste". El hombre de pecado había de ser el poder supremo en el Estado. Antes de que esto pudiera ocurrir, el paganismo en los lugares elevados tenía que ser abolido. El Papa, como el profeso "Vicario de Jesucristo", que afirmaba ser "rey de reyes, y señor de señores", no podría nunca desarrollarse políticamente en Europa hasta que el Imperio Romano sufriera un cambio revolucionario, y cambiara de un poder pagano a un poder cristiano profeso. Por lo tanto, el paganismo de Roma era una obstrucción. Eso era lo que "retenía" la manifestación del "hombre de pecado". Pero el impedimento había de ser "quitado de en medio", y entonces se manifestará aquel inicuo", etc. Sabemos, como un hecho histórico, que el paganismo, en su debido tiempo, fue quitado de en medio, y que de ese modo el camino quedó abierto para el surgimiento del Cuerno Pequeño en la cabeza de la cuarta bestia romana (en forma simbólica), la que, como un "hombre de pecado", prevalecería contra los santos durante 1.260 años, y se exaltaría a sí mismo en la tierra sobre todo otro objeto de adoración.

Hay algunos que sostienen que este "hombre de pecado" es una persona específica; una persona de extraordinaria audacia e impiedad, que deberá aparecer y abjurar teóricamente de la existencia del Todopoderoso, y ofrecerse a sí mismo a todo el mundo como la persona a quien debe adorarse. Pero ellos enfocan el asunto desde un punto de vista muy limitado y absolutamente insostenible. Su única base es la frase "hombre de pecado"; pero esto no prueba la personalidad del poder referido como tampoco las propias palabras de Pablo referente al "viejo hombre" prueban que él estaba refiriéndose literalmente a un octogenario, cuya compañía habíamos de evitar: "Habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos". Si el pronombre "él" aplicado al hombre de pecado prueba la personalidad del poder referido, ¿qué ha de hacerse con el pronombre "él" aplicado a "lo que lo detiene"? "Hay QUIEN al presente lo detiene, hasta que ÉL a su vez sea quitado de en medio". Había algo en los días de Pablo, que obstruía el desarrollo del "hombre de pecado", y que en su debido tiempo había de ser quitado para dar paso a su impío sucesor. ¿Qué era esto? Que los individualistas respondan. ¿Era un hombre específico que vivía en los días de Pablo, cuya muerte o destitución era necesaria para la aparición del "hombre de pecado"? Si la respuesta es afirmativa, ¿quién era? ¿Y cómo es que ya han transcurrido más de ochocientos años desde su muerte, y todavía no ha hecho su aparición el "hombre de pecado" de los individualistas? Una completa confrontación de esta dificultad demolerá la teoría de que el "hombre de pecado" era una persona específica.

La obstrucción en el camino del hombre de pecado que menciona Pablo era la fidelidad de la hermandad, y la supremacía política del paganismo. Estas dos barreras se desvanecieron en el transcurso del tiempo, y surgió en el escenario histórico esa monstruosidad que ha oscurecido la página histórica con antecedentes de trascendente crueldad e iniquidad. Históricamente, el Papa es absolutamente EL HOMBRE DE PECADO; porque en todas las generaciones del Papado, el Papa ha sido el único hombre en la tierra que ocupa esa posición. El sistema del Papado es esencialmente el sistema de un solo hombre. La teoría del sistema no admite más de una sola cabeza. Ha sucedido una o dos veces que ha habido Papas rivales, pero esto fue una anomalía que nunca tuvo la aprobación del sistema. Políticamente, el Papa es el "HOMBRE DE PECADO", quienquiera que pueda ser el Papa de turno. La individualidad del hombre queda totalmente absorbida por el cargo. Ningún hombre específico es esencial para constituir el Papazgo. El Papazgo siempre ha encontrado quien ocupe el cargo, quienquiera que haya sido, lo que demuestra que es el oficio o cargo lo que Pablo tenía en mente cuando habló referente al surgimiento del "Hombre de Pecado". Un hombre ocupaba el oficio del "Hombre de Pecado" cuando aquello que lo impedía fue quitado de en medio; y otro hombre totalmente diferente estará ejerciendo el cargo cuando se manifieste Jesús para destruir al sistema por completo.

Aquellos que individualizan y sitúan en el futuro al "Hombre de Pecado" tienen el hábito de entender literalmente el período del dominio del cuerno pequeño. La expresión "tiempo, tiempos, y medio tiempo", ellos la entienden como tres años y medio literales, en algún inaveriguable tiempo en el futuro, durante el cual "el ANTI-CRISTO" de su teoría aparecerá en escena, ascenderá hasta la cima del poder universal, y llegará a su fin por medio de la intervención divina. Cómo una mente inteligente puede sostener esta teoría después de un exhaustivo examen de las conexiones del caso, es difícil de concebir. Implica varias anomalías de la naturaleza más palpable. En primer lugar, si el tiempo, tiempos, y medio tiempo relacionados con la cuarta bestia de Daniel son literales y futuros, por supuesto el cuerno pequeño representa un poder que aún tiene que aparecer; y, en ese caso, las visiones políticas que se mostraron a Daniel y a Juan no toman en cuenta al más grande fenómeno político del período de la cuarta bestia en la historia mundial. A Daniel se le mostró la cuarta bestia, y se le dijo acerca del reino de la cuarta bestia, y se le dieron detalles respecto a ese reino, ¡pero se le habría retenido toda información acerca de la característica más prominente, extraordinaria, y de más extensa duración del sistema, o sea, el PAPADO! ¡La fase más asombrosa de la historia de la cuarta bestia habría sido omitida del simbolismo del período de la cuarta bestia! ¡Él no habría recibido ninguna información acerca de una impostura monárquica perseguidora, que alzaría su cabeza y voz por sobre todos los reyes del continente europeo, por más de 1260 años, y pisoteó la verdad y a los amigos de la verdad durante todo ese período; pero, en cambio, se le ilustra especialmente con referencia a un insignificante período de tres años y medio, durante el cual un hombre audaz ha de igualar (puesto que no podría superar) la impiedad y crueldad manifestada por los pontífices romanos por más de una decena de siglos!

Tal sugerencia puede mencionarse sólo para condenarla. Qué absolutamente absurdo que un símbolo, manifiestamente extendiéndose por sobre un período cronológico de 2000 años, un incidente de una duración de sólo tres años y medio literales reciba un lugar como su más conspicua característica; un período de total insignificancia en el transcurso de la historia. De nuevo, semejante suposición haría que la visión enseñara que los santos no serían vencidos en el transcurso de la historia, EXCEPTO DURANTE TRES AÑOS Y MEDIO A SU TERMINO, y colocaría en una curiosa posición el hecho que, como un asunto histórico, el papado ha hablado grandes palabras contra el Altísimo, y prevaleció contra los santos por un PERIODO DE MAS DE 1200 años. Además, ¿de qué beneficio sería la visión, si su aplicabilidad se limitara a un solo opresor, y a un período de tres años y medio al término de la historia? Especialmente, tal como es negado por aquellos que mantienen esta teoría, cuando hay cualquier pista que apunta al tiempo en que puede esperarse que aparezca el Hombre de Pecado. Como en aquel caso sólo podría interesar a aquellos contemporáneos de esa época, la visión sería relegada a un rincón, como algo destituido de utilidad espiritual para toda época, y poseyendo sólo la clase de interés que se da a cualquier prodigio; un enfoque del asunto eminentemente derogatorio para Dios, en vista del hecho de que fue comunicada por él para ilustración, estímulo, y guía.

La teoría literal es pueril e insostenible. Es totalmente indigna de consideración, y nunca podría tomarse en serio donde se ha hecho un examen amplio y competente de los hechos. El punto de vista histórico del tema, que es "la verdad del asunto", da utilidad e importancia a la visión. En ella leemos la consoladora seguridad de que "el Altísimo gobierna el reino de los hombres", y que las "prácticas arbitrarias y prósperas" de la iniquidad y presunción humanas en la tierra tienen un fin determinado--que el triunfo de los inicuos, como las olas del mar, tiene un límite establecido que no puede pasar-que los tiempos de los gentiles están fijados y definidos, y que por la posición donde estamos, podemos anhelar con inteligente expectación su pronta expiración, y la gloriosa manifestación del Anciano de Días, en justicia para juzgar y hacer la guerra, y destruir a aquellos que destruyen la tierra.

Con justo triunfo podemos saludar el día de la perdición de Roma. Su historia muestra una oscura y espantosa retrospectiva. No hay palabras que puedan describir adecuadamente la magnitud de sus crímenes. La asesina pagana de los apóstoles, la blasfema papal de la verdad, y destructora de santos, la "Gran Babilonia" ha acumulado para sí ira para el día de la ira. Sus crímenes son sin límite y sin medida. Por un largo período de siglos, ha prevalecido contra todo lo divino. Ha luchado abiertas guerras contra la palabra de Dios. Ha hecho todo lo que ha podido para extirparla de entre el género humano. Ha decretado que su estudio constituye un crimen, y que tenerla en su poder era una ofensa capital. Ha pisoteado la verdad y empapado la tierra con la sangre de sus indefensas víctimas, que amaban la palabra de Dios, y que no escatimaban su vida por defenderla. Ha inventado y establecido toda clase de abominaciones en doctrina y en práctica. Por siglos ha presentado a un hombre mortal como un objeto de adoración universal, por sobre todo lo que se llame Dios, o sea adorado.en la tierra. A este ídolo viviente, ha mandado que se le rindan honores más que a mortales, y ha ordenado que todos los que rehúsen inclinarse ante la imagen sean arrojados al horno de abrasadora aflicción, persecución cadenas, encarcelamiento y muerte.

Ha deificado el fantasma de una mujer muerta, y ha mandado al mundo que adoren a "la Reina del Cielo". Ha hecho una parodia y ha ridiculizado la verdad de la concepción milagrosa. Ha impuesto que se haga oraciones a hombres muertos, y ha enseñado a los hombres a recurrir a ellos para su protección. El mundo, embriagado con el vino de su abominación, ha respondido al requerimiento, y ha elegido a sus "santos patronos", a los cuales dirigen sus ignorantes devociones, y cuya protección ellos invocan sobre los templos de su superstición llamándolos según sus nombres.

Ha cambiado los recordatorios de la muerte de Cristo en objetos de adoración, diciendo a sus ingenuos que el toque de sus mentirosos sacerdotes transmuta el pan y el vino emblemáticos en la genuina esencia de la naturaleza de Cristo; y ha degrada la inteligente observancia de este servicio recordatorio, instituido para la afectuosa participación de todos los miembros de la casa de Cristo, en una escena de supersticiosa e insensata mascarada, ejecutada por sus sacerdotes de manos sucias. Presenta como objetos de fe y actos de obediencia los huesos de hombres muertos, reliquias rancias, cruces, genuflexiones, penitencias corporales; y saca dinero de los bolsillos de sus ingenuos con el inicuo pretexto de impartir beneficio espiritual.

Ha descendido a la indescriptible infamia de vender libertinaje por razones de lucro--pretendiendo dar libertad para pecar impunemente a cambio de dinero--¡proclamando blasfemamente torcer el curso de la justicia eterna por un aporte en dinero al contado! Ha inventado la quimera del purgatorio, y ha engañado a las adormecidas masas del género humano para que crean que ella tiene poder, por dinero, para liberar a las "almas de los difuntos" de su prisión.

No hay extravagancia religiosa de la cual no haya sido culpable. Se ha arrogado el poder para perdonar pecados, y por medio de sus sacerdotes en "el confesionario", ha impuesto la más execrable inquisición en los asuntos privados de sus devotos, especialmente mujeres, en cuyos "intereses espirituales" sus célibes bellacos han profesado un interés que sólo ha sido el pretexto para su lujuria. Ha establecido nidos de infamia por todo el mundo, en nombre de la pureza y reclusión espiritual; y en monasterios y conventos de monjas, lleva a cabo secretas abominaciones y crueldades, cuyas perversidades indescriptibles sólo se conocerán plenamente cuando "la gran Babilonia [venga] en memoria delante de Dios", y llegue el tiempo para darle "el doble por todos sus pecados". Ha decretado la ficción pagana de la inmortalidad del alma como el punto cardinal de la fe cristiana, y ha exaltado los sueños paganos del infierno y los Campos Elíseos a la misma eminencia. Se ha apartado de la verdad y ha prestado atención a fábulas. Ha hecho de la mentira su refugio.

Desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza, es una masa de putrefacción espiritual; y cuando se añade a esto sus henchidas palabras de vanidad, su aspecto de soberbia, y acciones rapaces, sus inicuos principios y crueles actos, su maligna hostilidad hacia la verdad en toda forma y manera, y su implacable persecución y el uso del potro de tormentos, el fuego, y la muerte, de todos los que profesaban la verdad, a los cuales pudo tener bajo su poder, el cuadro de sus atrocidades está completo. No obstante, como la mujer adúltera, "limpia su boca y dice: No he hecho maldad". En las palabras que se le imputan en el Apocalipsis, dice: "Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto". (Apocalipsis 18:7)

Bien podría representarse a los siervos de Dios exclamando: "¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero?". Semejante triunfo de la iniquidad en la tierra está prácticamente más allá de la capacidad de la paciencia humana; pero nuestra paciencia está fortalecida por la palabra que ha enviado Dios "para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto". Por medio de ella, como por un telescopio, vemos la retribución que viene, y oímos los susurrantes ecos de aquel poderoso himno de triunfo que saldrá de incontables lenguas, como el ruido de un tumulto de aguas: "¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella". (Apocalipsis 19:1, 2)

El sonido de este cántico de triunfo está muy cercano, sí, a las puertas. Con toda probabilidad, otra generación no pasará antes de que su gozoso repique estalle sobre el mundo. El período de "tiempo, y tiempos, y medio tiempo" de años ha expirado. 1866-70 (un margen cubierto por la ocupación de Roma por los franceses) vio el fin de los 1.260 añosa que comenzaron en los años 606-8, y con el fin de su tiempo asignado viene la rápida y decisiva espada de la justicia divina. "Porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades [...]. Por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga". (Apocalipsis 18:5-8) "A quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida". (2 Tesalonicenses 2:8)

Señales Confirmatorias

Estando al final de los períodos proféticos, ¿hay acontecimientos que queden en el mundo en el momento actual que indiquen este hecho? En respuesta de a pregunta, deseamos dirigir su atención a lo que se ha revelado en referencia a los acontecimientos relacionados con "los últimos días". Empezamos con una cita de Apocalipsis 16:12-16, donde este asunto es el tema de un símbolo:

"Y el sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente. Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza. Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón".

La principal característica de este testimonio es una reunión predicha de naciones para una guerra en la cual ha de tomar parte el Dios Todopoderoso (por medio del Señor Jesucristo, que llega a la tierra como un ladrón, antes de que comience el conflicto).

Sin embargo, hay ciertas señales que preceden a la reunión, que exigen nuestra atención. Primero, está el secamiento del río Éufrates, "para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente". Ahora bien, no podemos tomar esto con el significado de una evaporación literal del río conocido por ese nombre; porque no habría conexión entre semejante acontecimiento y la preparación del "camino a los reyes del oriente", o sol naciente, quienquiera que pensemos que son.

Hay sólo dos clases que se ajustan a la designación, a saber: los santos y los judíos; los primeros serán los reyes de una época futura, los cuales tienen su origen y constitución en Cristo, el gran sol naciente de justicia, quien ha de reaparecer en el oriente, y subyugará al mundo desde allí; y los segundos, que son la nación oriental real, señores del oriente. Si asumimos que "los reyes del oriente" que indica el testimonio son los santos, quedamos de inmediato excluidos del punto de vista literal acerca del "río Éufrates", porque. ¿cómo es que era necesario que un río se secara para dejar vía libre a aquellos que serán arrebatados para reunirse con el Señor en el aire? Si, por otra parte, asumimos que esto se refiere a los judíos (y la verdad es que se refiere a ambos, porque son parte integral del mismo sistema de cosas), la idea de la literalidad del río es igualmente insostenible; porque los judíos están principalmente esparcidos en Europa y en los Estados Unidos, y en su restauración vendrán en "las naves de Tarsis desde el principio" (Isaías 60:9), y serán traídos "en caballos, en carros, en literas, en mulos y en camellos, a mi santo monte de Jerusalén". (Isaías 66:20)

La pregunta es: ¿Qué significa la declaración de la profecía? Volviendo a los profetas, encontramos frecuentemente que se han escogidos ríos para representar naciones, potencias, ejércitos, etc. Leemos en Isaías 8:7, por ejemplo: "He aquí, por tanto, que el Señor hace subir sobre ellos aguas de ríos, impetuosas y muchos, esto es, al rey de Asiria con todo su poder". En este caso se representa figuradamente al poder asirio por medio del río que irrigaba el territorio sobre el cual estaba establecido, a saber, el Éufrates, al cual se le designa como "el río". De nuevo, en Isaías 18, donde los judíos son el tema del discurso, se encuentra la siguiente frase: "cuya tierra es surcada por ríos", refiriéndose a las repetidas invasiones militares sobre Palestina; porque nunca oímos de inundaciones de agua en esa parte del mundo. De ahí que también, se explica que "muchas aguas" significan "pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas". (Apocalipsis 17:15)

Ahora bien, en vista de estas consideraciones, es legítimo sostener que "el río Éufrates", secado por la sexta copa, representa a ese poder que está ubicado en el territorio al cual pertenece, en el tiempo contemporáneo con el vaciamiento de la sexta copa. Si se admite esto, la interpretación se fijaría de inmediato en Turquía como el poder representado; porque en el presente dicho país ocupa el territorio en referencia, cuando los acontecimientos de la profecía están próximos a su cumplimiento. Si es así, el significado del símbolo es que la vida política del Imperio Turco desaparecerá como una preparación necesaria para el camino de los reyes del oriente. Lo adecuado de esta interpretación se evidencia de inmediato, cuando recordamos que Turquía tenía la tierra de los judíos en posesión de servidumbre, impidiendo que posean terreno en su propia tierra, y rehusando garantizarles los privilegios normales de sus ciudadanos paganos; porque, hasta que el poder turco sea quitado de en medio; hasta que este Éufrates político se seque, la restauración de los judíos, en el sentido completo que requieren otras partes de la palabra profética, no es posible. De ahí la necesidad de su evaporación que se predice en la visión.

Juan vio la siguiente señal que se relacionaba con el desarrollo del fin: "Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas". Primeramente, hay que examinar con atención las tres fuentes de salida de los espíritus inmundos. Se dice que la bestia tenía "siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas". (Apocalipsis 13:1) En el capítulo 17:9 se da la siguiente interpretación de esto: "Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer [en el v. 18 se explica que la mujer es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra], y son siete reyes [...]. Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aun no han recibido reino", etc. (v. 12)

Es evidente que en este pasaje la "bestia" representa a una organización política, y no se refiere a un monstruoso reptil que sugeriría una interpretación literal del símbolo. Siendo esto así, "la boca de la bestia" también debe tener un significado político; y debemos buscar su equivalente en el sistema de la bestia, como una manifestación política. Por medio de esta regla, seleccionamos a la ciudad capital como la boca del Estado, tanto en cuanto a la exposición de su política como en cuanto a su financiamiento social. Ahora bien, basados en este principio de interpretación, que sugiere la explicación que aparece en la visión misma, la boca del dragón, de la bestia, y del falso profeta, significan las ciudades capitales de los sistemas políticos que estos símbolos representan con tanta severidad; y todo lo que es necesario para identificarlas es indagar qué sistemas están simbolizados por "el dragón, la bestia, y el falso profeta".

Esto no puede hacerse sin abocarse a una extensa investigación histórica, lo que es imposible dentro de los restringidos límites de un capítulo. Comprobadamente, el dragón es el Imperio Romano Oriental, que tenía a Constantinopla como su capital; la bestia, el Sacro Imperio Romano de la Edad Media, que tenía a Viena como su boca representativa; y el falso profeta, esa irracionalidad de la cristiandad, el tirano eclesiástico de Roma, desde la cual, actuando como "su boca", dispara sus blasfemas "bulas" y proclama sus falsas pretensiones de infalibilidad y untuosidad espirituales.

Las bocas, pues, desde donde salen los espíritus inmundos, son Constantinopla, Viena, y Roma. ¿Qué son esos espíritus? Son semejantes a ranas. Esto no puede significar un parecido a los pequeños batracios que habitan en las ciénagas; porque tales criaturas están desprovistas de cualidad inteligente; de ahí que una política que salga de una boca política no podría decirse nunca que se parece a las ranas. Como las bocas son políticas, la semejanza a ranas también debe tener una significación política; pero, ¿dónde buscaremos algo político relacionado con tres ranas?

Bien, es un hecho que el escudo de armas original de Francia consistía en tres ranas, lo cual cualquiera puede verificar por sí mismo consultando los comienzo de la historia de Francia. Aquí hay una pista. Si el Espíritu ha seleccionado al dragón--el primer símbolo heráldico del Imperio Romano Oriental--para representar la fase moderna de ese imperio, ¿no parece apropiado que se haya seleccionado el símbolo nacional original de Francia para representarla, cuando llegó la ocasión en que debía presentarse en escena? Sólo una respuesta puede darse, y esa respuesta trae consigo una certeza moral, que Francia nos es presentada en las tres ranas que vio Juan. Siendo esto así, la explicación del fenómeno que vio Juan este esta: que una política francesa inspiró la política que debe salir de Constantinopla, Viena, y Roma, causando una congregación de naciones para la guerra final del gran día del Dios Todopoderoso.

Aquí, pues, están las dos notables señales que deben buscarse, como indicación de que el fin se aproxima. Primero--la decadencia del Imperio Turco, y segundo--el predominio de la influencia francesa en el gran consejo político de Europa. ¿Quién puede dejar de ver que estas dos señales han sido prominentes por muchos años en el continente europeo? Turquía está desmoronándose rápidamente; y Luis Napoleón, el emperador francés, estaba cerca de convertirse en todopoderoso durante la parte principal de su reinado. Él desempeñó un papel fundamental en la realización de las guerras que han conducido al actual desarrollo del sistema militar de Europa.(*)

En la confianza inspirada en la seguridad del apoyo de Francia, el sultán de Turquía declaró la guerra a Rusia; de este modo, el espíritu inmundo a manera de rana procedió de la boca del dragón. Provocado por la beligerante actitud del Gobierno francés como instigador de Cerdeña, Austria declaró la guerra a este último; y de este modo se propició que el espíritu inmundo saliera de la boca de la bestia. Apoyado por el emperador francés, el Papa hizo la guerra contra los revolucionarios, quienes se habían alzado contra él bajo el mando de Garibaldi, en 1866-7, cuando los franceses evacuaron Roma bajo la Convención Franco-Italiana, y de este modo el espíritu inmundo salió de la boca del Falso Profeta. El efecto general de las tres operaciones ha sido dar a la política una dirección oriental. La Tierra Santa es ahora el centro de interés, y llegará a ser cada vez más a medida que se acerca el tiempo para congregarse en el Armagedón. Rusia debe aparecer en escena como conquistadora de Turquía. Esto se desprende de Daniel 11:40, 41, 44, 45; 12:1.

"Pero al cabo del tiempo [...] el rey del norte se levantará contra él [o sea, contra el poder mencionado en el versículo anterior, que estaba ocupando y dividiendo la Tierra Santa por lucro, le cual es Turquía] como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará. Entrará a la tierra gloriosa, y muchas provincias caerán [...]. Y saldrá con gran ira para destruir y matar a muchos. Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares y el monto glorioso y santo; mas llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude. [Porque] en aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces".

En prueba de que el victorioso poder invasor descrito en este testimonio como "el rey del norte", es Rusia, debe observarse que viene contra otro poder que está en ocupación de la Tierra Santa. Ese poder es Turquía, y debe ser evidente para todos por los hechos del caso. Ahora bien, el rey del norte, en relación con Turquía, y con todo otro país del mundo, es el Emperador de Rusia. En un sentido particular y absoluto, ese potentado responde a la descripción de la profecía; puesto que su imperio encierra la zona norte, casi de ambos hemisferios, constituyéndolo, en un sentido exclusivo, "el rey del norte". Esto es aún más evidente según Ezequiel 38, donde leemos, comenzando en el primer versículo:

"Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog, príncipe soberano de Mesec y Tubal, y profetiza contra él, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra ti, oh Gog, príncipe soberano de Mesec y Tubal. Y te quebrantaré, y pondré garfios en tus quijadas, y te sacaré a ti y a todo tu ejército, caballos y jinetes, de todo en todo equipados, gran multitud con paveses y escudos, teniendo todos ellos espadas; Persia, Cus y Fut con ellos; todos ellos con escudo y yelmo; Gomer y todas sus tropas; la casa de Togarma, de los confines del norte, y todas sus tropas; muchos pueblos contigo. Prepárate y apercíbete, tú y toda tu multitud que se ha reunido en ti, y sé tú su guarda.

"De aquí a muchos días serás visitado; al cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de muchos pueblos, a los montes de Israel, que siempre fueron una desolación; mas fue sacada de las naciones, y todos ellos morarán confiadamente. Subirás tú, y vendrás como tempestad; como nublado para cubrir la tierra serás tú y todas tus tropas, y muchos pueblos contigo (v. 9) [...]. En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habite con seguridad, ¿no lo sabrás tú? Vendrás de tu lugar, de las regiones del norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos a caballo, gran multitud y poderoso ejército, y subirás contra mi pueblo Israel como nublado para cubrir la tierra; será al cabo de los días; y te traeré sobre mi tierra, para que las naciones me conozcan, cuando sea santificado en ti, oh Gog, delante de sus ojos".

La evidencia de que el potentado al que se dirige esta profecía es el Emperador de Rusia, es abrumadora. En primer lugar, hay algo en el uso de la frase "Gog en tierra de Magog". Si Ud. acude a cualquier mapa del mundo antiguo, encontrará que la tierra de Magog--que ha tomado su nombre de Magog, el hijo de Jafet, que fue el primer colonizador--se halla en la parte norte de Europa, y ahora forma parte del moderno Imperio Ruso. En segundo lugar, la frase "príncipe soberano de Mesec y Tubal"; Ud. encontrará que aquellos antiguos nombres territoriales describen a países que ahora están incorporados a Rusia, y ahora modificados en los nombres de Moscovia y Tobolsk.. En tercer lugar, la observación, "vendrás de tu lugar, de las regiones del norte", muestra que la tierra de Magog, y las provincias de Mesec y Tubal están situadas geográficamente en los dominios del Emperador de Rusia.

Los puntos de coincidencia entre el "Gog en tierra de Magog" de Ezequiel y el "rey del norte" de Daniel son sorprendentes. Uno aparece " al cabo de años" y el otro "al cabo del tiempo". Uno es el "rey del norte" y el otro viene de su lugar, de las regiones del norte". Uno "inundará muchos países, y entrará a la tierra gloriosa" y el otro "con muchos pueblos consigo, arremete contra los montes de Israel como nublado para cubrir la tierra". Uno "llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude" y el otro recibe su merecido, según se describe en las siguientes palabras:

"Y en todos mis montes llamaré contra él la espada, dice Jehová el Señor; la espada de cada cual será contra su hermano. Y yo litigaré contra él con pestilencia y con sangre; y haré llover sobre él, sobre sus tropas y sobre los muchos pueblos que están con él, impetuosa lluvia, y piedras de granizo, fuego y azufre". (Ezequiel 38:21-22)

En ambos casos se predice la supremacía contemporánea de Rusia; en ambos, se destruye su poder por medios sobrenaturales. Rusia ha de derrotar muchos países, y mantendrá un protectorado sobre ellos, como se indica en las palabras: "Sé tú su guarda". Aquellos países incluyen todas las naciones del continente europeo. Se encontrará que "Gomer, y todas sus tropas, ; la casa de Togarma, de los confines del norte", con referencia a la geografía antigua, abarca casi cada país de Europa; y, además de estos, están "Persia, Cus y Fut con ellos", mostrando que en ese tiempo, Rusia habrá conquistado algo como un dominio universal.

Previo a este pleno desarrollo de su poder, los judíos habrán experimentado una restauración parcial. Al pueblo de Israel se le representa como "recogido de entre las naciones", y que se ha hecho de ganado y posesiones y que estas personas "habitan confiadamente; todas ellas habitan sin muros, y no tienen cerrojos ni puertas". Esta es la situación que existirá antes de la venida de Cristo. En consecuencia, se ha de llevar a cabo por medios naturales. Cuáles son estos medios naturales, puede inferirse por las alusiones del versículo 13, acerca de "los mercaderes de Tarsis y todos sus príncipes", y de Isaías 18. La probabilidad es que el principio del regreso de la prosperidad judía esté conectado con los esfuerzos británicos por poner freno a Rusia en sus designios sobre India.

Estableciendo una colonia judía en Palestina, el Gobierno británico se asegura sus comunicaciones con la India, siempre vital para su seguridad. El motivo de este César del norte, en su avance hacia los "montes de Israel, que siempre fueron una desolación", es evidente. En el intento por cortar las comunicaciones británicas, él arremete "con gran ira para destruir y matar a muchos". (Daniel 11:44) Él viene "como nublado para cubrir la tierra", con naciones consigo. Pero de improviso su marcha se ve interrumpida. Mientras sus fuerzas están acampadas en Bosra, en Edom, el león de la tribu de Judá irrumpe sobre ellos, y se produce una gran matanza. El acontecimiento se describe en Isaías 63:3, 4, 6.

"Los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas. Porque el día de mi venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado [...]. Y con mi ira hollé los pueblos, y los embriagué en mi furor, y derramé en tierra su sangre".

Zacarías predice la completa derrota de Gog con estas palabras:

Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio". (Zacarías 14: 3-4)

Ezequiel describe lo que sigue (capítulo 38:18-22):

"En aquel tiempo [...] subirá mi ira y mi enojo. Porque he hablado en mi celo, y en el fuego de mi ira: Que en aquel tiempo habrá gran temblor sobre la tierra de Israel; que los peces del mar, las aves del cielo, las bestias del campo y toda serpiente que se arrastra sobre la tierra, y todos los hombres que están sobre la faz de la tierra, temblarán ante mi presencia; y se desmoronarán los montes, y los vallados caerán, y todo muro caerá a tierra. Y en todos mis montes llamaré contra él la espada, dice Jehová el Señor; la espada de cada cual será contra su hermano. Y yo litigaré contra él con pestilencia y con sangre; y haré llover sobre él, sobre sus tropas y sobre los muchos pueblos que están con él, impetuosa lluvia, y piedras de granizo, fuego y azufre".

Zacarías añade a esto:

"Y esta será la plaga con que herirá Jehová a todos los pueblos que pelearon contra Jerusalén: la carne de ellos se corromperá estando ellos sobre sus pies, y se consumirán en las cuencas sus ojos, y la lengua se les deshará en su boca. Y acontecerá en aquel día que habrá entre ellos gran pánico enviado por Jehová; y trabará cada uno de la mano de su compañero, y levantará su mano contra la mano de su compañero". (Zacarías 14:12-13)

El resultado del conflicto es la destrucción de los ejércitos reunidos. Un remanente escapa en vuelo (Ezequiel 39:2), y lleva el informe de la derrota de manera sobrenatural a las naciones que "no oyeron de él, ni vieron su gloria". (Isaías 66:19)

En esta coyuntura, un manifiesto, o notificación imperial, sale de Jerusalén, instando a todas las naciones a someterse al rey de toda la tierra, designado por Dios. A este se representa en Apocalipsis 14:6 como un ángel que vuela "por en medio del cielo [...], que tenía el evangelio eterno [o las buenas nuevas de la época] para predicarlo a los moradores de la tierra [...] diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado". La notificación fue desoída: "La bestia de la tierra y sus ejércitos se congregan para hacer guerra contra el Cordero", contra aquellos que están con él, los cuales son llamados, escogidos, y son fieles. El Cordero permite que las huestes congregadas procedan a la batalla. Él podría dispersarlos con una palabra, pero sus intentos por derrocarlo sirven para un propósito. En la guerra que se produce, "el Cordero los vencerá", y después el mundo verá el cumplimiento de la siguiente predicción:

"Y pondré mi gloria entre las naciones, y todas las naciones verán mi juicio que habré hecho, y mi mano que sobre ellos puse. Y de aquel día en adelante sabrá la casa de Israel que yo soy Jehová su Dios. Y sabrán las naciones que la casa de Israel fue llevada cautiva por su pecado, por cuanto se rebelaron contra mí, y yo escondí de ellos mi rostro, y los entregué en manos de sus enemigos [...]. Ahora volveré la cautividad de Jacob, y tendré misericordia de toda la casa de Israel [...]. Ni esconderé más de ellos mi rostro; porque habré derramado de mi Espíritu sobre la casa de Israel, dice Jehová el Señor". (Ezequiel 39:21, 23, 25, 29)

Los acontecimientos actuales indican la proximidad de la crisis. De una manera extraordinaria, el Papado ha perdido su poder. Derribado de su posición de supremacía por el impacto de la Revolución Francesa, hace más de setenta años, desde entonces su descenso ha continuado gradualmente. Fue privado de su último puntal como consecuencia de la derrota de las fuerzas austriacas, en la guerra Austro-Prusiana, y la incorporación de gran parte de los Estados de la Iglesia al joven reino de Italia. Con el derrocamiento de Francia de parte de Alemania, el dominio temporal del Papa se desmoronó hasta el suelo, y el Papa ahora se queja cada vez que se presenta la ocasión de que es un prisionero en el Vaticano, y que en la pérdida del poder temporal ha perdido la dignidad y la independencia necesaria para el ejercicio del Pontificado. Sin duda, la escena final está a las puertas.

La actitud de Rusia apunta a un probable logro de la posición que le han asignado los profetas para el tiempo del fin. Su recuperación de los desastres de la Guerra de Crimea es notoria para todo el mundo. Su extensión territorial nunca se ha detenido, ni por un momento. Durante los últimos veinte años ha añadido grandes provincias en Asia Central, y ha conquistado la gran barrera que yace entre ella y el Asia Menor, en el Cáucaso, mientras que como resultado de la Guerra Ruso-Turca de 1877-8, ha penetrado hasta el corazón del Imperio Turco. Su sombra tenebrosa se cierne ahora ominosamente detrás del problema oriental.

En cuanto a Turquía, como ya se ha dicho, está desmoronándose rápidamente. Herzegovina y Bosnia están anexados a Austria. Serbia, Rumania, y Montenegro se han erigido en reinos independientes. Bulgaria no es más que una provincia rusa. Rumelia Oriental se ha convertida en una provincia autónoma, gobernada por un gobernador cristiano. Egipto es una ocupación inglesa. Las poblaciones cristianas en la totalidad de los dominios del Sultán están en un bullente fermento de rebelión, preparándose para levantarse contra él y librarse de su yugo. Los doctores diplomáticos han desahuciado al "hombre enfermo" como incurable, y los periódicos rebosan de pronósticos acerca de la inevitable caída del Imperio Turco.

En la lucha por el botín, Rusia irá por la parte del león; sin duda Gran Bretaña pondrá su mano en Siria para proteger el camino hacia sus posesiones en el Oriente. Este será el tiempo en que los judíos realizan la restauración parcial que ocurre antes de la invasión de la tierra que hará Gog. Ellos ya han empezado a llevar a cabo una extensión parcial. Planes para la colonización de la tierra están en boga entre los judíos, y se reciben con creciente aceptación. Existen varias sociedades que promueven el retorno de los judíos, y en realidad se han formado varias colonias y que están ahora funcionando en la Tierra Santa. Se han formado dentro de los últimos veinte años, y han recibido un poderoso ímpetu del sentimiento de nacionalidad que prevalece ahora en el continente europeo, y regula la política europea:

Italia para los italianos; Palestina para los judíos; estos son corolarios políticos, y están a punto de ser colocados uno al lado del otro sobre la misma base de hechos consumados. La tierra de Palestina ha atraído mucha noticia últimamente; y, como bien se sabe, una sociedad, con el Príncipe de Gales a la cabeza, ha hecho un completo estudio de cartografía del país. Esto ayuda a pavimentar el camino para la secuela política, en la cual Gran Bretaña, ama y protectora de los judíos, no por amor ellos, sino por sus propias exigencias políticas que tienen conexión con la India, será el enemigo de Rusia cuando venga como nublado para cubrir la tierra. Una vez que Inglaterra esté en posesión del país, la restauración de los judíos se desarrollará en un día. Los judíos están listos, con grandes riquezas, y con pronta disposición, a regresar a la tierra de sus padres cuando se elimine finalmente el obstáculo político que presenta Turquía.

En cuanto al estado del mundo en general, el carácter de las naciones es altamente significativo con respecto a la crisis predicha. Las Escrituras nos informan que en la época del fin, el mundo se volverá sumamente beligerante. Esto está sugerido en declaraciones como las que siguen:

"Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra, despertad a los valientes, acérquense, vengan todos los hombres de guerra. Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy". (Joel 3:9-10)

"He aquí que el mal irá de nación en nación, y grande tempestad se levantará de los fines de la tierra". (Jeremías 25:32)

"En la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor". (Lucas 21:25, 26)

"Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido". (Apocalipsis 11:18)

Ahora bien, es notorio que el actual estado del mundo es uno de preparación para la guerra. Nunca hubo un tiempo de semejante preparación militar. El servicio militar universal por conscripción ha llegado a ser la orden del día. Europa, en las palabras de un estadista británico, se ha convertido en un inmenso campo atrincherado. La fiebre de la guerra es universal. La paz está en los labios de los gobernantes, pero la guerra está en sus corazones. La nube de guerra que oscurece se esparcirá por todo el firmamento y estallará en una terrible violencia.

Un tiempo de angustia, como nunca ha habido, está en reserva para el mundo. Las peores experiencias de la antigüedad, cuando la sangre corría como agua, y el hambre esperaba en el tren de la guerra para matar sus millones, se repetirán en una escala de magnitud que sacudirá al mundo con terror, y disminuirá su atestada y corrupta población a un remanente purificado en simpatía con Cristo. La tormenta de la venganza divina limpiará la atmósfera de los fétidos y opresivos elementos con los cuales está cargada. El implacable brazo de la justa retribución--puesto que "en justicia él juzga y hace la guerra"--pondrá el fundamento para la en la tierra, y buena voluntad para con los hombres.

Cuando los reinos de este mundo lleguen a ser los reinos de Jehová y de su Cristo, su gloria cubrirá la tierra como las aguas cubren al mar. El humo y la matanza del juicio pasarán, y la pacífica mañana de la justicia y la felicidad se abrirá con una sonrisa sobre el mundo. Jerusalén, que al principio fue el escenario de un juicio destructor, llegará a ser el centro de bendición para todas las naciones. Reinará el rey que "bajará como lluvia sobre la hierba seca, como regaderas que riegan la tierra". El sol alumbrará por entre las disipables nubes de la tormenta del juicio, y llenará al mundo con sanidad y alegría. Después de la tormenta del juicio, el sol de justicia se levantará con sanidad en sus alas. Las angustias de la tierra se curarán en la calma de la paz universal. Habrá gloria para Dios en el cielo más alto, y sobre la tierra paz y buena voluntad entre los hombres.



* Hay ciertas complejidades en la cronología bíblica que nos disuaden a aceptar el año 4.090 a. c. como una cifra definitiva de la verdadera fecha de la "creación". Pero, aparte de esto, la conexión general del argumento es válida. El Editor.

* Esta lista no aparece como lista en el libro de Maquiavelo, sino en la forma de un relato que se extiende por varias páginas, de las cuales esta es una condensación.--El autor.

* En inglés, "sede" se dice "see", cuya palabra también significa "ver" o "vigilar". (Nota del traductor)

(*) Debe tenerse presente que el autor está escribiendo en 1862, cuando se estaban produciendo estos hechos. (Nota del traductor)


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