Tribulaciones Venideras y La Segunda Venida

El tema de este capítulo es uno que no tiene encanto para la generalidad del género humano. A los hombres no les gusta pensar en un juicio venidero. No va de acuerdo con sus preferencias. La expectación del juicio, o más aún, su sola enunciación, es considerada como muestra de poca cultura y vulgar fanatismo. Se considera más refinada la idea popular de que el mundo entrará gradualmente en un milenio de paz sin que el orden presente sea trastornado.

Es posible dar una hipótesis perfectamente razonable de este estado del sentir popular. Pero no vale la pena ocupar el tiempo que se necesitaría para eso. Un mejor plan será mostrar que una creencia en las tribulaciones venideras, como precursoras de la próxima manifestación de Cristo en la tierra con poder y gran gloria, es la inevitable consecuencia de la fe práctica en la Biblia como la voluntad revelada de Dios. Por lo tanto, cualquier imputación que surja de semejante creencia, es contra la Biblia, y no contra el tema de la creencia; puesto que hay una notable diferencia entre la fantasía gratuita y la inteligente convicción que surge de la creencia que se dispensa a la autoridad.

En anteriores capítulos, hemos visto que es el propósito de Dios enviar a Jesucristo a la tierra de nuevo, con el fin de destruir todos los reinos existentes y establecer un reino propio que será universal y eterno. Nuestra atención se dirige ahora a las circunstancias que rodean este prodigioso cambio en la historia del mundo. ¿Será instantáneo el cambio del reino de los hombres al reino de Dios, o el lento resultado de un proceso universal? ¿Llegará Cristo secretamente a la tierra en un tiempo de paz, y silenciosamente destruirá los poderes de la tierra con sus ejércitos, en una sola noche, como en el caso de los asirios de la antigüedad? ¿O se manifestará cuando predominen las guerras y haya tribulaciones en el exterior? El testimonio bíblico es muy explícito sobre este punto:

En aquella época "será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces". (Daniel 12:1)

"En la tierra [habrá] angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra". (Lucas 21:25,26)

"Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que el mal irá de nación en nación, y grande tempestad se levantará de los fines de la tierra. Y yacerán los muertos de Jehová en aquel día desde un extremo de la tierra hasta el otro". (Jeremías 25:32,33)

Estos testimonios contestan la pregunta. Muestran que el cambio que introducirá el reino de Dios en la tierra estará acompañada de tribulaciones en una escala que no tiene paralelo en la historia; y que el mundo entero estará envuelto en dificultades políticas, y sufrirá a causa de los muchos males inherentes a tal condición. Pero encontraremos que otro elemento de angustia caracterizará los tiempos de la segunda venida--que Dios mismo efectuará un juicio visible sobre las naciones de la tierra--que las perplejidades naturales serán complementadas con retribuciones milagrosas. Los testimonios de esto son numerosos y enfáticos, y como todo el argumento depende de ellos, merecen la más detenida consideración. Leemos en Jeremías 25:30,31:

"Tú, pues, profetizarás contra ellos todas estas palabras y les dirás: Jehová rugirá desde lo alto, y desde su morada santa dará su voz; rugirá fuertemente contra su morada; canción de lagareros cantará contra todos los moradores de la tierra. Llegará el estruendo hasta el fin de la tierra, porque Jehová tiene juicio contra las naciones; él es el juez de toda carne; entregara los impíos a espada".

Este es un enjuiciamiento directo de "toda carne", de parte del Todopoderoso, y la extirpación de los malos de entre los hombres. La historia no tiene ningún registro de tan terrible acontecimiento. El tiempo de su cumplimiento aparecerá en el siguiente testimonio:

"He aquí que el nombre de Jehová viene de lejos; su rostro encendido, y con llamas de fuego devorador; sus labios llenos de ira, y su lengua como fuego que consume. Su aliento, cual torrente que inunda; llegará hasta el cuello, para zarandear a las naciones con criba de destrucción". (Isaías 30:27,28)

¿Quién es "el nombre de Jehová" personificado en esta cita de Isaías? Oímos la respuesta cuando escuchamos al que dijo, "Yo he venido en nombre de mi Padre" (Juan 5:43), y de quien está escrito, "No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12); es decir, Jesús el Cristo, el Ungido "Dios con nosotros"--la Palabra hecha carne--un nombre que Dios proveyó para investidura de los desnudos hijos de Dios. La profecía lo representa "viniendo de lejos". ¿Cuál es el significado de esto? Lo encontramos explicado en la parábola de Cristo a sus discípulos, tal como se consigna en Lucas 19:12-27: "Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver". De ahí que Jesús (el hombre noble), que regresa de los cielos (el lejano país), es "el nombre de Jehová que viene de lejos."

Ahora bien, ¿en qué carácter se revela, según la profecía? "Sus labios llenos de ira, y su lengua como fuego que consume". O tomemos la representación de Pablo: "Cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo". (2 Tesalonicenses 1:7,8); lo cual concuerda con la declaración de Isaías 11:4: "Herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío". Finalmente, contemplemos el cuadro elaborado simbólicamente en Apocalipsis 19:11-16:

"Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores".

Habiendo visto que "el nombre de Jehová que viene de lejos con su rostro encendido", responde al cercano advenimiento de Cristo para tomar venganza, será provechoso citar otros testimonios que muestran que esta doctrina del juicio venidero es la enseñanza uniforme del Espíritu en la palabra, y no tan sólo una deducción de expresiones aisladas. Leemos en Isaías 66:15,16:

"Porque he aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para descargar su ira con furor, y su reprensión con llama de fuego. Porque Jehová juzgará con fuego y con su espada a todo hombre; y los muertos de Jehová serán multiplicados".

También Salmos 50:3-6:

"Vendrá nuestro Dios, y no callará; fuego consumirá delante de él, y tempestad poderosa le rodeará. Convocará a los cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo. Juntadme mis santos, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio. Y los cielos declararán su justicia, porque Dios es el juez".

Además, Malaquías 4:1,2:

"He aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama. Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación".

Con el mismo propósito declara Jeremías 30:23,24:

"He aquí, la tempestad de Jehová sale con furor; la tempestad que se prepara, sobre la cabeza de los impíos reposará. No se calmará el ardor de la ira de Jehová, hasta que haya hecho y cumplido los pensamientos de su corazón; en el fin de los días entenderéis esto".

De nuevo, Salmos 21:9:

"Los pondrás [a sus enemigos] como horno de fuego en el tiempo de tu ira; Jehová los deshará en su ira; y fuego los consumirá".

"Sobre los malos hará llover calamidades; fuego, azufre y viento abrazador será la porción del cáliz de ellos". (Salmos 11:6)

"Y enviaré fuego sobre Magog, y sobre los que moran con seguridad en las costas; y sabrán que yo soy Jehová". (Ezequiel 39:6)

"Y yacerán los muertos de Jehová en aquel día desde un extremo de la tierra hasta el otro; no se endecharán ni se recogerán ni serán enterrados; como estiércol quedarán sobre la faz de la tierra". (Jeremías 25:33)

Considerando estos testimonios en conjunto, encontramos que revelan dos etapas separadas en las "tribulaciones venideras". Primero, hay "angustia de naciones"--"el mal irá de nación en nación"--y "desfalleciendo los hombres por el temor", etc., lo cual puede ser designado como la etapa natural; y segundo, una manifestación divina en la persona del Hijo del Hombre (el cual es "el nombre de Jehová") acompañado de juicios destructores de fuego y espada, los cuales destruirán grandes cantidades del género humano; que puede considerarse como la etapa sobrenatural. La primera precede a la última. De ahí que, como primera indicación del acercamiento del fin, debemos esperar tiempos de angustia y conmoción en la tierra.

Cuando las tribulaciones naturales hayan avanzado hasta cierto punto, el Señor Jesús será revelado, ya no como "el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo"-- "varón de dolores, experimentado en quebranto"; sino como "el León de la tribu de Judá", pisando "el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso"--tomando venganza de esta generación incrédula. La venganza en relación con el género humano en conjunto, será destrucción de la mayoría, y disciplina para el resto. Multitudes perecerán por la guerra y la pestilencia; otras multitudes serán víctimas del fuego que caerá, según la manera que cayeron los juicios sobre Sodoma y Gomorra; y las llamas que consumieron a las compañías militares que iban a sacar a Elías de la cumbre del monte. "Yacerán los muertos de Jehová en aquel día desde un extremo de la tierra hasta el otro".

La población de la tierra será reducida drásticamente; sus elementos réprobos serán eliminados, dejando un residuo compuesto por los mansos y sumisos y bien dispuestos del género humano, quienes constituirán los súbditos obedientes del reino del Mesías, referidos en Isaías 2:3, Jeremías 3:17, Miqueas 4:2 y Zacarías 14:16 como las naciones que subirán "a la casa del Dios de Jacob", en Jerusalén, para aprender de sus caminos y caminar por sus senderos, "ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón".

Pero este resultado no se logrará de inmediato. La subyugación del mundo tomará tiempo. Cuando Cristo venga, las potencias harán alianza contra él. Esto es evidente según Apocalipsis 19:19: "Vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército". Esto ocurre después de su descenso del cielo (vea el v. 11) Puede parecer increíble que las naciones estén tan encaprichadas como para intentar oponerse a las acciones del Omnipotente. La respuesta es que lo que ya ocurrió puede repetirse. Los egipcios no se doblegaron ante la inconfundible evidencia de la acción divina, sino que irrazonablemente persiguieron a Israel, después que éstos salieron de Egipto, y llegaron a su perdición en el Mar Rojo. No es del todo improbable que las potencias del continente europeo vean en Cristo a un nuevo Mahoma; algún fanático califa empeñado en un proyecto de conquista universal. Bajo esta impresión se combinarán para derrotarlo; pero sus mal dirigidos esfuerzos recaerán sobre sus propias cabezas para su destrucción:

"Los pueblos harán estrépito como de ruido de muchas aguas; pero Dios los reprenderá, y huirán lejos; serán ahuyentados como el tamo de los montes delante del viento, y como el polvo delante del torbellino. Al tiempo de la tarde, he aquí la turbación, pero antes de la mañana el enemigo ya no existe". (Isaías 17:13,14)

"El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira". (Salmos 2:4,5)

"El Señor está a su diestra; quebrantará a los reyes en el día de su ira. Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres; quebrantará las cabezas en muchas tierras". (Salmos 110:5,6)

"Acontecerá en aquel día, que Jehová castigará al ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra. Y serán amontonados como se amontona a los encarcelados en mazmorra, y en prisión quedarán encerrados [o sea, en el sepulcro: Zacarías 9:11), y serán castigados después de muchos días. La luna se avergonzará, y el sol se confundirá, cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sión y en Jerusalén, y delante de sus ancianos sea glorioso". (Isaías 24:21-23)

"Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios, y sobre ellos tronará desde los cielos; Jehová juzgará los confines de la tierra, dará poder a su Rey, y exaltará el poderío de su ungido [Cristo]". (1 Samuel 2:10)

También consultemos a Sofonías 3:8 y a Hageo 2:6,22, así como otros pasajes que se pueden localizar. De esta manera, el intento de las potencias "constituidas" para resistir al monarca oriental recién surgido, terminará en la completa derrota de ellos. Su audacia encontrará una terrible retribución. El sistema entero de gobierno humano que ellos representan será reducido a polvo, y la invencible autocracia del Mayor que Salomón será confirmada y establecida universalmente

Sin embargo, esto no se realizará en un instante. Dios podría aniquilar el poder del enemigo en un momento, y de una vez limpiar la tierra para establecer su propio poder; pero entonces no habría oportunidad para el planeado castigo de este mundo malvado, y ningún efecto moral sobre el "remanente". Dios pudo haber destruido de inmediato a los egipcios y liberado a los cautivos israelitas; pero entonces la lección que tenía por objeto que sirviera en toda época no se habría grabada con suficiente profundidad; los judíos pudieron haber obtenido una idea confusa de la grandeza y omnipotencia de Jehová; y el histórico nombre de Dios, el cual es uno de los pilares de nuestra fe, podría haber sido mal recordado. Las obras divinas siempre se caracterizan por la amplitud de sus metas, y es sólo la ignorancia de los propósitos lo que engendra desdén por los medios. Entonces, en la colisión que se llevará a cabo al final entre las potencias de este mundo y Cristo, el hombre a quien Dios ha nombrado para juzgar al mundo con justicia, le será permitido al hombre llegar hasta lo último, y desplegar su poder en el vano intento de vencer a la insospechada omnipotencia. Esto dará tiempo para el proceso moral de los juicios que serán aplicado en la supresión de estas potencias:

"Porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia". (Isaías 26:9)

"Por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado". (Apocalipsis 15:4)

Probablemente muchas campañas laboriosas tendrán lugar antes de que se efectúe una completa subyugación. Los gobiernos de la tierra lucharán con desesperación para preservar el régimen humano de la temida aniquilación. Pelearán hasta el final y mantendrán su esperanza hasta que la misma esperanza desaparezca por el completo triunfo del Cordero, "quien los vencerá". Durante el intervalo que será ocupado de este modo, un pueblo justo y sumiso se desarrollará por medio del juicio manifestado, el cual estará contento de saludar la inauguración del nuevo gobierno, que será establecido universalmente sobre las ruinas de "los reinos de este mundo".

¿Cuál será la posición del pueblo de Cristo en esta crisis, es decir, aquellos que ahora y en todas las épocas "esperan su manifestación", como "hombres que aguardan a que su señor regrese?" Está claro que ellos no serán dejados entre las naciones durante este temible tiempo de angustia; estarán con "el Cordero", tal como es evidente según Apocalipsis 17:14: "Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles". ¿Quiénes son "los que están con él"? La respuesta aparece en el siguiente testimonio: "Vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos". (Zacarías 14:5)

Los santos cooperan con Cristo en la ejecución de los juicios escritos. Este honor está reservado para todos ellos. Será su privilegio "ejecutar venganza entre las naciones, y castigo entre los pueblos; para aprisionar a sus reyes con grillos, y a sus nobles con cadenas de hierro; para ejecutar en ellos el juicio decretado; gloria será esto para todos sus santos". (Salmos 149:7-9) Ellos mantendrán este "honor" durante el tiempo contemplado en las palabras de Daniel 7:22: "Se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino". Pablo recuerda a los corintios la próxima elevación de los santos al tribunal: "¿No sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?" (1 Corintios 6:2,3) También Juan vio esto en una visión, como se consigna en Apocalipsis 20:4: "Vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar".

Es obvio que en las escenas finales de juicio de esta dispensación, los santos estarán unidos con el Señor Jesús en la destrucción de los sistemas políticos, eclesiásticos y sociales que en conjunto constituyen este "presente siglo malo". Esta es una obra de devastación para el cual los simples sentimentalistas religiosos de esta época no serían aptos. Involucrará mucha destrucción de vida, según el rotundo ejemplo del diluvio, y creará un tiempo de angustia como nunca ha sido visto desde que las naciones han existido en la tierra, un "día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra [...] el día grande y espantoso de Jehová". Extensas serán las desolaciones que se producirán; sangrientos y severos los juicios administrados por las manos de Jesús y los santos. "La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en aquel día. Porque día de Jehová de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, sobre todo enaltecido, y será abatido [...] Y se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, por la presencia temible de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando él se levante para castigar la tierra". (Isaías 2:11,12,19)

Entonces, debe ser obvio que antes de que comience el período de estos juicios, los santos serán sacados de las esferas que ocupan en el mundo; de otra manera no estarían con Cristo, y se verían envueltos en las tribulaciones generales, lo cual es contrario a las palabras dedicadas a ellos en Isaías 26:20,21:

"Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación. Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá ya más a sus muertos".

La forma de este entrar "en los aposentos y cerrar las puertas" para esconderse se hace evidente en el Nuevo Testamento: primero, por la referencia de Mateo 25:10, donde leemos: "y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta"; y segundo, por la referencia de Apocalipsis 19:7,8, donde encontramos que esta boda es la reunión de Cristo y su pueblo en su venida. Esto se expresa con mayor claridad en la enseñanza de Pablo en 1 Tesalonicenses 4:16,17:

"Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en la nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor".

Esto se menciona en 2 Tesalonicenses 2:1, como "la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él". Entonces, el primer acontecimiento que tiene lugar después del regreso del Señor desde los cielos, es la "reunión" de todos sus santos con él, incluyendo los muertos de las épocas pasadas, que habrán sido resucitados para el mismo propósito. Esta reunión es para juicio. Pablo dice: "Porque es necesario que todos nosotros [hermanos] comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo". (2 Corintios 5:10) Las parábolas que Cristo habló en la tierra, ilustrativas de su entonces próxima partida al cielo y su subsiguiente regreso, tienen esta característica: "Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero". (Lucas 19:15)

De todo esto se deduce que a su regreso, sus siervos muertos serán resucitados y sus siervos vivientes reunidos de todas las partes de la tierra donde estén dispersos, para comparecer delante del él a fin de "hacer cuentas con ellos". (Mateo 18:23) Él aprobará a algunos y rechazará a otros: estos últimos serán sentenciados a tomar parte en los juicios que descenderán sobre la bestia apocalíptica y sus ejércitos, o sobre el pecado incorporado política y eclesiásticamente en las potencias que "pelearán contra el Cordero" y su ejército; los primeros serán admitidos a la ceremonia de bodas, en la cual serán reconocidos "delante del Padre y de los santos ángeles" (Mateo 10:32; Apocalipsis 3:5), y de ahí en adelante "seguirán al Cordero dondequiera que vaya" (Apocalipsis 14:4), y cooperarán con él en el castigo de las naciones por medio de los juicios escritos que fueron tratados en la primera parte de este capítulo.

Todo esto tendrá lugar antes de que los juicios divinos comiencen, pero no antes de la "angustia de las gentes, confundidas", lo cual es el síntoma preliminar de que se acerca la "gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo". Ese estado de complicación política probablemente prevalecerá por un tiempo considerable antes de que los santos sean llamados a cuentas, y los hombres lo considerarán como una repetición de las conmociones que muchas veces han ocurrido en el transcurso de la historia. Ellos sólo verán su causa inmediata. Nunca sospecharán que una mano divina está guiando el desarrollo de los acontecimientos, o que "el juicio está cerca, a la puerta". Nunca se imaginarán que el mundo está al borde de la más terrible crisis que jamás ha ocurrido en su historia; que la indignación divina, largo tiempo restringida, está a punto de visitar al mundo con juicios destructores que quebrantarán la totalidad del sistema de la sociedad humana, organizada política, eclesiástica y socialmente.

Pero como la pequeña nube, del tamaño de la palma de la mano, que presagia la cercana tormenta, los santos serán tomados en un momento crítico determinado, sin previo aviso. Con toda probabilidad, el acontecimiento será tan discreto como para atraer poca atención. Todo lo que el mundo sabrá en general es que unas pocas y oscuras personas, que sostienen doctrinas "fanáticas", han desaparecido misteriosamente; pocos supondrán con seriedad que ha ocurrido algo sobrenatural. Se presentarán algunas teorías acerca del fenómeno, y el incidente será olvidado; al menos por la mayoría. Algunos que llegaron a saber que este esperado traslado era parte de la doctrina de esta gente fanática, quizá no puedan acallar cierto sentimiento de intranquilidad que perturbará su pecho; pero el mundo en general no se dará cuenta, y avanzará hacia la destrucción que lo espera en la manifestación de Jesús con sus santos.

En aras de la claridad, será útil resumir, en su orden cronológico, los acontecimientos a los cuales ya nos hemos referido:

1. "Desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra", lo cual surge de la complicación de la política internacional, de lo que también se dice "que el mal irá de nación en nación" produciendo aflicción entre los hombres (Lucas 21:26; Jeremías 25:32)

2. La venida de Cristo como ladrón (Apocalipsis 16:15), después del desarrollo de ciertos acontecimientos a los cuales nos referiremos ahora.

3. Resurrección de los "muertos en Cristo".

4. La reunión de los santos con Cristo de todas las partes de la tierra, incluyendo los vivos y aquellos que hayan muerto.

5. El juicio de sus siervos, que comprende el rechazo de los indignos y la aceptación de los "buenos y fieles"; el envío de los primeros a los territorios de las naciones sobre las que descenderá el juicio, y la reunión de los últimos como "la esposa preparada" para el glorioso matrimonio con el novio, que estuvo largo tiempo ausente, pero que ahora ha llegado.

6. Guerra entre las "autoridades superiores" y el Cordero, el cual los vencerá.

7. Jesús y sus santos infligirán duros juicios sobre las naciones, produciendo gran exterminio sobre toda la tierra, y dando como resultado la completa abolición del orden de cosas existentes, y la enseñanza de la justicia a los hombres.

8. El establecimiento del reino de Dios, que durará mil años, y luego se producirá un cambio en su constitución, adaptándola a las necesidades de los siglos eternos de ahí en adelante.

Este es un bosquejo general de los acontecimientos que ocurrirán en "el fin", en conexión con el establecimiento del reino de Dios. Sin embargo, es deficiente en un aspecto importante; no abarca aquellos acontecimientos que constituyen la ocasión del advenimiento como ladrón del Mesías, y no toma en cuenta las señales políticas que se revelan en la Escritura como las indicaciones premonitorias del cercano fin. Estas, con el tema de lo cerca que probablemente está el mundo de la gran crisis, serán consideradas en el capítulo siguiente.


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