La Verdad Bíblica Acerca de... 'Irse Al Cielo'

Por incontables siglos, muchos 'creyentes' han sido consolados con la enseñanza de que cuando mueren, su 'alma inmortal' se va al cielo. Sabemos que la Biblia enseña que nadie tiene un alma inmortal o alguna chispa de inmortalidad, y que nadie se va al cielo ni ninguna parte de la persona, ni su cuerpo ni lo que la gente crea que es su alma.

¿CÓMO SE DESARROLLÓ LA 'TEORÍA' DE QUE EL ALMA SE VA AL CIELO?

Cuando el Señor, como preámbulo a su Sermón del Monte, pronunció lo que ha llegado a conocerse como las 'bienaventuranzas', dijo a sus discípulos: "Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mateo 5:10). Luego, en el versículo 12, añade: "Gozaos y alegraos, porque VUESTRO GALARDÓN ES GRANDE EN LOS CIELOS".

Cuando la muerte clava la vista en una persona, por decirlo así, es un enorme consuelo repetirles a ellos esas palabras o usarlas en un funeral, y es muy usual oír a un religioso oficiante afirmar que debido a que el Señor Jesús prometió un 'galardón en el cielo', entonces podemos tener la seguridad de que el 'alma inmortal' de la persona que está siendo enterrada ya ha iniciado su camino al cielo y que sin duda está mirando desde arriba la ceremonia del funeral. A muchos de los que oyen esas palabras nunca se les ha ocurrido que la Biblia no enseña tan simplistas ideas. No sólo eso, sino que en los años del escritor de este folleto, ni una sola vez he oído a un ministro religioso decir que el alma de incluso una persona terriblemente malvada se haya ido a un lugar que no sea el cielo.

Muchos cristianos del presente están bajo la impresión de que su 'alma inmortal' se va directo al cielo cuando la persona muere, y que allí alaba al Padre para siempre.

Sin embargo, un estudio de las Escrituras muestra que los discípulos y apóstoles creían en las enseñanzas de sus Escrituras, que toda vida, recuerdos y pensamientos cesaban en la muerte y que el hombre volvía l polvo de la tierra, del cual fue creado originalmente, y el aliento de vida que se le dio al nacer, vuelve a Dios que lo dio (Eclesiastés 12:7).

¿CUÁL ES, ENTONCES, EL ESTADO DEL GÉNERO HUMANO EN LA MUERTE?

Las creencias de la Iglesia Cristiana se desarrollaron a partir de las creencias de los judíos, muchas de las cuales formaron la base de la Iglesia Primitiva. Los judíos de los días del Señor Jesús aprendieron sus creencias en el Antiguo Testamento, y de este modo uno no encuentra argumentos en contra de las enseñanzas de Jesús sobre el importante asunto del estado de la muerte. La creencia de ellos era que antes de que el niño respire al nacer, es un alma muerta, pero inmediatamente que Dios da al niño el aliento de vida, llega a ser un 'alma viviente' (en hebreo es 'nephesh' = 'una criatura que respira', Génesis 2:7). Sólo puede ser obvio que cuando muere esa persona, la situación se revierte; llega a ser un alma muerta, o persona muerta, como era antes de que entrara en sus narices el aliento de vida. El rey Salomón sabiamente señaló: "Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben" (Eclesiastés 9:5).

Los judíos en cada siglo, desde los tiempos del rey David, siempre han reverenciado a este maravilloso rey de Israel y a sus enseñanzas en los Salmos. En el Salmo 104, David habla de muchas de las criaturas vivientes que creó el Padre, y dice: "Envías tu Espíritu, son creados" (v. 30), y además: "Les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo" (v. 29).

En el Salmo 6:5, el gran rey David relaciona a la muerte con el sepulcro y escribe: "Porque en la muerte no hay memoria de ti; en el Seol, ¿quién te alabará?". Obviamente, la percepción del rey David acerca de la muerte era sencillamente aquella de la cual habló en Salmos 115:17 - "No alabarán los muertos a JAH, ni cuantos descienden al silencio [al sepulcro]". Sin duda, si David era en verdad un 'hombre conforme al corazón de Dios' (Hechos 13:22), él sabría la verdad acerca de la muerte y de 'la vida después de la muerte'. ¡Efectivamente sabía! Su punto de vista acerca de la muerte era muy claro y se expresa en Salmos 146:4 - "Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos.

Estas sencillas verdades muestran claramente que cuando muere el hombre, regresa al polvo de la tierra, al silencio, no al cielo a alabar a Dios. El apóstol Juan se aseguró que aprendiéramos acerca de esto al escribir: "Nadie subió al cielo" (Juan 3:13).

El apóstol Pedro, predicando en el día de Pentecostés con los discípulos, afirma claramente: "David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy [...]. David NO SUBIÓ a los cielos" (Hechos 2:29, 34). Pedro estaba diciendo que los huesos de David estaban todavía en el sepulcro en Israel y que NINGUNA parte de él estaba en el cielo.

CUANDO EL HOMBRE MUERE, ¿VA ALGUNA PARTE DE ÉL AL CIELO?

Salomón nos dice que la única parte del hombre que 'va al cielo' al morir la persona, o, a reunirse con el Padre, es el aliento de vida que él nos da originalmente. "El espíritu vuelva a Dios que lo dio" (Eclesiastés 12:7).

La Biblia no dice nada acerca de que Abraham se haya ido al cielo. Génesis 25:8 dice: "Fue unido a su pueblo". ¿Dónde estaba su pueblo? En el mismo lugar donde quedó él: en el sepulcro; ciertamente, NO en el cielo. Génesis 35:29 dice lo mismo de Isaac, y Génesis 49:33 dice lo mismo de Jacob. Al igual que David, todos ellos fueron al sepulcro, y David dijo: "Oh Dios [...], volverás a darme vida, Y DE NUEVO ME LEVANTARÁS DE LOS ABISMOS DE LA TIERRA" (Salmos 71:20). Seguramente, si David hubiera pensado que se iba al cielo, habría pedido a Dios que lo bajara, NO QUE LO LEVANTARA.

El profeta Daniel aparentemente no creía que la gente iba al cielo al morir. Él creía que la gente estaba en el sepulcro y dijo: "Muchos de los que DUERMEN en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua" (Daniel 12:2).

El apóstol Pablo no enseñó que la gente tenía un alma inmortal, que se iba al cielo alabando al Padre eternamente. No, él dijo que cuando suene la trompeta al regreso de Cristo, "Es necesario que [...] esto mortal se vista de inmortalidad" (1 Corintios 15:53), mostrando que nadie, hombre o mujer, posee alguna chispa de inmortalidad; en otras palabras, ninguna alma inmortal habita en el cielo.

El apóstol Juan aparentemente tampoco creía que los 'salvos' iban al cielo, porque escribió las siguientes palabras acerca de Jesús: "Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo trajere; y YO LE RESUCITARÉ EN EL DÍA POSTRERO" (Juan 6:44). ¿Por qué diría Jesús que él 'resucitaría' a la gente, si ellos ya estaban en el cielo? Obviamente, él no enseñó que ellos estarían en el cielo, sino más bien en el sepulcro, de donde él los resucitaría.

Uno de los últimos mensajes de esperanza que dejó el Señor Jesús fue: "He aquí yo vengo pronto, y mi galardón [la vida eterna] conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra" (Apocalipsis 22:12). Si una persona está en el cielo disfrutando del galardón de la inmortalidad, ¿de qué serviría la segunda venida del Señor Jesús y la resurrección del cuerpo? La sencilla verdad es que ninguna parte del hombre se va al cielo; él duerme en el sepulcro hasta que sea llamado por el Señor Jesús, como lo hizo cuando resucitó a Lázaro. Lázaro 'dormía' en el sepulcro, no en el cielo (Juan 11:11).


<< La Verdad Bíblica Acerca de...