La Verdad Bíblica Acerca de... El Regreso de Israel

"Haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán" (Jeremías 30:3).

DIOS DA CANAÁN A LOS HIJOS DE ISRAEL

Es una importante verdad que Dios, el Creador, es dueño del universo que él creó (Génesis 1:1; 14:19, 22). Él es dueño de esta tierra y de todo lo que está en ella (Éxodo 19:5). Por lo tanto, la Tierra de Canaán o Palestina, que hoy se conoce como 'el Oriente Medio', pertenece a Dios, no a sus actuales ocupantes, judíos y árabes (Levítico 25:23).

Cuando Dios 'llamó' a Abraham, el Padre del pueblo judío, le prometió a él y a su simiente (o descendientes) toda la tierra de Canaán, desde el río Éufrates hasta el río Nilo (Génesis 12:7; 13:14-17; 15:17-21).

Al sacar a los hijos de Israel de su esclavitud de 200 años en Egipto, Dios prometió entonces, después de deambular 40 años por el desierto por causa del pecado, efectivamente darles la tierra (Deuteronomio 1:7-8, 21; Josué 21:43-45).

El pueblo judío poseyó Canaán de manera continuada desde ese tiempo (alrededor de 1490 a.C.) hasta el cautiverio en Asiria y Babilonia (722 y 597 a.C.). 70 años después, algunos miles de los hijos de Judá y Benjamín regresaron a Jerusalén y a Judá dirigidos por Edras y Nehemías. Se multiplicaron y recuperaron gran parte del antiguo territorio, pero se convirtieron en un Estado vasallo de Persia, luego de Grecia, y finalmente de Roma. En los días de la vida de nuestro Señor Jesucristo, Herodes el Grande, nombrado por Roma, era el Rey de Judea.

POSESIÓN CONDICIONADA A LA OBEDIENCIA

Al prometer Canaán, Dios dijo solemnemente a los hijos de Israel (los judíos) que Canaán le pertenecía a él, y ellos ocupaban la tierra por convenio; una ocupación que duraría sólo mientras permanecieran obedientes a Dios.

Sin embargo, si optaban por apartarse de Dios, su ocupación llegaba a su término y Dios los echaría de la tierra tal como antes había echado de la tierra a los cananeos (Levítico 18:24-30; 25:23; Éxodo 23:20-33; Deuteronomio 28).

MIENTRAS FUERAN OBEDIENTES, TENDRÍAN BENDICIONES

Dios aseguró a Israel que mientras obedecieran a las leyes de Dios, recibirían muchas grandes bendiciones en la tierra (Deuteronomio 28:1-14).

LA DESOBEDIENCIA LES TRAERÍA MALDICIÓN Y EXPULSIÓN

Pero Dios también advirtió a Israel que si se apartaban de él y desobedecían sus leyes, entonces les vendría una gran maldición en la tierra. Y si no se arrepentían después de recibir este castigo, entonces les sobrevendría el desastre final: serían expulsados de la tierra (Deuteronomio 28:15-68). Lamentablemente, los hijos de Israel demostraron ser, en aquel tiempo y ahora, un pueblo "de dura cerviz" o rebelde.

A pesar de muchas advertencias, tanto de su Ley como de la boca de los muchos profetas que Dios les envió, ellos rehusaron oír y obedecer. Finalmente, la magnánima paciencia de Dios se agotó y ejecutó la "vindicación del pacto" que había hecho con la nación (Levítico 26:25). Primeramente, en el 722 A.C. Dios envió al ejército asirio para derrocara a Samaria, la capital del apóstata reino de Israel en el norte, que abarcaba a diez tribus de Israel, y llevó al pueblo en cautiverio a Asiria.

Luego, en el 597 A.C. Dios envió al ejército babilónico para derrocar a Jerusalén, la capital del también apóstata reino de Judá en el sur, que abarcaba las tribus de Judá y Benjamín, y llevar al pueblo en cautiverio a Babilonia.

EL REGRESO DEL PUEBLO JUDÍO A CANAÁN, PROMETIDO POR TANTO TIEMPO.

Aunque Dios desterró a su pueblo de su tierra, él aún los amaba mucho y sufría con el sufrimiento de ellos (Oseas 11:8). Debido a que el pueblo del reino de Israel en el norte se había hecho tan corrupto por la idolatría y malas acciones, no se les dio ninguna promesa de que regresarían. Su pueblo permaneció en dispersión hasta la Era Moderna cuando han estado regresando de todas las naciones.

Sin embargo, al pueblo del reino de Judá en el sur, Dios les dio una promesa de que regresarían después de 70 años; una promesa que Dios cumplió fielmente (Jeremías 25:11; Daniel 9:2; Nehemías 1:9; 7:6). Eso ocurrió alrededor del 527 A.C. Lamentablemente, en el período desde aquel tiempo hasta el ministerio de nuestro Señor Jesucristo y sus apóstoles (años 26-69 de nuestra era), el pueblo judío cayó de nuevo en una adoración falsa y formal.

Rechazaron y crucificaron a nuestro Señor, su Salvador y Mesías, y persiguieron a sus discípulos. A sí que Dios de nuevo derrocó a Jerusalén y su templo, y en año 70 de nuestra era , por medio del ejército romano, dispersó al pueblo. Pero la promesa de los profetas que predecían la restauración del pueblo judío aún estaba vigente (Isaías 54; Jeremías 32:37-44; 33_6-11).

ISRAEL -- UN MILAGRO MODERNO

Desde 1897, a partir del primer Congreso Sionista en Basilea, Suiza, muchos miles del disperso pueblo judío ha regresado y aún está regresando al Estado de Israel, proclamado por Ben Gurion en 1948. ¡Este es un milagro moderno!

¿Y AHORA QUÉ?

"Es tiempo de tener misericordia de ella [de Sión], porque el plazo ha llegado [...]. Por cuanto Jehová habrá edificado a Sión, y en su gloria será visto" (Salmos 102:13-28).


<< La Verdad Bíblica Acerca de...