La Verdad Bíblica Acerca de... El Paraiso

"De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:43).

LA PROMESA DE JESUS AL LADRON EN LA CRUZ

Las personas religiosas, que creen que el galardón prometido por Dios al hombre es ir al cielo en el día de su muerte, se deleitan en citar la promesa que Jesús hizo al ladrón en la cruz, señalada al comienzo de este estudio, como una clara prueba de esa doctrina. Sin embargo, los siguientes datos son fatales para ese punto de vista:

1. El ladrón no pidió ir ese día al cielo con Jesús; lo que él pidió fue: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino" (v. 42). Él pidió que en algún tiempo indeterminado en el futuro cuando Cristo regrese a la tierra a establecer el reino de Dios (primeramente en Jerusalén 'la ciudad del gran Rey', y luego para todas las naciones), que Jesús se acordara de él y fuera misericordioso para con él de manera que pudiera estar en ese reino con Jesús.

2. Jesús concedió la petición del ladrón arrepentido, cuya petición fue inspirada por la enseñanza del Antiguo Testamento, por las enseñanzas del propio Jesús, y por la creencia de la mayoría de los judíos que en aquel tiempo era general. Esta creencia era que vendría el Mesías y restauraría "el reino a Israel" (Hechos 1:6), en conformidad con el pacto hecho con David (2 Samuel 7:4, 16). [Véase el estudio "La Verdad Bíblica Acerca del Reino de Dios"].

3. En aquel día tanto el ladrón como Jesús fueron a su muerte; Jesús, a un sepulcro labrado en la roca, y el ladrón, al Gehenna, el vertedero de basura ubicado en 'el valle del hijo de Hinom'(que es el significado de 'Gehenna) ubicado en las afueras de Jerusalén, donde interminables llamas se mantenían ardiendo para destruir todo lo que se echara ahí. Jesús no fue al cielo hasta unos cuarenta y tres días después (Hechos 1:1-3, 9-11), y el ladrón quedó convertido en ceniza y polvo y está a la espera de la resurrección que se producirá a la venida de Cristo con todas las otras personas responsables de todas las generaciones (Hechos 2:29-36; 1 Corintios 15:20-28).

Así que, en vez de que este versículo enseñe que al morir la gente se va al cielo, en realidad la grande y maravillosa verdad del evangelio--que cuando venga Jesús en su reino, se restaurará el paraíso--y que si las personas se arrepienten de sus pecados y vienen a Cristo, entonces ellos también pueden hacer, a las puertas de su muerte, la petición del ladrón, y recibir la seguridad y el consuelo en la respuesta de Jesús.

ADÁN PERDIÓ EL PRIMER PARAÍSO DEBIDO AL PECADO

A nuestros primeros padres, Adán y Eva, se les dio el primer paraíso en Edén y ese paraíso incluía que ellos tuvieran 'dominio', o que ejercieran autoridad como reyes sobre todas las cosas terrenales (Génesis 1:26-28; 2:8). Ese paraíso de Edén (que significa 'Jardín de Delicias')estaba ubicado en algún lugar entre el actual Israel y el Golfo Pérsico (llamado 'el fértil creciente', y 'la cuna de la civilización) (Génesis 2:10-14).

Pero la condición para su ocupación permanente de Edén, el jardín o paraíso del Señor, era la obediencia a un sencillo mandamiento; la ley de Dios que pondría a prueba su permanente sumisión a su Creador y a su voluntad (Génesis 2:16-17). Eva, engañada por la serpiente, (un animal artero, que hablaba), fue impulsada a no creen en Dios y a la desobediencia de su sencilla ley, y entonces indujo a Adán, su esposo, para que la siguiera, lo cual lamentablemente para él y para todos los demás desde entonces, él hizo (Génesis 3:1-7).

El pecado de Adán trajo condenación de muerte, precedida por frustración, sufrimiento y afanes (Génesis 3:16-19), y su pérdida del jardín de Edén, o PARAÍSO (vs. 22-24).

CRISTO GANÓ EL PARAÍSO FUTURO DEBIDO A LA OBEDIENCIA

Antes de sentenciar a Adán y Eva, Dios prometió un Redentor, por cuyo medio serían vencidos el pecado y la muerte, y así se llevaría a cabo el plan original de Dios. (Génesis 3:16). Ese Redentor es el Señor Jesucristo, la 'simiente de la mujer', "nacido de mujer y nacido bajo la ley" (Gálatas 4:4). Jesús vivió y murió en obediencia a su Padre y venció al pecado por el sacrificio de sí mismo (Hebreos 9:26). Debido a que se hizo "obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo" (Filipenses 2:8-9), y lo hizo Profeta del género humano en el pasado, Sacerdote en el presente, y Rey en el futuro.

Siguiendo su predicho ejemplo de sumisión, Adán y Eva serían perdonados y de nuevo reconciliados para con Dios. La señal externa de su sumisión interna a Dios fue su cobertura con la piel del "Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo [judío]" (Génesis 3:21; Apocalipsis 13:8). El derecho al primer paraíso lo perdió el hombre Adán debido a la rebelión contra Dios, pero el derecho a la restauración del paraíso fue ganado por el sumiso "Hijo del hombre", Jesucristo, a quien ha hecho Dios nuestro Señor, Gobernador o Maestro.

SE NOS OFRECE EL PARAÍSO

Las 'llaves para el [futuro] reino de los cielos' (o el derecho al paraíso futuro que se ha de establecer en esta tierra, procedente del cielo) (Mateo 16:19) las ganó Jesucristo y él se las dio a su apóstol Pedro (Mateo 16:19). Pedro no se quedó con esas 'llaves' ni las conservó para transferirlas a sus pretendidos sucesores, los Papas. Más bien, él usó esas llaves (juntamente con el apóstol Pablo) poco después de que le fueron dadas para abrir la puerta a la vida eterna en el reino o paraíso de Dios, tanto a los judíos como a los gentiles como nosotros (Hechos 3:12-26; 4:8-12; 5:29-32; 10:34-43; 13:16-41). El ofrecimiento de salvación en el PARAISO DE DIOS QUE VIENE, ahora está abierto a todos los hombres con la sola condición de fe o sumisión a Dios.

LAS CONDICIONES PARA ENTRAR EN EL PARAÍSO

Dios fijó la condición para que Adán y Eva permanecieran en el primer paraíso; fue la sumisión a Dios. También Dios ha fijado la condición para entrar en el paraíso futuro; es también la sumisión a Dios. Dios no quiere rebeldes que hagan su voluntad, a su manera, en su reino. El reino venidero es SUYO; él es el Rey Soberano y SU VOLUNTAD se hará en la tierra tal como se hace en el cielo.

La forma en que se debe mostrar la sumisión requerida en el presente no es matar un cordero, derramar su sangre, y cubrirse con su piel. La forma requerida la estableció Jesús en su mandato a sus apóstoles para que evangelizaran al mundo: "El que creyere [en el evangelio] y fuere bautizado, será salvo" (Marcos 16:15-16). ¡Conceda Dios que podamos CREER, SER BAUTIZADOS, Y SER SALVOS!


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