La Verdad Bíblica Acerca de... La Muerte y El Más Alla

"Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio" (Hebreos 9:27).
LA CERTEZA DE LA MUERTE

'Hay dos cosas en la vida que ninguno puede evitar: la muerte y los impuestos'. 'La jornada de la vida de todos siempre termina en el mismo lugar: la muerte'. El primer dicho es bien conocido, mientras que el segundo procede un artículo de la revista Sunday Life, titulado '¿Cuánto es el daño? Los funerales', que da el costo del entierro en contraste con la cremación. Ambos actos señalan una verdad innegable, que el fin de nuestra vida presente es la muerte. Preferiríamos no pensar en un tema tan negativo y deprimente, sino más bien centrarnos en pensar y vivir nuestra vida de manera tan feliz y satisfactoria como sea posible.

Pero seríamos sensatos si dedicamos tanto pensamiento y preparación para el fin de nuestra vida como lo hacemos con su curso presente, y como lo hicieron nuestros padres con el comienzo de ella. Ya sea que nos guste o no, que pensemos y nos preparemos para ella o no, que sepamos acerca del más allá o no, nuestro deceso inevitablemente ocurrirá, y 'no hay exoneración de esa guerra'. En el presente la gente se refiere a nosotros por nuestro nombre; después será por nuestro estado: 'los difuntos'. La Biblia confirma la realidad, la certeza y la finalidad de la muerte (véase Salmos 89:48; Eclesiastés 9:5; Romanos 5:12-21, y 1 Corintios 15:21).

QUE ES LA MUERTE

Sabemos lo que es la vida, pero sin revelación divina no sabemos realmente lo que es la muerte, excepto que es el fin de la vida--la gente que anteriormente respiraba, caminaba, hablaba y sentía, dejaron de hacer todo eso. La personalidad que anteriormente estuvo presente, ya no lo está; hay sólo un silencio de muerte. Ud. puede llamarlos, pero no contestan, hablarles, pero no pueden oír. La muerte es la cesación de la vida.

La 'religión' de las iglesias interviene y trata de consolarnos con palabras falsas y vanas, tales como 'la muerte es el comienzo de la vida'... su alma inmortal vuelve a Dios que la dio para vivir con él para siempre'. La doctrina de la 'inmortalidad del alma' no debería tener lugar en nuestra forma de pensar porque no tiene lugar en la Biblia, la palabra de Dios. Muchas de las iglesias no son confiables. Fue la iglesia judía la que urgió a los romanos a que crucificaran al Señor Jesucristo. Ha sido la así llamada 'Iglesia Cristiana' la que engendró la 'Época del Oscurantismo', mantuvo a la Biblia prohibida para la gente, persiguió y asesinó a aquellos que aman la verdad, cuyo único 'crimen' fue disentir de 'La Iglesia' y enseñar a la gente las verdades de la Biblia. Incitó, sí, e incluso bendijo la mayoría de las terribles guerras que han afligido a la tierra.

¿Qué dice la Biblia acerca del estado de la muerte? Lea la siguiente selección de pasajes bíblicos y podrá contestar esa pregunta por sí mismo. Génesis 3:19; 5:5, 8, 11, 14, 17, 20, 27, 31; Juan 3:16; Romanos 5:12-21; 6:23.

PREPARANDOSE PARA LA MUERTE

La muerte ciertamente no es una amiga, y ciertamente no es un 'comienzo' en el sentido normal. Es un enemigo contra el cual se debe estar preparado, un fin, pero por medio de nuestra obediencia a Dios, PUEDE llegar a ser un comienzo. Sólo al Padre y a Jesucristo, el Hijo de Dios, pertenecen los asuntos de la vida, de la muerte, y del más allá. Jesús prometió: "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre" (Juan 5:24-27). Estas palabras de Jesús nos aseguran claramente que, incluso ahora, mientras esperamos la muerte (o la venida del Señor Jesús), PODEMOS CAMBIAR NUESTRO DESTINO--DE MUERTE A VIDA, SI CUMPLIMOS CON LAS CONDICIONES.

LAS CONDICIONES PARA
OBTENER LA VIDA ETERNA

Podemos cambiar nuestro destino, de la inevitabilidad de la muerte a la certeza de la vida, SI cumplimos con las condiciones de Cristo. ¿Cuáles son? Él da dos. 1. "El que oye mi palabra" y 2. "y cree al que me envió". Estas dos condiciones parecen bastantes simples--que todo lo que tenemos que hacer es LEER LA BIBLIA Y CREER. PERO, muchas personas religiosas leen la Biblia y piensan que creen, cuando todo lo que han hecho es hacer que la Biblia apoye las doctrinas de su iglesia en particular o de su denominación.

Continúan apegados a las doctrinas antibíblicas del alma inmortal, la ida al cielo o al infierno, la Trinidad, el Diablo sobrenatural, etc. Su lectura de la Biblia y su asistencia a la Iglesia no los ha calificado para "oír" la palabra de Cristo de tal manera que crean verdaderamente en "el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien [él ha] enviado" (Juan 17:3), en el único Dios, el Padre, que envió a su Hijo como salvador del mundo en el presente, y en su venida y en el establecimiento del reino en la tierra (véase "Algunas Verdades Acerca de Dios", y la "Verdad Acerca del Reino de Dios).

Para realmente "oír" las palabras de Cristo, debemos escucharlas muy cuidadosamente a ellas, y no a sermones religiosos. La mayoría de los sermones son 'sermones sociales', o 'sermones de texto'. Ni siquiera se aproximan a enseñar y explicar las palabras de Cristo, o a predicar "el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo" (Hechos 8:12). El mayor ingrediente en la comunicación es el mismo que el mayor ingrediente de la fe: ESCUCHAR CUIDADOSA Y ATENTAMENTE. Para "oír" las palabras de Dios y las de Cristo, debemos llegar a ser buenos escuchadores, siempre escudriñando las Escrituras para encontrar la VERDAD, y entonces acercarnos a Dios de la manera establecida (creyendo el evangelio y bautizándose en el nombre salvador de Jesús (Juan 5:39-40; Marcos 16:15-16), para que nos sea dada la vida eterna en la resurrección y juicio a la venida de Cristo.

"Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá", promesas muy reales del Señor Jesús en (Mateo 7:7-8).


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