Resumen del Evangelio del Primer Siglo

El evangelio, tal como lo creen los cristadelfianos, se presenta aquí de una manera ordenada y sistemática, sin que ninguna creencia contradiga a otra. Creemos que así es como debería ser, "pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos". (1 Corintios 14:33)

La PALABRA de Dios, que se halla en la Biblia, es la única fuente de información acerca de nuestra salvación.

Hebreos 11:6; 2 Timoteo 3:15-17; Juan 5:39; Romanos 1:16.

Dios, nuestro Padre Celestial, es el Creador y Sostenedor de todas las cosas.

Hechos 17:27, 28; Génesis 1:1; Isaías 42:5; Mateo 5:16; Mateo 6:9.

Jesucristo es el Hijo de Dios, nuestro Salvador, nuestro Sumo Sacerdote, nuestro futuro Juez y Rey.

Mateo 3:17; Juan 3:16; Hebreos 4:14, 15; Hechos 10:42; 2 Timoteo 4:8; Lucas 1:30-35; Juan 18:37.

El Espíritu Santo es el poder de Dios.

Salmos 104:30; Génesis 1:2; Lucas 1:35.

La tierra y toda vida que en ella hay fueron creadas por Dios.

Desde el principio, Dios tenía un plan y un propósito para con la tierra. Su plan implicaba la forma en que él llevaría a cabo su propósito, el cual es que la tierra ha de ser llena de su gloria, y que los hombres y las mujeres obedientes han de llevar la naturaleza de él, la cual es de inmortalidad.

Isaías 45:18; Números 14:21; Isaías 11:1-9; Habacuc 2:14.

El plan de Dios se activó por medio de la creación de la tierra, lo que fue efectuado por sus ángeles, energizados por el Espíritu Santo. Esta creación demoró seis días. Al final de los seis días de la creación, toda creación fue declarada "buena en gran manera". Dios descansó en el séptimo día.

Génesis 1:1-31; Génesis 2:1-3.

Dios reveló su plan al primer hombre y primera mujer, Adán y Eva, junto con instrucciones que ellos habían de cumplir. Se les prohibió que comieran del "árbol de la ciencia del bien y del mal". Se les dijo que si comían de él, MORIRIAN.

Génesis 1:27-30; Génesis 2:15.

Adán y Eva desobedecieron a Dios, y creyeron la mentira de la serpiente, que dijo: "NO MORIREIS"

Génesis 2:16-17; Génesis 3:1-3.

Descubierta su desobediencia, se les informó de las consecuencias de sus acciones.

Génesis 3:8-13.

A la serpiente se le maldijo, quedando en la forma física que tiene en el presente, y se estableció una enemistad natural y espiritual entre el hombre y la serpiente. Se prometió una futura victoria.

Génesis 3:14-15.

Las mujeres habían de experimentar dolor al dar a luz, y estarían en sujeción a su marido.

Génesis 3:16.

La tierra fue maldecida. Espinas y cardos habían de desfigurar la belleza anterior de la tierra.

Génesis 3:17-18.

El hombre había de ganar el pan con el sudor de su frente. A Adán se le dijo: "Polvo eres, y al polvo volverás". Adán y Eva fueron expulsados del Jardín de Edén, negándoles acceso al Arbol de la Vida.

Génesis 3:19, 22-24.

La sentencia, "polvo eres, y al polvo volverás" dio como resultado que Adán y Eva fueron separados de Dios, y su estado de "bueno en gran manera" fue cambiado a mortal. Esta naturaleza mortal, junto con la tendencia a querer desobedecer a Dios, la han heredado desde entonces todos los descendientes de Adán y Eva.

Job 14:1-4; Salmos 51:5.

De este modo, la raza humana entera está condenada junto con Adán y Eva. Este estado se conoce como la "condenación adánica", y a menos que sea quitada, hará que las personas tarde o temprano mueran y permanezcan en el sepulcro para siempre.

Romanos 5:12, 16-19; Eclesiastés 3:18-22; Romanos 8:1-2.

Dios, en su misericordia, proveyó para Adán y Eva un remedio inmediato, una promesa de salvación permanente, e instrucciones acerca de como adorar debidamente. Una cobertura inmediata para su desnudez (pecado) con piel de animales.

Génesis 3:21.

Incluida en la maldición contra la serpiente estaba la declaración: "Pondré enemistad entre ti [la serpiente] y la mujer, y entre tu simiente [de la serpiente] y la simiente suya [de la mujer]; ésta [la simiente de la mujer] te herirá en la cabeza, y tú [la serpiente] le herirás [a la simiente de la mujer] en el calcañar". Esta promesa se conoce como el "Convenio Edénico", que es la primera parte del "Convenio Eterno".

Génesis 3:14-15.

Instrucciones acerca del principio de "remisión de pecados" por medio del "derramamiento de sangre", el cual es el método para obtener el perdón de los pecados que ellos cometen

Dios reveló a Adán y Eva su Plan y Propósito para con la tierra, y ellos trasmitieron la información a su prole. Uno de sus hijos, Abel, obedeció e hizo la ofrenda conforme a las instrucciones de Dios, pero otro hijo, Caín, ofrendó 'según él estimó conveniente'. La ofrenda de Abel fue aceptada, pero no la de Caín. Por esto aprendemos que uno no puede 'adorar a Dios como a uno le plazca' y complacer a Dios.

Génesis 4:1-14.

Dios reveló su Plan y Propósito para con la tierra a los "pocos fieles", que en las Escrituras se mencionan como "el remanente". Uno de estos fieles era Abram, que después se llamaría Abraham. Dios escogió a Abraham como la única persona por cuyo medio se realizaría su Plan.

Génesis 22:15-18; Salmos 89:34-37; Isaías 51:1-8; Oseas 13:14.

Al revelar su Plan y Propósito a Abraham, Dios le hizo promesas. Abraham recibió también instrucciones para empezar la práctica de la circuncisión. Las promesas hechas a Abraham incluían:

Abraham llegaría a ser el padre de muchas naciones.

Génesis 12:2; 13:16; 17:4.

Abraham sería una bendición para todas las naciones.

Génesis 12:3; Gálatas 3:8.

Abraham y sus descendientes heredarían la tierra de promesas (que abarcaba toda la tierra) como una posesión perpetua. Esto significa que ellos, necesariamente, recibirían la vida eterna.

Génesis 13:14, 15; Génesis 17:8.

Por medio del descendiente de Abraham, Jesucristo, sería bendecida toda la tierra.

Génesis 22:18; Hechos 3:25; Gálatas 3:16.

Estas promesas hechas a Abraham se conocen como las "Promesas Abrahámicas", y junto con el "Pacto Edénico" forman el "Pacto Eterno". Dios repitió algunas de las promesas hechas a Abraham a:

Isaac, hijo de Abraham.

Génesis 26:3-5.

Jacob, hijo de Isaac, a quien se le conoció como Israel. Los descendientes de los 12 hijos de Jacob (Israel) son las 12 tribus que forman la nación de Israel.

Génesis 35:9-10; Génesis 35:22-26.

David, Rey de Israel. Estas promesas hechas a David se conocen como las "Misericordias Firmes a David".

2 Samuel 7:12-16.

En toda la historia de la nación de Israel, los profetas de Dios hablaron y escribieron acerca del reino que había de venir en cumplimiento del "Pacto Eterno". Este convenio se conoce también como el "Pacto hecho con los Padres". Estas profecías predijeron:

Un Mesías, o Libertador. Un Salvador para la Simiente de Abraham.

Daniel 9:25-26; Isaías 59:20; Romanos 11:26.

Un Rey que gobernará a la Liberada Simiente de Abraham.

Isaías 51:3; Amós 9:11, 15; Lucas 1:30-35.

Un reino, con una ciudad capital, y límites territoriales.

Daniel 2:44; Apocalipsis 11:15; Miqueas 4:1-2.

Súbditos del reino: Líderes inmortales formados de los fieles en el transcurso de los siglos, y súbditos mortales que se someten al gobierno de ese reino.

Juan 17:3; Romanos 2:7; Marcos 16:15-16.

Después de salir de la esclavitud de Egipto, la nación de Israel recibió la Ley de Moisés de parte de Dios. Esta ley cubría detalles acerca de como ofrendar sacrificios de animales a Dios, de la manera prescrita. El propósito de las ordenanzas y sacrificios era enseñar a los israelitas acerca del sacrificio de su esperado Mesías. Su Mesías había de estar sujeto al "Convenio Eterno".

Levítico, capítulos 1-10; Hebreos 9:1-7; 10:1-4.

Cuando se cumplió el tiempo, en el Plan de Dios, Dios envió a su Hijo, Jesús, nacido de mujer, la Virgen María, lo que se efectuó conforme a la Ley de Moisés.

Gálatas 4:4; Lucas 1:30-31.

A la edad de ocho días, Jesús fue circuncidado, tal como lo requería la Ley de Moisés a todos los varones nacidos en Israel. También, como lo requería la Ley de Moisés a todas las madres que daban a luz, su madre, María, pasó por los ritos de la purificación.

Levítico 12:1-4; Lucas 2:21-22.

La vida pública de Jesús empezó a la edad de treinta años, cuando lo bautizó Juan el Bautista. El bautismo de Jesús era necesario a fin de "cumplir toda justicia".

Mateo 3:13-15; Lucas 3:23.

Después del bautismo de Jesús, el Espíritu Santo vino sobre él y se le reconoció públicamente como el "Hijo de Dios", y que Dios estaba muy complacido con sus acciones.

Mateo 3:16-17; Salmos 2:7.

El ministerio de Jesús duró como 3,5 años. Él seleccionó a sus doce discípulos, y predicó "el evangelio del reino" por toda la región de Judea.

Mateo 4:17, 23; Marcos 1:14: Lucas 6:13-16; Juan 2:11; 6:14; 21:25.

Jesús fue traicionado por Judas, acusado de blasfemia por los líderes judíos, y recibió muerte por crucifixión.

Mateo 26:14-16, 45-49, 63:65; Juan 19:15-18.

La muerte de Jesús por crucifixión fue el cumplimiento del "Convenio Edénico", que era parte del "Convenio Eterno", según fue predicho por la Ley de Moisés, y en cumplimiento del principio de remisión de pecados por medio del derramamiento de sangre. Jesús fue el "Cordero de Dios, que fue inmolado desde el principio del mundo". El rechazo a Jesús y su crucifixión ocurrió en conformidad con el Plan de Dios, y no en oposición a él.

Mateo 5:17; Hebreos 10:1-10; Juan 1:29; Apocalipsis 13:8; Gálatas 3:21-25; Génesis 3:15; Romanos 15:8.

Jesús fue sepultado y tres días después resucitó de entre los muertos.

Marcos 15:43-47.

Después de su resurrección, Jesús pasó 40 días con sus discípulos, y después ascendió al cielo para estar a la diestra de Dios. Jesús está ahora en el cielo, obrando como Sumo Sacerdote sobre la Casa de Fe.

Hechos 1:9; Colosenses 3:1; Hebreos 4:14-15; 1 Timoteo 2:5; Hebreos 8:1.

Así como se cumplió el tiempo en que nacería Jesús, cuando llegue el "tiempo designado" en el Plan de Dios, Jesús regresará a la tierra.

Hechos 1:11; 3:19-21; Hebreos 9:28; Mateo 24:30-31.

Siete días después de la ascensión de Jesús al cielo, en el día de Pentecostés, se inició la dispensación cristiana con el otorgamiento de los dones y poderes del Espíritu Santo a los seguidores de Jesús.

Hechos 2:1-47.

Desde el día de Pentecostés, los métodos requeridos de adoración a Dios son diferentes a los métodos que regían durante la dispensación de la Ley de Moisés. Los sacrificios que se nos manda ofrecer no son sacrificios de animales, sino que es nuestro "culto racional" a Dios (Romanos 12:1). Realizamos este "culto razonable" después de que hemos cumplido con los requerimientos de Dios para empezar ese servicio (Romanos 2:11). Estos requerimientos son:

Una persona debe estar consciente de su estado condenado y perdido, y de su necesidad de salvación.

Hechos 2:37; Efesios 2:12.

Una persona debe DESEAR la salvación que se le ofrece.

Hechos 2:37, 41; 2 Pedro 3:9.

Una persona debe OIR, CREER, y ENTENDER el "Pacto Eterno", el evangelio del reino de Dios, y darse cuenta de que la salvación se ofrece sólo por medio de este convenio y evangelio.

Una persona debe OBEDECER los mandamientos del evangelio; ARREPENTIRSE y BAUTIZARSE.

Hechos 8:12; Romanos 6:3-18; Gálatas 3:26-29.

Después del bautismo, correr con paciencia la carrera que tenemos por delante.

Hebreos 5:8-9; Hechos 2:42; Gálatas 6:7-8; Hebreos 12:1; 2 Pedro 3:15; 2 Timoteo 4:7-8.

El bautismo representa una "muerte", entierro, y resurrección" espirituales (Romanos 6:3-5; Colosenses 2:12). Este bautismo es una inmersión en el agua (Hechos 8:35-39). Cuando una persona se ha bautizado en Cristo, entonces está "en Cristo", pactada bajo el "Convenio Eterno", y es heredera de las promesas hechas a Abraham, las cuales serán cumplidas por Cristo.

Gálatas 3:16, 26-29.

Cuando nos bautizamos en Cristo, somos una "nueva criatura" (2 Corintios 5:17), ya no más bajo la "Condenación Adánica", sino que hemos recibido "justificación" de ella por medio de Cristo (Romanos 8:1, 2). Como una "nueva criatura", empezamos nuestra "carrera" por la vida eterna (Hebreos 12:1). Nuestro comportamiento durante la carrera por la vida eterna determinará el éxito o fracaso de la carrera, y si obtendremos o no la vida eterna (Romanos 2:5-10). Durante nuestra carrera por la vida eterna, Dios requiere de nosotros:

Continuar estudiando para:

Aumentar nuestro conocimiento, entendimiento y aprecio del Plan y Propósito de Dios para con la tierra.

1 Timoteo 2:15; 3:16-17; 1 Tesalonicenses 5:21; Juan 5:39; Hechos 17:11.

Aumentar nuestra fe mediante el estudio de la profecía cumplida.

Juan 14:29

Estar atento a las señales de los tiempos por medio del estudio de la profecía.

Mateo 16:1-3.

Crecer de "niños recién nacidos que se alimentan de la leche de la palabra" a "adultos desarrollados que consumen carne de la palabra".

1 Pedro 2:2; Hebreos 5:12-14.

Asistir y tomar parte activa en las reuniones habituales de la congregación local.

Hebreos 10:24-25.

Participar del pan y vino recordatorios en memoria de la muerte de Jesús, cuando nos reunimos en el primer día de la semana (domingo).

Juan 6:53-58; Mateo 26:26-28; 1 Corintios 11:23-29.

Animarnos unos a otros en la congregación a mantener "la fe que ha sido una vez dada a los santos".

Judas 3, 20.

No adecuarnos al mundo, abstenernos de toda apariencia de mal.

Romanos 12:2; 1 Tesalonicenses 5:22; Juan 17:15.

Durante nuestra carrera por la vida eterna, hemos de hacer todo lo que esté de nuestra parte para ser obedientes a la voluntad de Dios, con la capacidad que nos ha dado Dios.

Miqueas 6:8; Filipenses 2:1-3; Colosenses 3:16; Romanos 12:3.

Nos damos cuenta de que nuestras acciones a menudo no alcanzan a cumplir lo que se requiere de nosotros. En tales ocasiones podemos obtener perdón de nuestras deficiencias y debilidades por medio de Jesús, nuestro Sumo Sacerdote. Para obtener semejante perdón, debemos pedir de la manera adecuada, con verdadero arrepentimiento.

Hebreos 2:17-18; 4:14-16; 5:8-9; 1 Juan 1:9.

Cuando muere una persona "en Cristo", se considera que esa persona está "dormida en Jesús", a la espera de la resurrección cuando vuelva Jesús.

1 Tesalonicenses 4:13-18; Romanos 6:1-5.

Al regreso de Cristo, ocurrirán los siguientes acontecimientos:

Aquellos que "duermen de Jesús", resucitarán.

1 Tesalonicenses 4:14-16; Juan 5:28.

Aquellos que están vivos "en Cristo" serán congregados desde cualquier parte del mundo.

1 Tesalonicenses 4:17; Mateo 24:30-31; Mateo 24:40-42.

Los resucitados y los congregados se presentarán ante el Tribunal de Cristo para ser juzgados conforme a sus acciones.

2 Corintios 5:10; Romanos 2:5-6.

Los que sean considerados justos, serán recompensados con la inmortalidad, la vida eterna en el reino de Cristo.

Romanos 2:7, 10; 1 Corintios 15:50-57; 2 Timoteo 4:7-8.

Los que sean considerados injustos, serán castigados con la "segunda muerte", "pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor".

Romanos 2:8-9, 11; 2 Tesalonicenses 1:8-9; Salmos 37:9-10.

Cristo establecerá su reino, teniendo a Jerusalén como la ciudad capital.

2 Samuel 7:12-17; Zacarías 1:17.

El gobierno de Cristo empezará en Israel y se extenderá para incluir a toda la tierra.

Daniel 2:44; 7:27; Apocalipsis 11:15.

La nación de Israel aceptará a Cristo como su tan esperado Mesías, Salvador, y Rey.

Zacarías 12:10; Zacarías 8:22.

Entonces Cristo anunciará que él no sólo es el único "rey de los judíos", sino también "rey de toda la tierra", y exigirá que las naciones se sometan a su gobierno. Esta es la primera proclamación del evangelio del reino.

Apocalipsis 14:6-7.

Muchos pondrán resistencia al gobierno de Cristo. Algunos de los que pongan resistencia pensarán que Cristo es el "Anticristo" que ellos buscan. Las naciones que pongan resistencia serán subyugados por Cristo y sus santos inmortalizados. Cristo y los santos enseñarán y gobernarán a los sobrevivientes. Este gobierno durará 1000 años.

Zacarías 14:1-21; Isaías 66:22-24; Apocalipsis 20:4.

Durante el reinado de mil años de Cristo y sus santos, todos los enemigos de Cristo habrán sido destruidos, el último de los cuales es la MUERTE. Entonces la tierra "será llena de la gloria de Jehová", como era el propósito de Dios. Entonces Cristo entregará el reino Dios y Dios será "todo en todos".

1 Corintios 15:24-26; Números 14:21.

La Biblia no enseña, y por lo tanto nosotros rechazamos, las siguientes creencias que se aceptan popularmente:

Rechazamos la falsa doctrina de la Trinidad, y la creencia de que Dios, Jesús, y el Espíritu Santo son el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo, que los tres son coiguales, coeternos. También rechazamos la creencia de que los tres son uno.

Deuteronomio 6:4; Marcos 12:29; 1 Corintios 8:6; Efesios 4:6; Juan 17:3.

Rechazamos la creencia de que una persona tiene una "alma inmortal", la cual continúa viviendo después de que el cuerpo de la persona muere:

1 Corintios 15:47; Eclesiastés 3:18-21; 8:10; Isaías 40:6.

Rechazamos la creencia de que el alma de una persona buena va al cielo (la morada de Dios). Las Escrituras nunca prometen el cielo a nadie, ni al morir ni después del juicio.

Mateo 5:5; Salmos 37:9, 11, 22, 29; Salmos 115:16.

Rechazamos la creencia de que el alma de una persona inicua va a un "infierno de llamas" para su castigo. Las Escrituras nunca prometen castigo eterno a nadie, ni al morir ni después del juicio.

Génesis 37:35; Job 14:13; Salmos 49:14; Eclesiastés 9:10; Isaías 66:22-24; 2 Tesalonicenses 1:7-9.

Rechazamos que el "Diablo" y "Satanás", que se menciona en la Biblia, sea una persona o ángel caído.

1 Timoteo 3:11; Tito 2:3.

Rechazamos la creencia de que los dones del poder del Espíritu Santo se hallan en el presente disponibles para nosotros, tal como lo estuvieron durante el primer siglo, cuando se estaban produciendo los acontecimientos que están consignados en el Nuevo testamento.

1 Corintios 12:27-31; 1 Corintios 13:8, 13.

Rechazamos la creencia de que el cuerpo de Cristo (su iglesia) sea el reino "espiritual" que predicaron Jesús y los apóstoles, y que predijeron los profetas.

2 Samuel 7:12-16; Lucas 1:30-33; Ezequiel 37:15-28.

(Ponga especial atención a la frase de Ezequiel 37:25, que dice: "en la cual habitaron vuestros padres". Semejante "reino espiritual" no existía en aquellos días. Se refiere a un reino físico, no a uno espiritual).