EL COMPAÑERO - PREFACIO

La salvación depende de la asimilación de la mente a las ideas, principios, y preferencias divinas que se encuentran en las Escrituras. Este proceso comienza con la creencia en el evangelio, pero de ninguna manera se limita a eso; requiere toda una vida para su desarrollo, y una diligencia infatigable para llevarlo a cabo. La mente está, por naturaleza, alejada de Dios y de sus ideas (Romanos 8:7; 1 Corintios 2:14), y no puede de inmediato llegar a lograr la semejanza divina. Esta es una obra de lento desarrollo, y sólo puede lograrse por medio de la diligente aplicación de la persona al medio que Dios ha dado para ese propósito, a saber, la expresión de su mente en las Escrituras de la verdad. La disposición espiritual, o un estado de ánimo en conformidad con la mente del Espíritu según se muestra en las Escrituras, sólo puede crecer dentro del ser humano por medio de una comunión diaria con esa mente que se revela ahí. Alejada de esto, la mente volverá a su vacío original. Entonces, el consejo infalible a todo hombre y mujer que se interesen en su salvación es: LEA LAS ESCRITURAS DIARIAMENTE. Es sólo en proporción a cómo se hace esto, que puede

esperarse el éxito. El hombre que siembra escasamente a este respecto, también cosechará escasamente. Una abundante fecundación espiritual sólo puede lograrse en conexión con las fecundantes influencias del Espíritu en la palabra de Dios. 

Para ayudar a los lectores de la Biblia a que lleven a cabo convenientemente la sugerencia de las observaciones precedentes, se colocan en sus manos las siguientes tablas, bajo cuya guía sus lecturas diarias serán metódicas y edificantes. Una lectura indiscriminada y casual de la Biblia es improductiva y pronto deja de ser interesante; una lectura continua desde Génesis en adelante es también poco conveniente. La experiencia ha demostrado que leer un poco cada día de diversas partes de la palabra de Dios es factible, atractivo, y provechoso. Las tablas que van a continuación se han organizado según este plan, dando al lector tres porciones por día, lo cual requerirá sólo un cuarto de hora, o veinte minutos, de lectura. Y le permitirá en el transcurso de un año recorrer toda la Biblia, leyendo el Nuevo Testamento dos veces, y el Antiguo Testamento una vez, todo en doce meses. Mediante un fiel apego a este plan, año tras año, el lector obtendrá mucho beneficio y descubrirá que irá perdiendo gradualmente la insipidez de la mente natural, y adquirirá el cálido y el exaltado tono de la enseñanza del Espíritu, lo cual lo hace apto para la herencia de los santos en la luz.

Robert Roberts

 

NOTA: Se entiende siempre que los capítulos que se hallan entre dos cifras están incluidos en la lectura. Por ejemplo: 23 de enero, Salmos 41-23 significa capítulos 41, 42, y 43; y así en todo los casos.

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